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viernes, 15 de febrero de 2013

Negro en azul

    «A febrero se lo esta llevando la chingada junto conmigo». Esa fue la frase que estaba ubicada como la primera de mi lunes anterior, esa frase que sabes de antemano va a significar el opening del rumbo que tomará la semana y el topic en cuestión, así como sus respectivos feelings. Quiero suponer y querer afirmar que fue similar a lo de Séneca cuando citó el Aurea memediocritas, pero claramente, hablando sobre el equilibrio y la oposición a las posiciones extremas. Sería de gran ayuda voltear hacia la ventana de mi recámara y encontrar un memorandum en el que se apoyen mis palabras y poder seguir en una posición de saber en realidad qué es lo que estoy diciendo. La media noche esta empezando y con ella me dejo entrar en este especie de traslado refinado entre el sueño y lo que tendré que soñar de nuevo, porque está ahí, presente entre todos esos momentos de debilidad que tanto me sorprenden, nutriéndose bocado a bocado de cada mínimo malestar y duda personal, como la solitaria carroñera que carcome sin darnos un malestar trágico. 
    Miles entra lentamente a la habitación, mirándome de frente con ese agudo llanto de trompeta que abarca y ocupa el espacio en cuestión, dándome un saludo a mí y la media noche, que, en estos momentos, ha tomado la pieza como suya, sentándose a pierna suelta entre el montón de utensilios y cosas que hay en la habitación: botellas vacías (Carpe diem), las botas sucias y pilas y pilas de libros y papeles sueltos que flotan y cubren el espacio en una alfombra literata. Considero que la luz que despide la lampara de buró daría un toque más nostálgico si fuera una bombilla de 60 watts la que la encendiera, todo sería más práctico y más acogedor en esta escena de tristes locos en la que el aire nocturno, el humo azulado del tabaco rubio barato y el eco de los susurros fulminarían como uno de esos momentos en los que el ente durmiente pierde el sentido y siente que se le sube el muerto, el muerto Miles, el muerto Julito o el no-muerto Jean Paul Belmondo en su papel de Ferdinand Griffon alias Pierrot, Pierrot le fou. «Salud, che», alcanzaría a escucharse entre los viajes del negro Miles mientras yo me preparo para uno más de los discursos que empiezan con una apuesta del sonido humano más arcaico hasta saber si es él mi doppelgänger o él es mi doppelgänger o yo puedo llegar a ser el doppelgänger del cojo que vende droga en mi calle. Todo y nada serían lo mejor, un silencio bajo los silencios de la trompeta y un vaivén de difusos manoteos en el centro de la pieza traerían el sabor del café colombiano que nunca he degustado o el mate barato que alguna vez probé, siendo sermoneado (una vez más) por el montón de argentinos que se cuelan por mi ventana y aparecen uno a uno como exiliados en un instante en el que mi perro se estresa de tanto desconocido y mi risa comienza a parecerse al canto de Edith Piaf. «C'est toi pour moi. moi pour toi dans la vie», y quién sabe, Exitus Acta Probat, antes lo sabía sin siquiera tener que pestañear un poquito, ahora, ahora me encuentro cabalgando entre un montón de palabras que tuve que vomitar en los momentos menos oportunos, siempre explotando entre los humos de alegría y los terribles malestares y conciencias reales que conocía y vivía a flor de piel, como el fanático religioso deseoso de pagar con dolor esa pena tan grande que era la culpa misma. «Des nuits d'amour a ne plus en finir, un grand bonheur qui prend sa place des enuis des chagrins...», habría que preguntarle a los chicos qué era lo que ellos pensaban, sabiendo de antemano que todos estarían en total desacuerdo el uno con el otro y que, en el proceso de las cañas, los tequilas y los fasos, los tabacos, los putos cigarrillos, encontraría por mandarlos todos al carajo para proseguir con esa pose de mujer dolida que ama a su hombre. «...des phases heureux, heureux a en mourir», dolor, dolor divino de saberte así: maravillosa y atormentada, única y desperdiciada, oh mujer, ¿por qué tenemos que pasar por los puentes más elevados de la noche oscura? Ven y baja por mí, ya voy, subiré por ti hasta el último peldaño, caricia, caricia, golpe, escupitajo. «Quand il me prend dans ses bras il me parle tout bas», maldita, maldita y desgraciada, ¿qué no ves que estoy aquí (acá, che, decí acá que me incomoda)? Miles toma a su amiga y dice «Shhh/Peaceful», mirada de chingas a tu madre. Saldría a ver la luna en este jodido día después de San Valentín, ver la luna, saber que estás dormida y que quién sabe porque no puedo dormir, sabiendo que la calma es necesaria e Ipso facto no debería estar ahí, a orillas de la terraza entre el ruido de los mosquitos que se acercan a la luz y el viento de febrero que llega y se va y no sabe, como yo, qué es lo que debe de hacer. Ju-li-to, Ju-li-to, antes me hablabas para aconsejarme, ahora sólo vienes a empedarte junto a ese negro y el montón de compatriotas que se vienen para acá, carajo, Todo el tiempo tuve miedo de este momento, todo el tiempo he pensado que esto sería el declive fantástico que escribí montones de veces entre clases y que, sí, lentamente llegaría el mo-men-to, mo-men-to de vi-vir-lo, a-sí, de es-ta ma-ne-ra, tur-bia (calamidad angelical), so-ña-do-ra. Güey, me cago en el nahuatl, en los putos indigenistas que todo quieren sacar de su pinche diálecto, carajo dos veces. Güey, what's wrong with the indian, nothing, just don't blame all the fuckin' time about them, dejalos descansar y no los culpes de tus males, déjalos, che, déjalos y vení pronto a decirme qué es lo que tengo qué hacer. Memento mori.
    «Sabes qué hacer, sabes cómo encontrarlo, sabes que la espalda está ahora descansando en la cama y que deberías de dejar de darle tantas vueltas al asunto. Puedes venir, fumar un cigarrillo junto a nosotros que siempre estamos aquí, por ti, por la puerta abierta que siempre nos tienes y por esa fama tuya de conseguir buena yerba, pero estamos contigo». Ajá, algo así no es tan jodido, pero bueno. «Primum non nocere, pibe, vos sabés que es lo que sigue», y sí así después de verlo todo y escuchar la «Silent way/It's about that time» en vivo, me doy cuenta de que es hora de dejarlo así, terminar ese sueño y seguir con el que sigue, el que soñaré de nuevo y analizar, como siempre, Vita via est y el sueño es, entre todo este revoltijo de palabras, hojas revueltas del mismo libro.
   

jueves, 31 de enero de 2013

Para mi un café expreso IV

    ¿Qué es lo que estoy esperando? Ayer encontré un pequeño gato blanco frente al barrio irlandés de la ciudad como uno de esos estúpidos detalles en los que se fija la gente, era blanco y su mirada parecía más fría y ambiciosa de lo que debería (al menos, tenía más porte que otras miradas que conozco), una mirada segura de haber encontrado su objetivo intemporal (¿o antemporal?) entre la tercera y cuarta vida (después de haber aprendido un poco, quiero creer, ¿verdad Roberto?). Esperaba sigilosamente sin dejarse perder por el entorno citadino del que ya tanto vivía, el momento no era exacto pero el lo sería, en el acto, rápido y certero, tanto que las vecinas pecosas lo recordaría como el cadillito animal de la manzana. ¿Qué es lo que estoy esperando? Ayer esperaba la frondosidad de mi cama y el proceso detrás de todo ello: entrar en mi pieza, abrazar a mi perro, encender la lampara de mesa, desnudarme y vomitar una a una cada mierda que rocogí en el entorno de esta metrópoli. Pero ahora ya no sé que sigue. ¿Balzac, Arlt?

martes, 15 de enero de 2013

Al ver verás

    Entre las cientos de calles que se encuentran en esta pequeña, pero incomparable ciudad, los pasos que se ha tragado el suelo han sido siempre el motor indiscutible de querer encontrar ese algo que Germán sabía que existía y que, como Sabines opinaba de los amorosos, buscaba pero nunca había encontrado. Había caminado a pasos lentos y rápidos entre las edades de la pubertad y la, ahora, presente juventud en una búsqueda de lo romántico en los pequeños y valiosos detalles que encierra el tiempo, el polvo y la vida moderna y ajetreada de la nueva población regiomontana. Su última resistencia a la muerte lo había mantenido siempre al borde, siempre pensando que lo más normal contiene una doble utilidad a pesar de lo que dice toda lógica.

       Existe un lugar, como en varios sitios del planeta en donde las cosas se ven diferentes, un punto en la ciudad de la que menos se puede sospechar y un solo hombre estaba destinado a encontrar. El hombre aún no conoce la historia, más sin embargo, sabe que el mundo es demasiado basto como para sólo contener lo que todos vemos.

    Pasaban quince minutos después de la salida de su empleo cuando Germán optó por tomar la calle de Padre Mier para aprovechar el tiempo en una larga caminata. Su mente se alojaba en recrear momentos de prolijidad literaria en un mundo en el que la banalidad del entorno es la rutina y el confort, mientras, en sus pasos, se alojaba el destino de un encuentro misterioso ante una de las situaciones más excéntricas y misteriosas entre la humanidad y el secreto de la tierra. El invierno comenzaba ese mismo día y, como con la mayoría de frentes fríos que pisaba la ciudad, el viento helado del norte se adueñaba de las hojas con tanto desdén que Germán pensaba que todo se debía a que «Dios quiere ser el viento y así ya no podría sentir más frío». Así se iban sus tardes, así se iba su vida en aquella triste calle del centro de Monterrey.

    Entre los silencios que el hombre guardaba y la ola de discretos sonidos que ambientan y se disuelven por esa lúgubre zona, Germán encontró la frase que se marcaría como la llave, la clave encriptada entre versos y un poético berrinche meramente humano, un despliegue ante todo ese arranque de catarsis que había desarrollado a lo largo de la vida: «Quiero ver todo, todo hasta la muerte...ver que vivimos para ser felices». De pronto, un crujir se adueñó de todo el entorno que ocupaba a Germán, un sonido extraño que enmarañaba, de menos a más, el oído del hombre. Era la ventana, la abertura que estaba frente a él, mientras, lo demás, era lo inexistente, lo contrario al suceso que ahora se volvía el centro de todo.



Ven a verme, 
al ver verás 

yo por allí
tengo una sombrilla 
corrí por las ciudades 
me cansó la codicia 
solo tengo una vida 



    Había una serie de palabras entre todo aquel montón de chasquidos entre dedos que no se veían, llantos que se apoderaban del fondo sonoro y toda esa revoltura de colores opacos que salía y surgían del enfoque que Germán percibía.



Por mi ventana, 
de al ver verás 
brilla un rayo al amanecer 
las horas ya no pasan 
las heridas se han ido 
todo dura un instante 
todo dura un instante

para toda la vida



    El espacio de la escena pasaba en un pequeño lapso de tiempo en donde, en otras zonas, sucedían dos choques en menos de 3 km a la redonda y dos parejas tenían sexo como los meros animales que eran. Germán existía, allí, entre una ventana misteriosa que, sin más que agregar, era el símbolo de lo que, pocos, pueden detallar su fin.  Entre todo ese arrebato del alma y el despliegue ocular que se traspasaba hasta sus pupilas, Germán entró en un juego de ideas y palabras que se formaban bajo los impulsos fortuitos de un trance y su clímax:



“Sé que estoy vivo, 
que vuelo en reposo 
bebiendo la linfa, 
de la soledad 
mientras el mundo, 
todo se va hundiendo”



    Había comenzado un discurso entre la forma y el formulado. La ventana era el acto esperado mientras Germán succionaba espasmos y exhalaba con brusquedad animal.





Y al observar toda la locura 
la sociedad o lo que ya se fue 
entiendo que tu amor 
transpone todo refugio 
quema todo y sin armas



    La canción seguía, hablaba por sí sola. Sonaba y descubría sus secretos para un pequeño y mestizo hombre del mundo occidental. La voz resonaba hasta en la última célula de Germán. Un fluido era decir una mínima parte, un centenar sería apenas acercarse. Apenas pasaba el grotesco retorcer del llanto cuando Germán respondía:



“Quiero ver todo, 
todo hasta la muerte 
ver que vivimos 
para ser felices“



    El hecho de querer descubrir qué era lo que Germán quería era, por ahora, un buen indicio y la ventana, el ente o lo que fuese, estaba logrando que el hombre quisiera adentrarse sin importar nada más.



Ven a verme y al ver verás 
yo con mi cuerpo te cubriré 
no importa que abandones 
lo que ya no resulta



    Poco, poco se podía ver de Germán y tanto se podría especular. Se esmeraba en responder toda esa lluvia de mensajes y choques místicos cuando, de pronto, la ventana se volvía a adelantar con su canto:



todo dura un instante 
es mejor ser el viento 
todo dura un instante 
para toda la vida



    Esto es el centro del todo, Germán lo sabía y sabía que era su destino seguir en esa entrada de lo incierto, en ese desalojo atípico del ser y lo que éste sugiere:



“Una calle despejada, 
donde ya no queda nada, 
donde volverá solo la lluvia”



        Germán,  entre cada búsqueda, estaba siendo víctima de sus propios deseos al lograr encontrar una especie de efecto placebo a la necesidad de querer saber de algo más allá, una prueba de que la vida significa más que responsabilidades y rutinas de jornada. 



“La noche escapa 
sin saber porque”



    «Un insólito abismo que testea los cuerpos que tan solo habitan lo que fue». Existe un lugar, como en varios sitios del planeta en donde las cosas se ven diferentes, un punto en la ciudad de la que menos se puede sospechar y un solo hombre había descubierto.



“Y doy mil vueltas, 
por los hilos de un cordón 
mientras el mundo 
gira en el Edén” 





    El hombre nunca conocerá la historia, más sin embargo, sabe que el mundo es demasiado basto como para sólo contener lo que todos vemos y creemos entender.



“Toda mi vida, 
resbala en seis cuerdas 
sube y se tira, 
de nuevo hacia arriba” 



    Poco y mucho se puede decir de lo que significa Germán y de quién es este individuo. ¿Y La ventana?



Quiero que sepas 
que escondo en mi adentro 
cuerpos iguales



    Dentro del recorrido de los flujos multicolor, las caricias que el cuerpo brinda al entorno y las desgarradoras lágrimas que comete el atardecer ancestral del acto, la ventana parece ser la víctima que sustituye al victimario, el triste cantor del sueño imposible que ahora toma el trono y brilla como la sorpresa que pronto aniquilará.



“Te quito de todo, 
lo horrible de este mundo”



    La noche da comienzo bajo el negro infernal en un tono azul casi morado. La hija de la lágrima resbala en la escena del fin del acto. Germán anuncia sus últimas palabras:



“Siento que me llaman, 
sin sonido”



    Un crujir se adueñó de todo el entorno que ocupaba a Germán y a la luz, un sonido extraño que enmarañaba, de más a menos, el oído del viento. Era la ventana, la abertura que estaba frente al suceso, mientras, lo demás, era lo inexistente, lo contrario al suceso que ahora se volvía el centro de la nada.



no pensé en ningún lugar

no pensé en ningún lugar










Nota: Los fragmentos entre comillas y los que están centrados forman parte de ciertas canciones del disco "Tester de Violencia" de Luis Alberto Spinetta.


   

lunes, 10 de diciembre de 2012

El cajón de la ropa interior

   Angie siempre cierra el cajón antes de que llegue a acercarme, Lo hace con disimulo, mientras me sonríe y/o guiñe un ojo con una seducción tímida pero serena, certera. Sabe que me inquieta una curiosidad nata de ver qué es lo que se encuentra en ese cajón, debajo de su ropa interior, aquello que tantas veces he visto que mueve, observa y vuelve a guardar con recelo, dibujando en su rostro esa inocencia de puberta que aún lleva por dentro. 
    Desde los días de nuestro noviazgo en donde apenas nos aventurábamos a tener sexo en su recámara, recuerdo que todo detalle especial que ella llegaba a compartir conmigo, en mayoría, salía debajo del cajón de su ropa interior. Los movimientos con que ella actuaba aún siguen siendo los mismos, y eso, es una de las cosas que Angie ha mantenido tan presente desde entonces y una de las formas en las que más me seduce, cosa que no creo que sepa del todo. 
    Conozco, a paso exacto, todo el proceso que ella iba efectuando desde nuestra estancia hasta el cajón aquel, con cada movimiento a detalle y el efecto correspondiente que causaba en mi: primero, comenzaba con una serie de pasos cortos a través de la recámara, pasos muy refinados que parecían ser plasmados a pincel, cada uno siempre acompañado de un ligero balanceo de cadera casi imperceptible, mientras, su cabello, se esmeraba en adentrarse en un vaivén místico y tan suyo, haciendo de su peculiar caminar una danza de cortejo basado en su instinto y la irrealidad que viajaba desde su corazón hasta mis exaltadas pupilas. Entonces llegaba, girando su rostro a reacción hacia mi ubicación, siendo esto el clímax del acto en el que mi sangre se hervía y, bajo mis pantalones, estallaba el sufrimiento de esa dolorosa erección que ella ni siquiera imaginaba y la cual, yo tanto deseaba. Para estos momentos Angie ya había abierto el cajón, lo adornaba con stickers de una de sus amigas diseñadoras, la lesbiana del cabello largo y negro que, cada que podía, me lanzaba miradas de desprecio y desacuerdo homosexual. 
    Tras tener en sus manos el secreto a mostrar, Angie proseguía a mover sus labios hasta formar una sonrisa inocente y casi perversa y, entonces, cerraba el cajón con sus nalgas para, después, dirigirse hacia mi con una mirada baja y un semblante de rubor en sus mejillas. Cada que llegaba hasta la cama o el sillón en donde yo me regocijaba por el acto, me daba aquello que me quería mostrar, narrando alguna historia que acompañara al juguete, obsequio o papel que se tratara, siempre evitando verme a los ojos mientras se refugiaba en caricias que, delicadamente, iba trazando en mis manos hasta el pecho.
    Otras veces he querido asomarme. Han sido varias ocasiones en que, mientras nos arreglamos juntos en la habitación, me he acercado con disimulo de querer alcanzar mi loción o el rastrillo, pero Angie se apresura a sacar sus bragas para que no lo logre. Sabe que quiero ver lo que hay y tal vez también asimila que ya conozco todo eso que esconde con inocencia pero que nunca cambia de lugar, más sin embargo, la cuestión es que nunca he llegado a espiar sin su presencia.
    Las verdad es que conozco su vida como la de nadie más y puedo casi asegurar que las cosas que guarda y aún no he visto son cosas tontas, secretos que una mujer guarda por un cariño especial y que, tal vez, ahora poco importe el principal objetivo del objeto, pero el hecho es que no puedo evitar fantasear con todo eso que pueda estar ahí: las cartas de su primer amor, las fotografías de las lesbianas, el dildo amarillo que tanto menciona cuando está ebria. Es una incógnita todo eso y no puedo dejar de pensarlo, quién sabe, tal vez tenga algunos teléfonos o maneras de contactar a otros hombres ahí, otros güeyes que también amen conocer, cada que se la cogen, los secretos que Angie guarda en el cajón de su ropa interior.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Las luces que van pasando se reflejan aquí y allá

     Quise contarte algo y se me salió de las manos, más bien del pecho: una luz se escapó de mi cuerpo esta mañana.
    El comienzo puede empezar a relatarse como un descubrimiento dentro del esplendor oscuro de la mañana antes del amanecer, todo estaba ahí, las cobijas, mi calor, el respirar de mi perro junto a mi cama y ese sonido del ferrocarril que pasa a unos cuantos kilómetros de mi hogar. Sería correcto decir que es a esa hora, aproximadamente entre cuatro y cinco de la mañana, cuando nos encontramos en nuestro sueño más profundo, el más trabajado de toda la noche y, por ende, en las vívido. Esto lo digo base a ciertas experiencias, donde, tras despertar, recordar y analizar los sueños de la noche, me encuentro con tres, cuatro o cinco de ellos, cada uno con una temática propia de un film independiente al otro o, más bien, un pedazo de vida surrealista ramificado en cuatro o cinco diferentes historias. A veces estas historias se entrelazan o desprenden linealmente de las anteriores, otras veces más parecen ser tangenciales y subordinadas de otra idea totalmente radical a la anterior, ¿y cuál es la anterior? Misterios químicos de la materia.
    En fin, el hecho es que a últimas horas del reinado subjetivo del sueño y el dominio de las supuestas tinieblas, algo en mi se desprendió de mi cuerpo para tomar como portador al ambiente mismo, haciendo de mi un tercero y ya no un propio, un sólo cuerpo. Lo que ahora trato de relatar no es más que una separación de lo mágico y la materia —que en este caso soy yo —, y que, como punto de vista acelerado se encontraron mis ojos en otro ángulo totalmente distinto a mi perspectiva desde la cama. Lo curioso de todo esto es que yo permanecía dormido, digo, mi cuerpo permanecía dormido, pero yo, yo el narrador de esta historia, el que se encuentra ahora escribiendo estas palabras, me encontraba de frente a mi propio cuerpo, aún sin saber, a ciencia cierta, cuál de los dos yo era el verdadero.
    Podría pretender que nada de esto pasó, y la verdad es que lo hice y me lo repetí tantas veces en mi cabeza tratando de pensar en alguna otra cosa más pero la verdad es que simplemente no pude hacerlo. Pocas veces llego a vivir alguna de estas cosas que a los demás parecen sucederles todos los días que, mientras pensaba en si comprar una cajetilla de Lucky Strike o una de Camel, simplemente no pude, no pude si quiera dejar de pensarlo y tener que ir a tu casa a contártelo lo más pronto posible. Esa era la idea: llegar a tu casa, tocar el timbre, tocar tres veces con mi puño y luego avisar que era yo con un ligero tono de casualidad vespertina, que me abrieras la puerta, me dieras un beso y, después, taparte la boca y arrastrarte hasta tu cuarto de una manera indiscreta.  Nada importaba, esa era la idea desde el principio tras recordarlo y sentir que mi corazón pudiera salirse de un momento a otro de mi cuerpo como aquella luz de la madrugada.
    A estas instancias de la vida, me da por golpearme al darme cuenta de que sigo siendo un estúpido que cree en las películas de dramas románticos y, por idiota, me siguen pasando cosas como la negación de mis propios sueños. Al decir esto sólo puedo pensar el porqué de la respuesta que me diste tras todo esto. Sólo quería llegar a tu casa y describirte todo lo de la luz, mi reacción ante mi cuerpo visto desde otro ángulo por mi mismo, la estúpida luz flotando a treinta centímetros de mi pecho y como el sonido del ferrocarril se esmeraba en salir de la ciudad mientras esta anormalidad sucedía frente a mis narices. Sólo quería eso, que abrieras tus ojos para poder notar ese brillo en ellos que tanto me apendeja, ver cómo tu frente se arruga ligeramente por la fuerza de tus cejas en ella, escuchar cómo tus palabras de sobresalto se convierten en preguntas de reflexión y, así mismo, cómo estas preguntas de reflexión se convierten en besos en mi cara y cómo después esos besos pasarían a ser risas en tu habitación. Pedía un poco de una fantasía que se formó en mi cabeza en menos de cinco segundos, pedía un poquito de un anhelo base a un sueño, porque eso era y jamás afirmé que fuera verdad, pero tal vez pedía mucho, mucho para un sábado como este, mucho para una fantasía de cinco segundos, mucho para mi torpe vida aburrida donde nada pasa ni pasará.
    

martes, 6 de noviembre de 2012

Estoy casi seguro de que el comienzo de esta corrida fue el final de aquella tortura

    «Son las ocho con catorce minutos y mi voluntad sigue siendo tan pequeña como ayer»... «¿Cuántos minutos han abarcado las ocho con catorce en mi cabeza, cuánto más durará este eco?»...
«Sería extraordinario, si, verdaderamente extra-ordinario el hecho de que alguien ajeno a mi, o a ella, bajara desde el cielo y me indicara el camino que sigue después de las ocho catorce»...«Eso es un Deux ex Machina»... «No recuerdo su nombre, ella no es la de la imagen en mi cabeza»... «La palabra Puzzle reluce en mi frente cada que me veo al espejo en las mañanas»...
    «¿Dónde quedaron sus gemidos, serán esclavos del viento?, ¿del tiempo?, ¿de las ocho con catorce?»... «Se fue»...
    «No entiendo el sonido que deberían figurar sus labios, qué querrá decir?, ¿estará diciéndome que se encariñó ya?»... «Soy el fruto del miedo consecuente de mis actos impulsivos»...
    «Ocho con catorce»... «Sólo recuerdo otra cogida como esta, sólo una y fue con otra, con la de la imagen en mi mente»... «¿Quién soy?»... «Sus leves llantos resonaron en la habitación hasta lograr fundirse en las heridas que dejaron las uñas de la otra mujer en mi piel»... «Ella es otra»... «¿Quién soy?»... «Ocho con catorce»... «Al terminar se posó en mi pecho cariñosamente para, después, comenzar a detallarme su vida tras el vaivén de mis pulmones»... «¿Qué quiere de mi, qué hice para merecer esto?»... «Mi mente me está ganando, ya no veo a esta chica, la que se supone que está aquí, es aquella, la otra: cabello rizado, olor a fresa»... «¿Ocho y cuánto?»...
    «Ocho con catorce»... «Si, ella fue la que me sodomizó, la china»... «Había látigos en el buró, la luz era roja»... «Ocho con catorce»... «Su piel blanca captaba mi atención, sus pechos pequeños brillaban bajo los reflejos de mi lujuria, su vagina sonreía»... «Me dolió»... «Quiero más, más, por favor»... «Lo merezco»... «Ella planchó su cabello y después siguió hasta mi para quemarme delicadamente en los muslos»...  
    «Ahora me llamo Elisa y jamás te enamorarás de mi»... «Prepárate, son las ocho con catorce».

martes, 7 de agosto de 2012

40º fue la cifra

    Cuarenta grados aprietan tu espalda: lo sabes, lo sientes, lo crees pero no lo visualizas, me miras a mí, en el más lastimoso encuentro desde aquel año. Sabes que no puedo dejar de estar ahí, que me gusta y me encanta un poquito más que a ti, sólo un poquito más que envidias y, que a la vez, te llena de placer como mera meta conseguida a corto plazo en esta tremenda canción de chasquidos y gemidos.
    El calor es el choque que necesitas, el furor interno que mata por salir disparado por medio de gritos y rasguños, lamidas y delirios que son los detalles que siempre nos alumbran. La canción sigue sonando y mi pie izquierdo marca tiempo, el tiempo de la secuencia que seguirá el vaivén de tus caderas mientras me acerco, mirando y exhalando bocanadas que despojan libertad y que, en segundos, me harán quemarte la ropa lentamente. Durante este baile dejamos de lado la lluvia y el aglomerado citadino, somos los dos que el tiempo mata mientras crecen, sudan y estallan en mis partículas de sudor y llanto, los que cabalgan por la meseta del deseo. 
    Cuarenta grados fue la cifra, ahora se vuelve polvo y como el viento, vamos  a ver, a ser.

Dean, Sal y yo

    En días como hoy me refugio en recuerdos falsos que tengo en la cabeza, ideas que se engendran en los abismos de mi mente, escritos que se visualizan y se quedan para siempre y son, así mismo, oportunidades de escapar un poquito de la realidad.
    Este día desperté en un coche en movimiento, no sabía que pasaba ya que se suponía despertaría a las cinco de la mañana con veinte para ir temprano a la facultad. Por el contrario —digo contrario porque en verdad era lo más alejado a lo que tenía pensado— me encontraba en el asiento tracero de un automóvil, recostado y sudoroso y con unas enormes ganas de preguntar qué pasaba y de vomitar a reacción. Al percatarme de que la velocidad del coche en el que viajaba iba a una velocidad tremenda, casi infame, me senté tratando de no perder el control y no vomitar como ya antes había querido. Parecía ser el apogeo de una tarde calurosa y dos sujetos se encontraban en la parte delantera del auto. Sabía quienes eran y sabía perfectamente qué era lo que pasaba, lo cual me hacía reconfortarme un poco y dejaba que el drama se quedara muy de lado.
    Cuando Dean se dio cuenta de que había despertado soltó un grito de sorpresa e indicó a Sal que me había despertado, al parecer era buena noticia y, acto seguido, Sal me regaló uno de los últimos cigarrillos que quedaban. Al encender ese cigarrillo seguía en el plano del personaje secundario, el que jamás llegará a influenciar tanto como el legendario Dean Moriarty y tampoco redactará todas esas fabulosas vivencias como Kerouac, pero las visualizaciones de momentos como ese, en la carretera, me llenan de una enorme y gratificante tranquilidad.
    El viaje siguió, entre innumerables sucesos y aventuras que leo y recreo, un indefinible y extraño placer.
   

sábado, 4 de agosto de 2012

Lejísimos

    He tenido un poco empolvado mi blog. Salí de la ciudad y antes de eso me embarqué en un proyecto literario algo privado para publicarlo del todo aquí. El simple hecho de que redacte estas palabras hacen relucir mi falta de personalidad pero, sabiendo eso, sigo con esta especie de entrada de diario que ni a mi diario entra.
   Tengo mucho material de lectura y pocas ganas de escribir, eso es un desequilibrio que tengo que nivelar. El lunes regreso a la facultad y no he salido de casa desde que llegué a la ciudad. Me faltan vitaminas y también me falta un poco del sol regiomontano directito a mi piel. No tengo un quinto y siento la necesidad, cada vez más frecuente, de destruir mi smartphone e irme a escribir pedazitos de canciones a la calle de siempre.

sábado, 16 de junio de 2012

Gauss-Jordan errado

    Habito en el espacio que desprecias. Sonrío entre silencios vespertinos. Sucumbo bajo el ala del itinerante planeador. Eso soy, en el más acertado de tus pensamientos, alejado de todos sus sentimientos y engendrado de un firme sudor. Mi voz no se encuentra en las radiofrecuencias, mucho menos en los gritos vecinos, hablo quedo y sigilosamente aniquilador.
    ¿Cómo bailar mientras uno se queda cojo? ¿Qué soñar cuando el ojo no ha visto el foco? ¿A quién coger cuando hay que cagar?
    Actualmente me muevo entre la gente, sangre menstrual entre los dientes y bellos pétalos en el morral. Decoro mi vista, te beso la frente y me adentro al vaivén visceral.     
    Habito en el espacio que alimentas: sonrío desnudo entre caminos: sucumbo cual amante ruiseñor.
    Reniego entre cada variante de mi mente. Profecías que van más allá del dolor y el anarquismo social. Soy el jilguero de la mañana, el luchador de la cantina mala muerte, el hijo que no tiene sabor. Poseo la más superficial de tus mamadas, la máscara de todas tus mañas y el viejo calzón que aniquiló.
    ¿Cómo escuchar entre el ruido de tu hocico? ¿Qué perversidad recordar cada domingo? ¿Qué caricia te gusta a ti más?
    Soy caucasoide por naturaleza, un bostezo frente a la mesa y vivo en tu jaula levantando el dedo pulgar.

martes, 12 de junio de 2012

sábado, 2 de junio de 2012

Garabato #10 (Sabernos estando)

    Háblame de tus sueños, de lo que acontece en tu mente cada que te acuerdas del cielo. Dime qué sientes cuando bebes un poco de agua, cuando el silencio es llano, cuando cierras los ojos. He estado sentado y pensativo desde que me desperté, ensamblando esbozos en donde tu mirada encaja y penetra con un feeling de posesión necesario, un requerimiento más que urgente en el que bailamos los dos.
    Cuéntame qué vez en el reflejo de la noche, qué es lo que sucede en tus pensamientos de ducha diaria, qué es lo que deseas más en este momento. Quiero saberlo, quiero saberlo todo, saber de ti, saber explicar y saber razonar tu existencia de principio a fin. Quiero que el momento dure y que no dudes en alargarlo aun más.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Garabato #9 (Correcciones)

Encontré tu sonrisa. Corrección: Encontré tus sonrisas. Corrección: Encontré un frasco con tus sonrisas. Corrección: Encontré unos frascos con tus sonrisas. Corrección: Encontré una guarnición de tus sonrisas. Corrección: Tengo una guarnición de tus sonrisas. Corrección: Tengo una guarnición de tus sonrisas en mi alacena. Corrección: Tengo una gran guarnición de tus sonrisas en mi alacena. Corrección: Tengo una enorme guarnición de tus sonrisas en mi alacena. Corrección: Tengo una enorme guarnición de tus sonrisas en mis alacenas. Corrección: Tengo una enorme guarnición de tus sonrisas en mi cocina. Corrección: Tengo un almacén lleno de tus sonrisas. Corrección:Tengo un almacén lleno de tus risas y sonrisas. Corrección: Soy un dependiente de tus risas y sonrisas. Corrección: Soy un esclavo de tus risas y sonrisas. Corrección: Soy un esclavo de tus sonrisas. Corrección: Soy un esclavo. Corrección: Soy tu esclavo. Corrección: Tienes mi vida.

sábado, 12 de mayo de 2012

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La primera vez que describí esa foto fue ante una audiencia de dos animales y un humano dormido. Sí, recuerdo que tu pequeña cachorra yacía dormida debajo de la mesa, mientras una cucaracha se paseaba por la intersección de las dos paredes y el techo de tu sala, y tú, tú estabas plenamente dormida sobre mi pecho. 
    Recuerdo que la osbervaba en aquel viejo móvil que tenía. La devoraba día y noche, mientras más tiempo pasara frente a esa pantalla de 240x320 era mucho mejor, y vaya que lo hacía. He de admitir que aquella fotografía despertaba en mi una desorbitante cantidad de fantasías, desde la más romántica y empalagosa hasta la más vil y brutal situación de deseo. Era tan subjetiva que se prestaba para casi cualquier destello de dulzura y perversidad. 
    Sí, la primera vez que la describí lo hice susurrándolo a tu oído. La audiencia eran los presentes y tu pequeña oreja era el destino, el receptor deseable y final de todo ese flujo de  encantadoras y grotescas palabras tan mías, tan abrumadoras hacia la paz del entorno.
    Era más o menos esta hora: los perros ladraban, todos parecían estar profundamente dormidos y tú eras el equilibrio entre frases armadas de tabaco, caricias en el cabello y la majestad de la noche.

La foto, obviamente, no será posteada.

martes, 8 de mayo de 2012

Garabato # 31 (Escapando hacia ti)

Entre tanto proyecto final escolar no he podido emprendérme en cosas como la escritura y la literatura, más sin embargo, el tiempo que le dedicaba a estas actividades ahora lo dedico a dormir. Dormir ahora es una de mis prioridades, tanto por el enorme cansancio —sobre todo ocular— que dejan dichos proyectos, así como el calor de Monterrey y la enorme necesidad de ti que siempre me habita. 
    Cuando duermo no hay limitantes, ni temporales ni geográficas, mucho menos las escolares. Dormir es ese vicio recurrente del que todo humano depende, es la salida a las responsabilidades y la toma de lo deseado, en mi caso: tú.
    No mentiré diciendo que de los múltiples sueños que tengo cada noche apenas si recuerdo unos cuantos, pero estoy más que seguro que en todos, y cada uno de ellos estás presente, como el sol que me ilumina, ese sol que adoro y del que dependo, en cada uno de sus complejos resplandores de los cuales, siempre, me dejo llevar hasta a la insolación que busco y encuentro cada noche. 
    Con el simple hecho de apagar las luces y dejar que los fluidos químicos de mi cabeza hagan su trabajo, añadiendo entonces  las seis letras de tu nombre que viajan en mi cuerpo, consigo tenerte, tenerte tan libremente hasta que suena la alarma de las nueve de la mañana.

   

lunes, 20 de febrero de 2012

Serenity 01:23

    Volteo al cielo y observo una nube que espero estés viendo también. Sé que me miento, que no puedes con eso, Sé que me miento al pensar que tu espacio abarca el mismo aire que el mío y al pensar que mi voz puede alcanzar a rozar tu piel. Trato, trato de entender...
    Apago la luz de mi recámara y me desvisto en silencio, la rutina que abarca ese negro llano ocular en donde se frena mi ansiedad. Yazco así, aislado en un espectro virginal, casi sagrado, donde el esperar conlleva un ritual de desnudez sumamente necesario con el claro objetivo de volver a atraerte hasta mi. Las prendas estorban y el aura crece embarrándose sobre las paredes.
    Soy el centro del recinto, el silencio, el comienzo que se vuelve tu existencia. Me nombro en todos los sentidos, con todos los latidos deslumbrantes y cegadores. Voy: Me aclarezco.
    Me meto en la cama con la intención de sentirte, de oler tu regreso base a mi esfuerzo. Aguardo entre fantasías y observo entre celosías intuyendo la llegada de la risa de la mañana y, por ende, tu esplendor. Un sueño profundo en una caída del espectro sensorial que despiertan tus senos y tu vagina al deslumbrar mi serenidad.