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sábado, 22 de septiembre de 2012

Amo el número 13, qué mala pata

    De los días en los que me doy cuenta en que por más que sienta y crea que hago un poquito para darle sentido a mi vida, siempre nace un lapso de distimia: un momento justo para odiarme y odiar a todo el mundo hasta el fin del hastío. Así me conoció esa vez, en un momento de ansiedad en el que mis brazos reflejaban el soliloquio que siempre ha sido mi film, esa película asquerosa que alguna vez intentaste ver en un lunes de asueto y que aburrió a más de un par en menos de quince minutos.
    No tengo nada que mostrar ni nada nuevo que contarte, porque no quiero, porque en verdad no tengo nada que decirte, sólo que, te odio como a todas esas circunstancias que llegaron a hacerme creer lo contrario. Qué puedo hacer, así voy a ser hasta el día en que deje de verte cada vez que mire el espejo.

sábado, 12 de mayo de 2012

Dale gracias

Abre tus viejas cosas
junta tu maquillaje alguien se acerca
cierra los ojos, siéntate
dale gracias por estar
dale gracias por estar cerca de ti
sobre los viejos muebles
prende otro cigarrillo
esta poesía viene a buscarte y además
dale gracias por estar
dale gracias por estar cerca de ti
este ensueño es un silbido más en el viento
y un guerrero no detiene jamás
su marcha
puedes hallar la jungla
entre estos edificios puedes rentarla o bien destruirla
y además
dale gracias por estar
por crecer y engendrar
cerca del bien que gozaste
y además
dale gracias al ángel
por crecer y por luchar
cerca del bien que gozaste
y además
dale gracias al ángel
dale gracias por estar cerca de ti
es inútil que pretendas brillar, con tu historia personal
recuerda que, un guerrero no detiene jamás su marcha

DSC01380.jpg

La primera vez que describí esa foto fue ante una audiencia de dos animales y un humano dormido. Sí, recuerdo que tu pequeña cachorra yacía dormida debajo de la mesa, mientras una cucaracha se paseaba por la intersección de las dos paredes y el techo de tu sala, y tú, tú estabas plenamente dormida sobre mi pecho. 
    Recuerdo que la osbervaba en aquel viejo móvil que tenía. La devoraba día y noche, mientras más tiempo pasara frente a esa pantalla de 240x320 era mucho mejor, y vaya que lo hacía. He de admitir que aquella fotografía despertaba en mi una desorbitante cantidad de fantasías, desde la más romántica y empalagosa hasta la más vil y brutal situación de deseo. Era tan subjetiva que se prestaba para casi cualquier destello de dulzura y perversidad. 
    Sí, la primera vez que la describí lo hice susurrándolo a tu oído. La audiencia eran los presentes y tu pequeña oreja era el destino, el receptor deseable y final de todo ese flujo de  encantadoras y grotescas palabras tan mías, tan abrumadoras hacia la paz del entorno.
    Era más o menos esta hora: los perros ladraban, todos parecían estar profundamente dormidos y tú eras el equilibrio entre frases armadas de tabaco, caricias en el cabello y la majestad de la noche.

La foto, obviamente, no será posteada.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Un parpadeo que dure hasta que la luna llame

Entras en la puerta, una extraña puerta de madera mientras arrojas salvajemente el suéter que llevabas puesto. Te miro, con curiosidad y una sensación de querer saber que vendrá después, pero con un deseo de no querer llegar a descubrirlo del todo. Extrañamente aparezco en la cama, no sé como, pero mientras tanto, la forma en la que caminas ha hecho que la iluminación del cuarto se torne tenue y la sensualidad de tus caderas arrasa el momento justo en que digo tu nombre. La mente da vueltas y el ambiente es etéreo. El deseo entre nosotros es grandiosamente atrayente, nacen calores mientras observo tu figura, en un parpadeo que dura hasta que la luna llama.