sábado, 20 de julio de 2024

Cama y mesa

Quiero ser tu canción desde el principio al fin

Quiero rozarme en tus labios y ser tu carmín

Ser el jabón que te suaviza, el baño que te baña

La toalla que deslizas por tu piel mojada

Yo quiero ser tu almohada, tu edredón de seda

Besarte mientras sueñas y verte dormir

Yo quiero ser el sol que entra y da sobre tu cama

Despertarte poco a poco, hacerte sonreír

Quiero estar en el más suave toque de tus dedos

Entrar en lo más íntimo de tus secretos

Quiero ser la cosa buena, liberada o prohibida

Ser todo en tu vida

Todo lo que me quieras dar, quiero que me lo des

Yo te doy todo lo que un hombre entrega a una mujer

Y más allá de ese cariño que siempre me das

Me imagino tantas cosas quiero siempre más

Tú eres mi dulce desayuno, mi pastel perfecto

Mi bebida preferida, el plato predilecto

Yo como y bebo de lo bueno y no tengo hora fija

De mañana, tarde o noche, no hago dieta

Y ese amor que alimenta a mi fantasía

Es mi sueño, es mi fiesta, es mi alegría

La comida más sabrosa, mi perfume, mi bebida

Es todo en mi vida

Todo hombre que sabe querer

Sabe dar y pedir a la mujer

Lo mejor, y hacer de ese amor

Lo que come, que bebe, que da, que recibe

El hombre que sabe querer

Y se apasiona por una mujer

Convierte su amor en su vida

Su comida y bebida en la justa medida

El hombre que sabe querer

Sabe dar y pedir a la mujer

Lo mejor, y hacer de ese amor

Lo que come, que bebe, que da, que recibe

Pero el hombre, sabe querer

Y se apasiona por una mujer

Convierte su amor en su vida

Su comida y bebida en la justa medida

Pero el hombre que sabe querer

Se apasiona por una mujer

Convierte su amor en su vida

Su comida y bebida en la justa medida




jueves, 31 de diciembre de 2020

Zeke

    Hay un clima hermoso de 25 °C, el sol se empeña en dar la última hora de luz del día mientras preparo el asiento y la computadora. Abro la ventana y dejo que un par de rayos alcancen mi cuerpo. 
    Si tuviera(mos) que describir el 2020 con una sola palabra sería atípico. Atípico en el sentido de ser diferente a los años pasados en un montón de cuestiones, y no me remito sólo a lo personal sino, como todos los que seguimos aquí ya sabemos, a la pandemia que se presentó en todo el planeta y la cual sigue sucediendo hasta el día de hoy. 
    A finales del año pasado contemplaba algunas cosas que consideraba importante realizar en el transcurso del presente, las cuales traté de comenzar desde enero y, al igual que el anterior año, deseaba con todas mis fuerzas cumplirlas rápida y furtivamente para tratar de sentirme mejor conmigo mismo: manteniéndome ocupado del ocio y la otredad que en otros años me había enfrascado. Al principio parecía todo ir en orden hasta que las noticias de salubridad comenzaron a hablar del virus de una manera ascendente, la cual en marzo ya era toda una realidad, al menos hablando del país. 
    Así sin más comenzó todo el meollo de este mencionado atípico año. La cuarentena que se tornó en nueva normalidad y la ignorancia de todos nosotros sigue tratando de asimilar un montón de circunstancias que se derivaron poco a poco de dicha situación, las cuales fueron presentándose con el transcurso de los días yendo desde desempleos, contagios más recurrentes y la mortalidad misma de nuestros seres queridos. Sin embargo, seguimos aquí, siendo participes de todo este embrollo que nos empuja a regañadientes, recordándonos que la vida sigue y no hay mucho que podamos hacer para revertirlo. Queda el ahora, la vacuna que se programa para combatir la pandemia y el montón de acciones que tenemos que seguir realizando para enfrentar el porvenir. 
    El sol ha descendido ya por entre los cerros que se asoman por mi ventana y no hay mucho que quiera seguir contando por acá. El clima sigue estando de puta madre y por mi parte esta noche estaré embriagándome un poco en casa mientras platico remotamente con amigos a los que añoro volver a abrazar una vez más. 
    Cae la noche. Persistimos. 




miércoles, 30 de diciembre de 2020

Mi elemento


 

Tan sólo estando así contigo

Veo mi elemento, veo mi elemento
Tan sólo estando así contigo,
Yo veo mi elemento, veo en el silencio
Veo en el silencio, amor
Tan sólo estando así contigo,
Veo mi elemento, veo mi elemento,
Yo veo en el silencio, yo veo mi elemento, amor
Y se desvive el alba entre los árboles
Rotos de luz y sombra
Rotos de luz y sombra
Y se desvive el alba entre los árboles
Rotos de luz y sombra
Rotos de luz y sombra
Tan sólo estando así contigo
Veo mi elemento, veo mi elemento
Veo en el silencio, amor
Veo en el silencio, amor
Veo mi elemento, amor.
Y para escapar de tu sueño
Lo que yo hago es subirme
En un fuego que pase
¡Y el resplandor
Se habrá marchado ya de mi piel
Cuando en cenizas se torne el cristal
Oh, que fantástico viaje!
Y como arena corre el día
Día que sigue a la noche
Día que sigue la noche púrpura
Y en mi retina yo separo
El agua del cielo tenue
El agua del cielo tenue
El agua del cielo tenue
Y tan sólo estando así contigo
Veo mi elemento
Veo mi elemento
Veo en el silencio, amor
Veo en el silencio, amor
Veo en el silencio, amor
Veo mi elemento, amor
Yo veo en el silencio, amor
Veo mi elemento, amor
Veo en el silencio, amor
Veo mi elemento, amor

Luis Alberto Spinetta

martes, 10 de noviembre de 2020

Arena

    Todo ha de girar siempre. 
    Me lo digo al momento. Me lo dije hace tiempo. Me lo dije en el lienzo que plasmaba de retratos insensibles en los que plasmaba rostros de transeúntes regios en los que proyectaba mi inseguridad hace ocho años. Me lo digo ahora, justo después del comienzo, antes de la finalización de todo esto.
    ¿Qué es todo esto sino el climax de la inseguridad de mi temporalidad? Son las no-me-acuerdo con veinti-tantos-minutos. Hace un vergo de calor. De aquellos. De los que causan hipo con un trago de cerveza bien helada. De los que hacen recordar la fragilidad de los veinti-tantos y la belleza de tu amada. La que creías era tu amada. A ratos. La que no se quedó contigo. Por pendejo. Porque no no quisiste.  Porque no tuviste los huevos. La que se aparece entre-sueños-siendo-la-indicada- ¿La indicada con-respecto-a-qué? A tus pasos. A tus caprichos. A los ritmos que uno seguía cuando la amistad desaparecía y y aparecía la intangibilidad. La no-atemporalidad. El valeverguismo. La realidad.
    En-este-momento son las ocho-cuarentaicuatro de la noche y hace un calor de chingatumadre. Regreso a mi mente. Regreso a ese momento. Hemos estado en el techo de los departamentos cavilando toda esta mierda. Esa mierda antigua. Haz traído una botella de vino. Me empeño en abrirla con un cuchillo de mesa mientras hablas con tu hermano. Tengo éxito . Mientras tanto, te pido los vasos rojos desechables para servirnos el primer trago. No cuelgas y yo saboreo el primer sorbo mientras diviso el regio valle decadente frente nuestros pies. No-es-tan-tarde. Cuelgas. Olvido las primeras palabras de disculpa mientras me enrolo con las canciones espontáneas que me gustan y pongo reproducir. Es una noche hermosa con unas tonadas buenas de unos-pendejos-de-los-angeles-que-apenas-puedo-recordar. Tu brillo entre las luces y sombras me reluce al momento que vuelco mi mirada hacia ti. Estás hermosa, como siempre. Yo no sé en qué punto me encuentro pero te aseguro que estoy ahí, como si todo estuviese varado mientras observo esa mirada inconclusa viéndome fijamente. 
    

miércoles, 8 de abril de 2020

Out of Season

    En qué consiste esta espera y qué es lo que esperamos en realidad.
    Debajo de mis pies yace un calor apenas perceptible que me aterriza en mi escritorio, orillándome a un silencio triste y pasajero. Encima de ellos circula el denso aire que deja el invierno que se aleja mientras la tarde formula la ineptitud de ahondar aquí. Pero persisto.
    Abunda un silencio perpetuo entre la formulación de una idea y el teclear de palabras desplegadas en el procesador de texto. Puedo cuantificarlo sí, realizar una bitácora con una nomenclatura excelsa que me permita después desplegar estadísticas en tiempo y forma y, a su vez, graficarlas y distribuirlas conforme las necesidades del cliente y lo que aún no sabe que necesita. Pero no hay cliente y el tiempo, aparentemente, sobra, aunque al instante replique que de todo lo que puede sobrar en estos días el tiempo es el menos indicado.
    Entonces, no me sobra el tiempo. Son las 14:09 horas. Hace una tarde nublada y aburrida. Habito junto al silencio triste que sé es sólo pasajero y trato de meditar una razonable explicación para tener que sentarme aquí. Fracaso. Y como en todos los fracasos me permito el sentimiento de la huida, del escape de este lugar, aunque se trate de unos momentos, de unos segundos en que la libertad se presente y me libre de este cuerpo, de estas ataduras que me pesan y me niegan la libertad hacia la nada. Y qué es la nada sino un lugar sin espera, sin realidades, sin ideas, sin palabras ni cuantificaciones. Un lugar que no es lugar. Un instante en el que no estoy aquí a las 14:09. Sin tiempo que sobre o falte. Una utopía.
    Vuelvo a mi asiento sin saber si he regresado, escuchando un timbre a lo lejos que procede de un grito incomprensible, un murmullo suburbano. Son las 14:10. Exhalo una suave bocanada mientras el sentimiento de la espera se vuelve a encarnar en mí, sin saber qué es lo que se espera, sin saber qué es la realidad.



domingo, 29 de marzo de 2020

Casa

    Todo el tiempo que tengo libre busco tenerlo en casa. Al pensarlo, idealizo que es algo de los últimos años pero al analizarlo bien me doy cuenta de que va de muchos años atrás. Es extraño, cómo el sentimiento o la idea que se tiene sobre el comienzo de tal o cual actitud me remonta primeramente a la conciencia del comienzo del mismo, pero después y casi al instante descubro las bases de como fue esta actitud desarrollándose sin que fuera de golpe.
    Podría asegurar que este tipo de actitud hogareña se remonta a la secundaria, cuando comencé a refugiarme más en casa para consumir televisión de paga y videojuegos, casi a tiempo completo. Sin embargo, yendo más atrás en la linea del tiempo lo logro observar: el pequeño yo, deportista y entusiasta de los arcades, terminando y refugiándose siempre en casa para emprender cualquier actividad que me permitiera estar solo. Y no necesariamente solo, porque siempre había un mejor amigo que venía a casa para jugar con el montón de muñecos de acción que tenía y que, siempre, lográbamos inventar diferentes historias para pasar el rato. A veces era eso, en otras los videojuegos nos consumían toda la tarde, hasta que el silencio se encargaba de dejarnos disfrutar de los finales sin decir una palabra.
    Hoy no es mucha la diferencia. Me gusta estar demasiado en casa, refugiado del calor de Monterrey y del ruido suburbano. La mañana se va rápido haciendo un rico desayuno con café para mi prometida para después ver mis podcast en la sala, siendo mi única preocupación enviar algunos correos de seguimiento para los proyectos del trabajo. Los videojuegos ,de unos años para acá, se han vuelto nuevamente algo importante para mí, lo cual me mantiene ocupado en largas horas del día.
    Todo el tiempo que tengo libre busco tenerlo en casa. Disfruto mucho de ello. Ahorita mismo debería de estar haciendo algo de limpieza pero opté por escribir un poquito aquí, porque es algo que también gocé demasiado en una parte de mi vida. Y qué es la vida sino lo que está sucediendo mientras haces un montón de cosas.


miércoles, 18 de marzo de 2020

Buen viaje

    Bien podríamos haber dado la vuelta. Saber entender la emboscada: Complemento. Saber desencontrarnos. Cabizbajo y sobresaltado por la situación pude haber claudicado. Vomitado. Huido a raíz del centenar de sentimientos encontrados que surgían del impacto: Suma física. Nada de esto sucedió. ¿Lo nulo?
    Ahí estábamos nuevamente: Superposición. Sin poder comprender que el pasado nos enlazaba y que era el mismo pasado quien nos separaba para una nueva aventura. La más inesperada y así mismo infravalorada de todas: Yuxtaposición. ¿Y qué cosa es aparte de mi el otro individuo sustancial? ¿Quién o qué cosa? ¿La nada? ¿El todo? 
    El mundo.