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lunes, 27 de agosto de 2012

No debería de contarlo,y, sin embargo

«Y cuando vuelves hay fiesta
en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día».

miércoles, 27 de junio de 2012

Garabato #20 (Un minuto)

Abre la puerta. Tal vez me encuentres, tal vez ya no. Tal vez esta sea la carta que no quieres leer. Mejor no. Escribo esta nota para que sigas instrucciones y llegues al final del drama que empiezas a pensar. Abre el sobre, abre los ojos y, por último, abre el espacio. No. Ésto no será lo último. Espera un poco más. Quiero que hoy me encuentres entre el agua de la llave, entre el aire que suspiras y el eco de tu voz. Hazlo, llénate de mi. Hoy no puedo estar frente a ti. Abreme, soy Jorge. Abreme y cierra este acongojo, descubreme despacio. Respira y exhala lentamente. Sentirás el silencio de mi mirada mientras el puño de mis desgracias se desvanece entre el viento, viento que se esfuma en cuanto sigues estas instrucciones para robarte un minuto de tu tiempo. Perdón.

sábado, 12 de mayo de 2012

DSC01380.jpg

La primera vez que describí esa foto fue ante una audiencia de dos animales y un humano dormido. Sí, recuerdo que tu pequeña cachorra yacía dormida debajo de la mesa, mientras una cucaracha se paseaba por la intersección de las dos paredes y el techo de tu sala, y tú, tú estabas plenamente dormida sobre mi pecho. 
    Recuerdo que la osbervaba en aquel viejo móvil que tenía. La devoraba día y noche, mientras más tiempo pasara frente a esa pantalla de 240x320 era mucho mejor, y vaya que lo hacía. He de admitir que aquella fotografía despertaba en mi una desorbitante cantidad de fantasías, desde la más romántica y empalagosa hasta la más vil y brutal situación de deseo. Era tan subjetiva que se prestaba para casi cualquier destello de dulzura y perversidad. 
    Sí, la primera vez que la describí lo hice susurrándolo a tu oído. La audiencia eran los presentes y tu pequeña oreja era el destino, el receptor deseable y final de todo ese flujo de  encantadoras y grotescas palabras tan mías, tan abrumadoras hacia la paz del entorno.
    Era más o menos esta hora: los perros ladraban, todos parecían estar profundamente dormidos y tú eras el equilibrio entre frases armadas de tabaco, caricias en el cabello y la majestad de la noche.

La foto, obviamente, no será posteada.

jueves, 18 de agosto de 2011

Pura

Imagina que esa es la herida que quedó. La que nunca pensaste que surgiría. La que no desearías recordar como comenzó. Imagina que no esta en tu corazón, visualízala como un raspón de rodilla o un granito sangrando, una cortada sencilla y sin importancia. Una herida que se sanará rápidamente y cicatrizará sin que te des cuenta. La rascarás de vez en cuando y te acordaras de mí sin rostro, claro, de la Stratocaster que nunca tuviste y de los falsos paseos en bicicleta que nunca dimos. De noviembre y sus días grises y armoniosos. Del domingo en que nos casamos tampoco recordarás nada y será de mi placer ocultártelo. Ahuyentaras a los perros que se te acerquen con tal de captar esa fría atención que tanto solías tragar. Pasarás por la iglesia a la que íbamos pero no entrarás, tendrás esa sensación de deja-vu interrumpido y lo ignorarás por completo. Te saludaré en las mañanas cuando salgas a regar tu hermoso jardín pero no mencionaré ni pio. Tu herida me servirá de guía para recordar que la mía es mas profunda.

2009