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martes, 18 de febrero de 2014

¿Quiénes somos?

    ¿Quiénes somos nosotros dos? ¿Qué somos tú y yo? ¿Sabemos dónde estamos? ¿Sabremos a dónde vamos? ¿Nos olvidamos? ¿Nos recordamos? ¿No olvidamos? ¿No recordamos? ¿Nos amamos? ¿Amamos? ¿Nos amábamos? ¿Nos amaremos? ¿Amábamos? ¿Amaremos? ¿Quiénes somos? ¡Quisiera saber! ¿Quisiera? ¿Si era? ¿Quién era? ¿Tú? ¿Yo? ¿Era? ¿Eras? ¿Por qué? ¿Qué? ¿Contigo? ¿Conmigo? ¿Quieres? ¿Quiero? ¿Qué quieres? ¿Qué quiero? ¿Lo sabemos? ¿Lo sabes? ¿Lo sé? ¿A dónde? ¿Acá? ¿Allá? ¿Tú, acá? ¿Yo, allá? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Cuento? ¿Cuentas conmigo? ¿Cuento contigo? ¿Cuentas contigo? ¿Cuento conmigo? ¿Un cuento? ¿Un sueño? ¿Una novela? ¿Mucho optimismo? ¿No lo tuvimos ya alguna vez? ¿Funcionó? ¿Por qué? ¿Funcionaría? ¿Volverás a reemplazarte? ¿Volverás a reemplazarme? ¿Por qué lo hiciste? ¿Te gustó? ¿Valió la pena? ¿Vale la pena? ¿Valgo la pena? ¿Vales la pena? ¿Vale la espera? ¿Esperas? ¿Me esperas? ¿Te esperas? ¿Qué esperas? ¿Qué espero? ¿Yo espero? ¿Me espero? ¿Te espero? ¿Pero, pierdo? ¿Pierdes? ¿Quiénes somos tú y yo? ¿Me amas? ¿Te amo? ¿Amor? ¿De nuevo? ¿Ha pasado tanto? ¿Cuánto? ¿Le cuento? ¿Vuelvo a empezar? ¿Volvemos a empezar? ¿Y el punto final?


viernes, 28 de junio de 2013

Daniel Melero

    ¿Qué pasa cuando uno se encuentra a sí mismo en el espejo después de tanto tiempo? Ciertamente la pregunta me remite a mi imagen pasada, aquella que no se andaba por la vida preocupándose por alguna imperfección del rostro y, que, poco o nulo interés llegaba a prestar a lo que ahora puede llamarse el «futuro de ese entonces». El futuro, un futuro tangencial que me tuve que elaborar en un lapso contado de días disimulados entre presiones escolares, una incompetente personalidad capitalista, la humedad de nuestro clima y, por si fuera poco, ese montón de feelings que como ser humano arrastro por doquier. Quiero creer que esto es lo que generalmente pasa cuando a uno se le saca de su zona de confort, una perdida de casillas en la que la palabra esperanza se vuelve el golpe letal más doloroso de tu corta y patética vida, como cuando de niño te quitan el Nintendo 64 —mi muy triste caso— y sientes que te han arrebatado algo de ti que nunca podrás recuperar y que nada más podrá saldarlo. Así como ver que una arruguita ha aparecido en tu frente por fruncir tanto el ceño bajo el sol de Monterrey, verse en el espejo y observar una vieja fotografía se vuelve un desconsuelo melancólico para los que no sabemos que haremos el día de mañana, habiendo entendido que esas innumerables planeaciones se han ido todas por el caño del escusado y que de nada sirve arrepentirse o lloriquear, que podemos hacerlo, pero de nada nos sirve anhelar lo pasado. Entonces, me veo más jodido y OK, tengo más panza y mis piernas siguen estando igual de delgadas que en la primaria, pero las miles de ideas y pensamientos que he creado y diseñado a conciencia y espontaneidad han hecho que, conforme el tiempo va pasando, una especie de vejez interior se desarrolle base al tiempo, una consecuencia buena o mala (dependiendo el punto de vista y la culpa de la que nos querramos librar), una contrariedad que hace preguntarme ahora si la sabiduría que trajo todo lo anterior ha sido bien recibida como un mal necesario. 
    A dos días de mis veintitrés años reconozco que igual sigo siendo un mocoso, pero el pedo es que ya no un escuincle y a eso voy, que de todos modos la vida sigue sin esperarme y que al parecer es eso lo que más me ha costado aprender en los últimos cinco años. Tanto pensamiento que me cargo en el día a día y tanta cultura general no me ha dado de comer para nada, mis deficientes conocimientos técnicos de mi carrera me han hecho llegar a conseguir trabajo que he hecho con responsabilidad pero que, en el día a día del labor, sentía que mis semanas se iban al abismo de la nada sin haber podido tocar un libro o escrito una carta, cosas que me tienen más al pendiente por realizar, escuchar una canción, emborracharme con alguien en un bar y platicar por horas, escribir historias baratas que se me acumulan tras intensos sueños que no hablan más que de mi y de tu pinche esencia que sigue en mi como un virus inmune al mismísimo tiempo y a las varias bocas que ahora nos separan.  No digo que tampoco sea algo que me esté destrozando la vida, pero siento que es aún poco tiempo para poder decirme que voy poca madre, que si en algo soy lento es en adaptarme a los cambios repentinos que la vida nos pone como si fuese una enorme verga en la cara y que como un pendejo, siempre me voy de nalgas ante las lecciones más importantes. No me siento superior a nadie más pero sé cuando alguien es un idiota, idiotas que tienen un empleo y ganan dinero quién-sabe-cómo-pinches-chingados, idiotas que ya se casaron, que ya tienen un hijo, que hacen todo lo que el confort les pone a la mesa y viven para publicarlo en facebook. Quise seguir un poco sus pasos, más bien ponerme sus zapatos y hacerme pasar por alguno de los cientos de miles de personas promedio, salir a pasear y sonreír mientras alguien me llevaba de la mano y terminé yéndome de narices contra la acera más jodida e infestada de baches de todo México, o sea, me rompí la jeta y chingo a toda mi madre si lo vuelvo a hacer. 
    Y pues nada, las cosas no pasan por accidente, yo me he ganado toda la mierda con el sudor de mi frente. Kaputt. 


   

viernes, 15 de febrero de 2013

Negro en azul

    «A febrero se lo esta llevando la chingada junto conmigo». Esa fue la frase que estaba ubicada como la primera de mi lunes anterior, esa frase que sabes de antemano va a significar el opening del rumbo que tomará la semana y el topic en cuestión, así como sus respectivos feelings. Quiero suponer y querer afirmar que fue similar a lo de Séneca cuando citó el Aurea memediocritas, pero claramente, hablando sobre el equilibrio y la oposición a las posiciones extremas. Sería de gran ayuda voltear hacia la ventana de mi recámara y encontrar un memorandum en el que se apoyen mis palabras y poder seguir en una posición de saber en realidad qué es lo que estoy diciendo. La media noche esta empezando y con ella me dejo entrar en este especie de traslado refinado entre el sueño y lo que tendré que soñar de nuevo, porque está ahí, presente entre todos esos momentos de debilidad que tanto me sorprenden, nutriéndose bocado a bocado de cada mínimo malestar y duda personal, como la solitaria carroñera que carcome sin darnos un malestar trágico. 
    Miles entra lentamente a la habitación, mirándome de frente con ese agudo llanto de trompeta que abarca y ocupa el espacio en cuestión, dándome un saludo a mí y la media noche, que, en estos momentos, ha tomado la pieza como suya, sentándose a pierna suelta entre el montón de utensilios y cosas que hay en la habitación: botellas vacías (Carpe diem), las botas sucias y pilas y pilas de libros y papeles sueltos que flotan y cubren el espacio en una alfombra literata. Considero que la luz que despide la lampara de buró daría un toque más nostálgico si fuera una bombilla de 60 watts la que la encendiera, todo sería más práctico y más acogedor en esta escena de tristes locos en la que el aire nocturno, el humo azulado del tabaco rubio barato y el eco de los susurros fulminarían como uno de esos momentos en los que el ente durmiente pierde el sentido y siente que se le sube el muerto, el muerto Miles, el muerto Julito o el no-muerto Jean Paul Belmondo en su papel de Ferdinand Griffon alias Pierrot, Pierrot le fou. «Salud, che», alcanzaría a escucharse entre los viajes del negro Miles mientras yo me preparo para uno más de los discursos que empiezan con una apuesta del sonido humano más arcaico hasta saber si es él mi doppelgänger o él es mi doppelgänger o yo puedo llegar a ser el doppelgänger del cojo que vende droga en mi calle. Todo y nada serían lo mejor, un silencio bajo los silencios de la trompeta y un vaivén de difusos manoteos en el centro de la pieza traerían el sabor del café colombiano que nunca he degustado o el mate barato que alguna vez probé, siendo sermoneado (una vez más) por el montón de argentinos que se cuelan por mi ventana y aparecen uno a uno como exiliados en un instante en el que mi perro se estresa de tanto desconocido y mi risa comienza a parecerse al canto de Edith Piaf. «C'est toi pour moi. moi pour toi dans la vie», y quién sabe, Exitus Acta Probat, antes lo sabía sin siquiera tener que pestañear un poquito, ahora, ahora me encuentro cabalgando entre un montón de palabras que tuve que vomitar en los momentos menos oportunos, siempre explotando entre los humos de alegría y los terribles malestares y conciencias reales que conocía y vivía a flor de piel, como el fanático religioso deseoso de pagar con dolor esa pena tan grande que era la culpa misma. «Des nuits d'amour a ne plus en finir, un grand bonheur qui prend sa place des enuis des chagrins...», habría que preguntarle a los chicos qué era lo que ellos pensaban, sabiendo de antemano que todos estarían en total desacuerdo el uno con el otro y que, en el proceso de las cañas, los tequilas y los fasos, los tabacos, los putos cigarrillos, encontraría por mandarlos todos al carajo para proseguir con esa pose de mujer dolida que ama a su hombre. «...des phases heureux, heureux a en mourir», dolor, dolor divino de saberte así: maravillosa y atormentada, única y desperdiciada, oh mujer, ¿por qué tenemos que pasar por los puentes más elevados de la noche oscura? Ven y baja por mí, ya voy, subiré por ti hasta el último peldaño, caricia, caricia, golpe, escupitajo. «Quand il me prend dans ses bras il me parle tout bas», maldita, maldita y desgraciada, ¿qué no ves que estoy aquí (acá, che, decí acá que me incomoda)? Miles toma a su amiga y dice «Shhh/Peaceful», mirada de chingas a tu madre. Saldría a ver la luna en este jodido día después de San Valentín, ver la luna, saber que estás dormida y que quién sabe porque no puedo dormir, sabiendo que la calma es necesaria e Ipso facto no debería estar ahí, a orillas de la terraza entre el ruido de los mosquitos que se acercan a la luz y el viento de febrero que llega y se va y no sabe, como yo, qué es lo que debe de hacer. Ju-li-to, Ju-li-to, antes me hablabas para aconsejarme, ahora sólo vienes a empedarte junto a ese negro y el montón de compatriotas que se vienen para acá, carajo, Todo el tiempo tuve miedo de este momento, todo el tiempo he pensado que esto sería el declive fantástico que escribí montones de veces entre clases y que, sí, lentamente llegaría el mo-men-to, mo-men-to de vi-vir-lo, a-sí, de es-ta ma-ne-ra, tur-bia (calamidad angelical), so-ña-do-ra. Güey, me cago en el nahuatl, en los putos indigenistas que todo quieren sacar de su pinche diálecto, carajo dos veces. Güey, what's wrong with the indian, nothing, just don't blame all the fuckin' time about them, dejalos descansar y no los culpes de tus males, déjalos, che, déjalos y vení pronto a decirme qué es lo que tengo qué hacer. Memento mori.
    «Sabes qué hacer, sabes cómo encontrarlo, sabes que la espalda está ahora descansando en la cama y que deberías de dejar de darle tantas vueltas al asunto. Puedes venir, fumar un cigarrillo junto a nosotros que siempre estamos aquí, por ti, por la puerta abierta que siempre nos tienes y por esa fama tuya de conseguir buena yerba, pero estamos contigo». Ajá, algo así no es tan jodido, pero bueno. «Primum non nocere, pibe, vos sabés que es lo que sigue», y sí así después de verlo todo y escuchar la «Silent way/It's about that time» en vivo, me doy cuenta de que es hora de dejarlo así, terminar ese sueño y seguir con el que sigue, el que soñaré de nuevo y analizar, como siempre, Vita via est y el sueño es, entre todo este revoltijo de palabras, hojas revueltas del mismo libro.
   

viernes, 8 de febrero de 2013

"Taberneros"

Puedes ver que a duras penas logro mantenerme entero
puedes ver que lo que hice ya, no puedo deshacerlo
yo creí que lo nuestro era infinito como la arena
ahora se que lo único inagotable es, esta insoportable pena.

Ya se fue mi amor lo sentí marchar
esta noche me voy a emborrachar
voy a emborrachar, lo sentí marchar
ya se fue mi amor, ya no volverá.

Quisiera y no quisiera, son dos cosas diferentes
quisiera que me quisieras
y yo no quisiera quererte
pero en vida no suele ocurrir lo que uno quiere que ocurra
y tu te fuiste detestandome y yo
hoy te quiero mas que nunca.

Ya se fue mi amor lo sentí marchar
esta noche me voy a emborrachar
voy a emborrachar, lo sentí marchar
ya se fue mi amor, ya no volverá.

Hoy soñé que te tenia otra vez entre mis brazos
de saber que no era mas que un sueño, no me habría despertado
así que si hoy amaneces, y los pies te están doliendo
es porque estuviste toda la noche, Caminando por mis sueños...

Ya se fue mi amor lo sentí marchar
esta noche me voy a emborrachar
voy a emborrachar, lo sentí marchar
ya se fue mi amor, ya no volverá.

Tengo ya que despedirme
porque las fuerzas me fallan
y las pocas que me quedan
son para curar mi Alma
que enfermo cuando perdí
lo mas precioso que tuve
dime pensaras solamente un poco en mi
cuando mires el Montduverr.

Ya se fue mi amor lo sentí marchar
esta noche me voy a emborrachar
voy a emborrachar, lo sentí marchar
ya se fue mi amor, ya no volverá.

Si dices dame tu corazón
me lo arranco y te lo doy
pero yo digo Amor quédate
y tu me respondes me voy, me voy, me voy.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Calcetines

   "I wanna be sedated and you're an idiot".
    Así fue, lo recuerdo todos los días al abrir los ojos, al darme cuenta de que vivo solo y de que soy, como ya lo dijiste, un idiota. Esta podría ser la frase que dirija el rumbo de lo que queda de mi vida y tal vez ya lo sea, sin embargo, aún vivo con esa intimidad de tener que aceptar tus palabras de rabia y hacerme el valiente al decir que ya no te pienso.
    Te pienso y la verdad es que no tienes ni la más remota idea de cuánto, de por qué estoy así desde que te fuiste y, carajo, claro que lo sabes. Imagino las preguntas que te hacen cuando te ven, haciendo que tu lista de momentos embarazosos, que aún te voy ocasionando, sea más larga. "¿Y Alberto, ya no salen?", "¿Por qué se dejaron? eran mi pareja favorita"... Casi creo que los escucho, en las fiestas, en los funerales y en los encuentros de transporte colectivo de esta triste ciudad.
    Quisiera ser yo el sedado, asumiendo también, ser un idiota. Te lo juro que lo deseo con todas mis fuerzas pero las drogas nunca fueron lo mío. No puedo si quiera asimilar estar drogado, estando normal apenas si tengo control de mis actos impulsivos y mi franco comportamiento tan típico de mi región que, de por si, hacen que mi vida sea un circulo de manías del siglo XXI. Ya vez, todo lo que escribo en estas hojas en blanco que habitan mi cuarto te tienen como destinatario, todo se dirige a ti en un grito de desesperación y piedad que nunca asimilaras; hasta las hojas en blanco describen los silencios desgarradores que procreo y jamás dedicaras a pasar conmigo. Eres así.
    En el tiempo que se dice semanas y meses no he descubirto otra personalidad como la tuya y, la verdad, poco o nulo intento he hecho por descubrirlo. El esfuerzo es un desperdicio desde el momento de decir que hablo de ti contra alguien más. Recuerdo cuando te sonrojabas al decirte cosas como éstas, pero recuerdo también cuando comenzabas a blofear al escuchar cosas similares. Lo recuerdo todo y ese es mi puto pesar.
    "I wanna be sedated and you're boring, dude".
    Creo que esas cosas te las advertí en nuestra primera cita, sabía que no iban a cambiar nunca, como tampoco cambiarían los calcetines que siempre he usado.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Amo el número 13, qué mala pata

    De los días en los que me doy cuenta en que por más que sienta y crea que hago un poquito para darle sentido a mi vida, siempre nace un lapso de distimia: un momento justo para odiarme y odiar a todo el mundo hasta el fin del hastío. Así me conoció esa vez, en un momento de ansiedad en el que mis brazos reflejaban el soliloquio que siempre ha sido mi film, esa película asquerosa que alguna vez intentaste ver en un lunes de asueto y que aburrió a más de un par en menos de quince minutos.
    No tengo nada que mostrar ni nada nuevo que contarte, porque no quiero, porque en verdad no tengo nada que decirte, sólo que, te odio como a todas esas circunstancias que llegaron a hacerme creer lo contrario. Qué puedo hacer, así voy a ser hasta el día en que deje de verte cada vez que mire el espejo.

jueves, 23 de agosto de 2012

ST

    Bueno. Comencé a trabajar de soporte técnico en una empresa. Sí, tengo poco contacto con gente pero no soy un sociópata, más bien, soy un tipo que no sabe tratar con gente. ¿Misantropia?, sí ándale eso, un poquito de eso, aunque cuando trabajaba en un Call Center me regresaron los ataques de ansiedad de la niñez, es en serio. Ahora esto hago: me la paso en una oficina heladísima, tomo cuatro tazas de café al día y manejo más de dos computadoras a la vez. 
    Si, ¿tú crees? Soy uno de esos entes callados y sigilosos que va a trabajar temprano todos los días, uno más del sistema, uno más de los que trabaja y estudia para tener una vida un poquito más occidental, ¿dinero? Si, creo que eso es lo que quiero, aunque, tenga otras prioridades bajo el brazo, como los libros que deboro en el colectivo y los textos que escribo en mi piel cuando hace calor.

domingo, 8 de julio de 2012

Garabato #26 (Brevedad)

La brevedad es un tres reflejado en un pestañeo, una U que se forma en cada ojo que cierras.

1. Dicen que vivo en un valle,
el espacio donde me dedico a redescubrirte.
                                                                            Yo, sólo sonrío ante eso.

2. Más bien, todo esto parece un lago:
un albergue inmenso de silencios que suspiro
y un montón de recuerdos que fluyen en el. 

3. Como la saliva, que
                                     es el residuo del
                                                                 beso que perdura. 


lunes, 28 de mayo de 2012

Garabato # 7 (Inside)

A veces creo que te deprimo, que soy la base de todas esas cosas que, por hoy, te entristecen y te arrastran de nuevo a esos oscuros terrenos en los que ya has habitado. Soy una de esas personillas que caminan por ahí, de las que hacen bulto con la masa colectiva, una de esas personillas que vagan indiferentes e imperceptibles para los demás. 
    A veces —la mayoría del tiempo—, no puedo conmigo mismo, con mi volubilidad y mis arranques de molestia, con mis acciones llenas de impulso y con mi resentimiento infantil. Esas son la mayoría de las razones por las que la gente me evita, me ignora y se hacen a un lado. Esas son las razones por las que evito a la gente, la ignoro y me hago a un lado. Un bonito dilema.
    A veces creo que nadie me salvará y que nadie tiene la obligación de hacerlo. Me encierro en mi habitación, escucho música y escribo una prosa tan horrenda que me deprime aún más. Soy la isla que se aleja cada vez más del continente, la que sufre por la colectiva pangea, la que algún día se hundirá.

lunes, 2 de abril de 2012

viernes, 27 de enero de 2012

I

Si en el vecindario no saludo a ningun vecino, en twitter jamás podré subsistir. Tú al menos lo intentas; yo debería respetar eso...

domingo, 1 de enero de 2012

Te olvido el tiempo que tardo en bañarme

No había podido asimilar totalmente que el año estaba por terminarse hasta hoy, ya en el primer día del año nuevo, en una de mis ocupaciones que caracteriza a enero: Tratar de borrar de mi mente alguna parte específica de tu cuerpo, mientras tomo una ducha caliente. 
   Al rociar mis manos con el shampoo, parpadeo y decido al instante qué parte de ti olvidaré esta vez. Hoy escojo tu brazo derecho y todo parece pintar muy bien.
   Lo visualizo, primero desnudo, y después, bajo una blusa blanca de manga corta. Luego otra vez desnudo, en su tonalidad blanquecina, claramente mestiza y ocupante de los verdes caminos que llevan hasta la majestuosidad de tus manos: el éxtasis de la susodicha extremidad. 
   Enjabono mi cuerpo erradicando los recuerdos de nuestras duchas de pareja, donde tu brazo era dominante, una fugaz serpiente entre el agua y mi piel; una manera de limpiar sin la más mínima intención. 
   El baño perdura mientras me concentro en tus pequeñas uñas y las marcas de piel, que se van borrando entre la espuma del jabón y el agua que se lo lleva todo. Me basta otro pardeado para erradicar completamente lo que me propuse en la regadera. para después, secar mi cuerpo y restaurar. al momento. tu brazo derecho que sólo olvidé mientras duró la ducha.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Hablo con los ojos tapados

Dejé de mirar. Dejé de ver las cosas que me rodean, el ambiente que llamamos entorno y el horror de no saber que tengo delante de mi. He crecido alrededor de un mundo que no me termina de corresponder cada vez que trato de adaptarme e independizarme de mi pequeño círculo, cayendo una y otra vez en una resignación límbica que se vuelve cíclica en el transcurso de los horarios, como las palabras en el viento. 
Creo en tu tono de voz, pero, de igual manera, dependo de la subjetividad de tus letras y sus descripciones llenas de pureza, necesaria para sobrepasar estos días y estos saltos al aire, en una total oscuridad en la que sólo se lee tu nombre.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Hoy me llamo "estanque"

    Llueve, no es ninguna novedad pero me gusta recalcarlo, como me gustaba hacerte recordar las paredes que marcabamos los jueves, esas que para cualquier otro individuo podrían ser simplemente el entorno del centro pero que, más bien, eran la prueba de la necesidad de escribir y contar unas cuantas palabras. 
    A veces no se por qué motivo me gusta mencionar tales o cuales vivencias, sé que la mayoría de esas te afectan y a mi también en cierto modo, pero es un defecto verdaderamente involuntario, como mis achaques de ansiedad generalizada o como el fuerte olor que dejó en la toalla de baño...
    No creo en la virgen, en las reuniones familiares ni en los señores morenos con dentadura excelsa, esos se hacen pasar por la juventud super en onda de hoy. Lo sé, soy antpático y no lo niego, hasta eso, lo afirmo con un movimiento de cabeza que te encamina a formarte una idea de lo aburrida que será tu estancia conmigo.

jueves, 24 de noviembre de 2011

De Artaud y los 24 de noviembre

Hoy recordé aquella carta que menciona Artaud en Le Pèse-Nerfs, la cual me dejó perplejo en el momento. No, ya no la comparto, pero suelo acordarme de su prosa en este día sólo por que es el cumpleaños de un amigo.


"Necesito a mi lado una mujer sencilla y equilibrada, y cuya alma agitada y oscura no alimentará continuamente mi desesperación. Los últimos tiempos te veía siempre con un sentimiento de temor e incomodidad. Sé muy bien que tus inquietudes por mí son a causa de tu amor, pero es tu alma enferma y mal formada como la mía la que exaspera esas inquietudes y te corrompe la sangre. No quiero seguir viviendo contigo bajo el miedo.
Agregaré que además necesito una mujer que sea mía exclusivamente, y que pueda encontrar en todo momento en mi casa. Estoy aturdido de soledad. Por la noche no puedo regresar a un cuarto solo sin tener a mi alcance ninguna de las comodidades de la vida. Me hace falta un hogar y lo necesito enseguida, y una mujer que se ocupe de mí permanentemente, incapaz como soy de ocuparme de nada, que se ocupe de mí hasta de los más insignificante. Una artista como tú tiene su vida y no puede hacer otra cosa. Todo lo que te digo es de una mezquindad atroz, pero es así. No es preciso siquiera que esa mujer sea hermosa, tampoco quiero que tenga una excesiva inteligencia, y menos aún que piense demasiado. Con que se apegue a mí es suficiente.
Pienso que sabrás reconocer la enorme franqueza con que te hablo y sabrás darme la siguiente prueba de tu inteligencia: comprender muy bien que todo lo que te digo no rebaja en nada la profunda ternura, y el indecible sentimiento de amor que te tengo y seguiré teniendo inalienablemente por ti, pero ese sentimiento no guarda ninguna relación con el devenir corriente de la vida. La vida es para vivírse. Son demasiadas las cosas que me unen a ti para que te pide que lo nuestro se rompa; sólo te pido que cambiemos nuestras relaciones, que cada uno se construya una vida diferente, pero que no nos desunirá más.

Segunda Carta Conyugal - Antonin Artaud

sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Cuánto tiempo más llevará?

¿Qué es eso?
Eso que suena y que no suena cuando lo quiero escuchar. Esa especie de malentendido o deseo, simpleza o caos, que uno busca entre las palabras que anota una y otra vez en los papeles que se van amontonando. Ese entorno que a la larga uno suele reconocer como vida. Qué es y qué no es, es lo que parece quiero encontrar, sin saber en realidad, qué estoy buscando o qué significado quiero darle a todo este embrollo que me agobia, sin saber, a ciencia cierta, que esta angustia es a veces —la mayor parte del tiempo—  más sofocante pero no menos atormentadora de lo que a veces quisiera. No lo escucho y al mismo tiempo se podría decir que no lo quiero escuchar. Ésto es un limbo: un espacio donde estoy atado por un tiempo indefinido, un lapso que perdura y que, con el tiempo, dejará de existir, como yo. 






"Ni siquiera te entregás al viento, sin pensar por qué".