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jueves, 25 de abril de 2013

Lisa Papineau

    A veces simplemente quisiera saber, ¿cuántas veces tendré que volver a repetirme lo mismo (para estar más tranquilo)?. Tengo que dejar de leer ese montón de mensajes que rayan en las paredes de Monterrey, dejar de lado ese montón de frases optimistas que me incitan al vómito cada día y subir un poco el volumen de los discos que bajé en la semana. 
    Me parece ofensiva la forma en que se presentan: las conocidas paredes blancas con palabras negras (ahora también en color con patrocinio de una conocida compañía de pintura nacional), las personas que lo imitan, los grafitis wanna-be-poet: asco total. En verdad, me dan arcadas nada más de acordarme. Hace un mes, me topé a éste tipo, el autor de "Acción Poética" en mi bar favorito. Se sentó junto a mi mesa con un sujeto que parecía bastante simpático (calvo tenía que ser), en fin, yo me encontraba bebiendo algunas cervezas con dos amigos y lo vi ahí, ordenando una XX Lager igual que su acompañante y platicar con él con las caras muy juntas. Parecían alegres de verse, sintió mi mirada y me volteó a ver. Después de eso dejé de observarlo. Pensaba en sus frases y en cómo las malinterpretaba con palabras contrarias, no frases ofensivas, sino más realistas, más «del-día-a-día-al-pedo-regiomontano».  
    De igual forma, Monterrey necesita de esas frases tontas para pensar en otras cosas, dejar un poquito de lado las rachas de violencia, los trabajos rutinarios de una ciudad industrial y la jeta-de-perro que cargamos algunos habitantes. Y quién sabe, me gustaría editarlas u orinarlas en su defecto, dibujar penes enormes con pelos y venas como detalle, todo esto mientras escucho a Lisa Papineau, siendo ella tan hermosa, con su voz de ninfa americana induciéndome a hacerle un mal a la ciudad, un mal que otros adorarían.
   

domingo, 12 de agosto de 2012

Tengo seis horas de retraso y no tienes por qué enfadarte




    «Tengo seis horas de retraso y no tienes por qué enfadarte». Sí, podría usar esta singular frase en el tatuaje que tanto he pensado en hacerme como una más de las extrañas y piadosas citas que he diseñado, otra más de la lista y, por qué no, el eslogan de mi vida. Al momento de pensar y decir esto, en mi cabeza, suena la más infantil de tus expresiones como una respuesta prefabricada hacia esto, una de esas posibles respuestas que tienes bajo la lengua y que tanto se han grabado en mí.
    El calor está en primera fila y la situación es esta: la tarde anterior fue el embrollo de todo este asunto que ahorita se llama «pedote», como el vulgar y rápido nombramiento a lo más elemental, el polo inferior, el oscuro, el que sólo puede significar que me lleva la pinche chingada. Pero en fin, toda esta redacción de monólogo la estoy escribiendo en esta memoria a corto plazo —por lo pronto—, o más bien, la estoy escribiendo y apenas puedo recordar qué fue lo que anuncié después de lo del jodido tatuaje.
    Creo que pienso que soy un estúpido, cómo puedo pensar que estoy redactando todo esto en una página en blanco de mi cabeza para anexar en un archivo de largo plazo, habrá que ser idiota, habrá que estar como estoy justo ahora: corriendo hasta la central de autobuses con un puto atuendo de licenciado y un portafolio lleno de dibujos que hago mientras como en la cafetería del trabajo, «pura pendejada» diría mi padre. Y la verdad es que sí, pura pendejada, pero esa pendejada es lo que me da de tragar en este país de mierda, y así mismo, está pinche pendejada hizo que esa chava se fijara en mí. 
    Tengo seis horas de retraso y de seguro ella ya va en camino a la pinche capital, ¿qué estaba pensando al creer que ese trabajito sería para mi?, ¡pendejo he de ser!, de veras que sí, pendejo, pendejo y puñetas. 
    ¿Qué chingados mira esa puta gente, qué acaso nunca han visto a un cabrón correr por la única mujer que se ha atrevido a chuparle la verga? Lo más seguro es que si pero no sabían lo de la chupada, y bueno, a medida que sigo corriendo, la forma en que hablo en mi cabeza se vuelve más rabiosa y sosa. Admito que no tengo condición física, ¡demonios tienes una condición de la chingada, brother! 
    Según vi esta mañana la temperatura llegaría hasta los 38 jodidos grados, ¡hazme el chingado favor!, trajesito de licenciadillo de oficina. ¿Por qué este pendejo no me dio el paso? ¡Primero es el peatón, puñetas! Nunca digo estás cosas en voz alta, no tendría esta pinche cara de morrillo de 17 años, tan cuidada y casi homosexual como diría mi tía Irene.
    Chingado Lucía, por qué putas no usas un celular, ya viene siendo hora de que te dignes a aceptar las mínimas utilidades que da el capitalismo. Me enamoré de una hippie y bueno, eres lo mejor que me ha pasado en esta triste vida, aquí me tienes corriendo por ti, pero claro, si no la hubiera cagado al ir a esa entrevista nada de esto estaría pasando. Y aquí estoy, otro pendejo fantaseando con el «hubiera», soy un pendejo y ya no me vas a esperar, ¡Chingado!
    Habíamos planeado todo, con una jodida, seguro me corta llegando a allá, sé dónde va a estar y sé que eso no será el problema, pero el puto pinche pedo es que me vas a cagar, me vas a cagar por haberte mentido sobre la pinche entrevista. No, seguro no vas a entender cuando al fin te dignes a escucharme, no lo vas a hacer y lo tengo bien merecido, por pendejo, por ingenuo y por creer que podría ganarme ese puto puesto cagado. Pero fue un cambio, por nosotros, para bien... Chingado Lucía, ¡seguro me mandas al carajo!
    No aguanto este puto traje de mierda y no llevo el equipaje, tendré que pedirle a la Tita que me lo mande por paquetería, otros pinches quinientos pesos menos. Y me sigue llevando la verga... Pero bueno, ya falta poco, puta central, ya está cerquita. Corre, corre... Pinche semáforo. 
    ¿Qué chingados me voy a inventar? No creo que sea suficiente diciéndole la verdad, ya la conozco, no me la va a pasar, ¡se va a súper mega emputar! Pero bueno, la verdad al menos no es tan jodida, digo, si me hubiera quedado con el trabajo ya tendría el plan seguro para cuando estuviéramos de vuelta, pero bueno, esto me pasa por quedarme callado... Pinche idiota malo para dar sorpresas.
    ¡Ya sé, sí!, le diré que ya me habían contratado, le diré que si, que me hicieron análisis de sangre —si, eso, le hemos estado metiendo duro a la yerba, seguro me la cree—, que me hicieron los putos análisis y luego-luego me los dieron y que salí hasta el culo de toxinas en la sangre. Sí, eso haré. Putas, qué estoy haciendo...
    ¡A huevo! ahí está la puta central, sólo esta calle y ya. Lo bueno que compramos el pinche boleto desde la semana pasada, no mames, ¡qué puta fila ha de haber, me la pelan, putos! Aquí tengo mi boleto, «Sala 3, andén 23-27». Estaría bueno comprarme una botella de agua, pinche calorón.
    ¿Lucía? ¡No pinches mames, ahí está Lucia! Pinche vieja ahí sentada leyendo y yo corriendo como pendejo para alcanzarla.

sábado, 4 de agosto de 2012

Lejísimos

    He tenido un poco empolvado mi blog. Salí de la ciudad y antes de eso me embarqué en un proyecto literario algo privado para publicarlo del todo aquí. El simple hecho de que redacte estas palabras hacen relucir mi falta de personalidad pero, sabiendo eso, sigo con esta especie de entrada de diario que ni a mi diario entra.
   Tengo mucho material de lectura y pocas ganas de escribir, eso es un desequilibrio que tengo que nivelar. El lunes regreso a la facultad y no he salido de casa desde que llegué a la ciudad. Me faltan vitaminas y también me falta un poco del sol regiomontano directito a mi piel. No tengo un quinto y siento la necesidad, cada vez más frecuente, de destruir mi smartphone e irme a escribir pedazitos de canciones a la calle de siempre.

martes, 12 de junio de 2012

sábado, 19 de mayo de 2012

Garabato #29 (Todo comenzó con un cigarrillo mal opıpuǝɔuǝ)

˙oıuɯosuı oƃuǝʇ 'ǝɯɐuópɹǝd ˙sɐɹqɐlɐd sɐʇuɐʇ ǝp énb ɹod lǝ ɹǝpuǝɹdɯoɔ ǝp lıɔíɟıp uúɐ ɐǝs 'sɐɯɹoɟ sɐpoʇ ǝp 'ʎ olɹǝǝl lıɔíɟıp sáɯ ɐǝs 'souǝɯ lɐ 'ǝnb ɐɹɐd oʇsǝ oǝʇloʌ sǝuoısıɔǝp sıɯ ǝp ɐʇuoʇ sáɯ ɐl uǝ 'ollǝ ǝp ǝʇuǝıɔsuoɔ ʎos ʎ osǝ uoɔ ɐʇsɐq ou 'ou oɹǝd ˙lɐqɹǝʌ oʇıɯóʌ ɐ ɹoqɐs uoɔ sɐuısoloƃ ǝʇuǝ ɐɹnƃıɟ ǝs ǝnb ɐɯsıɯ ɐpıʌ ɐl ʎ sɐuıɹɐlıɐq uǝɔǝɹɐd ǝnb soʇuǝl soʇuǝıɯıʌoɯ ǝɹʇuǝ 'ɐzılınbuɐɹʇ ǝɯ ʎ ɐʇuǝsǝɹd ǝs ǝnb 'ɐuıʇuǝdǝɹ uóıɔɐuıɔnlɐ ɐl ǝp ɐpıuǝʌuǝıq ɐl ʎ ǝɥɔou ɐʇɹɐnɔ ɐun ǝp ozuǝıɯoɔ lǝ ǝɹʇuǝ :oƃıs ínbɐ ʎ 'sǝqɐs ol ɐʎ osǝ oɹǝd 'ǝʇɹǝʌ ǝp pɐpısǝɔǝu ɐun ɐʇǝınbuı ǝɯ ˙sǝlɐɹnʇɐu solloɹqɯǝ ʎ sɐǝpı ǝp oɾıʇloʌǝɹ oʇuɐʇ ǝɹʇuǝ ɐpıpɹǝd ɐpɐɹıɯ ɐl ʎ sɐpɐʇɐlıp sɐlıdnd sɐl oƃuǝʇ ˙ɐǝpoɹ ǝɯ ǝnb ol opoʇ uǝ ɐsɐd ǝnb ol sǝ énb ɹǝqɐs uıs sɐíp sop ʎ ɹıɯɹop uıs sǝɥɔou sǝɹʇ oʌǝll ˙ɐıɹɐuıʇnɹ ɐñɐɹƃıɯ ɐl ɹɐlıɯısɐ ɐɹɐd 'sɐuıɹıdsɐ ʎ ǝʌɐll ɐl ǝp ɐnƃɐ ǝp ɐpnʎɐ uoɔ sɐpɐsɐd ʎ sɐpɐƃɐɹʇ ɹǝs ɐɹɐd '(ɐllǝʇoq ǝp ollǝnɔ lǝp oldɯǝɾǝ oɹɐlɔ un uǝ) ɐʇuɐƃɹɐƃ ɐl uǝ uɐɹoʇɐ ǝs ʎ ǝʇuǝɯ ıɯ ǝp uɐʇoɹq ǝnb sɐɹqɐlɐd ǝp oɾnlɟ lǝ uoɔ oƃısoɹd 'osǝ opɐɹɐlɔɐ opuǝıqɐɥ 'sǝnd ísɐ ˙ollǝ ɹod ɹɐʇıɔsns uɐpǝnd ǝs ǝnb sɐıɔuǝnɔǝsuoɔ sɐl 'ǝʇuǝɯǝldɯıs 'o ǝɯɹǝǝl lɐ sɐƃuǝʇ ǝnb uóıɔɔɐǝɹ ɐl ɹod áɹǝs '—lɐɹǝʇıl oʇıqɯá oʇɔıɹʇsǝ ns uǝ lɐɯ ǝsɐpuéıʇuǝ— lɐɯ sɐɹʇuǝnɔuǝ ǝɯ soʇsǝ ǝp ɐíp un ís ǝnb 'ǝʇuǝpnɹd ʎ ɐʇuǝʇɐ sáɯ ɐɹǝuɐɯ ɐl ǝp ɹǝqɐs ǝʇɹǝɔɐɥ sǝ 'ɐɟɐɹƃóuɐɔǝɯ pɐpǝısuɐ uoɔ ǝɹƃıʇ un ǝp sɐɹɹɐƃ sɐl ɐ ɹɐlıɯıs ɐɯɹoɟ ɐun ǝp uǝsod ǝs souɐɯ sıɯ ʎ ollıɹɹɐƃıɔ un ɐpuǝɹd 'ǝɥɔou ɐʇsǝ uóllıs ıɯ uǝ ǝʇuǝıs ǝɯ ǝnb ǝp oɥɔǝɥ lǝ 'ǝʇuǝɯɐɹǝɯıɹd ˙lɐıɔuǝʇsıxǝ ɐɹıʇuǝɯ ɐl ǝp zíɐɹ ɐl ʎ oqɹǝʌ ǝdɹoʇ ıɯ ǝp ǝʇuǝnɟ ɐl :ǝɾɐnƃuǝl ıɯ ɐ sopıɔnpɐɹʇ soıɹɐuıq soƃıpóɔ ǝp ɐʇuǝɯılɐ ǝs ǝnb 'opunɯ nʇ uǝ uɐɹıƃ ǝnb sɐsoɔ ǝp uıɟ uıs lɐ ɐzılɐǝpı ǝs ǝnb 'ɹɐzɐ ǝp ɐsolnqǝu pɐpısǝɔǝu ɐun oƃuǝʇ

jueves, 1 de diciembre de 2011

Jesus fucking Christ!

Hace tiempo que no me daba un tiempo para escuchar al viejo Lou.
Es extraño como un simple lapso de tiempo puede tomar el nombre de año(s), cómo el rostro parece verse un tanto diferente —en mi caso, más bien es el peinado
— y como las mismas secuencias funcionan de nuevo. 

   Hoy abrí los ojos y diciembre estaba en mi puerta diciéndome buenos días, con su regordeta figura y esa sonrisa implacable de siempre. No hay nada que explicar, no hay nada que extrañar, son sólo los días que como vienen se van y uno siempre sale perdiendo la carrera.
  
   Lou parece ser un buen acompañante desde que lo conocí y aquí estamos, como en los viejos buenos tiempos: tomando cerveza entre bocanadas y canciones que dicen más que la experiencia misma.



martes, 6 de septiembre de 2011

500 mg

Soy la dosis que necesitabas.
La única tableta que puede controlar tu organismo
de pies a cabeza sin ser recomendada.
Soy la píldora que no ves en el mostrador.
La única pastilla que puede curarte esos malos amores,
tus profundos dolores.

Me sentirás al instante,
mejorarás tan constante que todo ese dolor
que te invade se esfumará.
Y me retendrás:
en tu sangre me tendrás,
en tus fluidos me ocuparé y sentirás
cómo me engendro en toda tu piel.

Soy la dosis letal.
Soy tu droga ilegal.
Soy quinientos miligramos
que tu existencia mejorará.

No soy la funcional píldora del día después,
soy la de anteayer y mañana otra vez.
Soy mejor que el prozac y los narcóticos de fin de mes.

Forjador de sonrisas delirantes y miradas perdidas.
Soy mejor que los alucinantes y la marihuana sin medida.
Tu viaje ácido de éxtasis esotérico.
Soy la pérdida del pudor sin dejarte esquizofrénico.

La simple tableta que estabas esperando.
Soy yo la dosis que te mantendrá soñando.

martes, 12 de julio de 2011

Lenguaje vulgar ocasional

Mi nombre es Leonardo. Soy una victima más del lenguaje vulgar ocasional. Por razones parecidas a las de todos ustedes, me vi ayudado por ciertas personas que decidieron de una vez por todas, tratar de encaminarme hacia los frondosos caminos del bien. Sé, que al igual que la mayoría de la población de éste país, la influencia de las malas palabras me persuadieron de una manera en la cual, me dejé caer sin precisar cuándo o cómo. Es algo que se adquiere y se mantiene, un orgullo nacional, dígase Lunfardo. ¡Sólo quiero dejarles bien claro que, ni sacándome de la Argentina lograrán que deje de hablar de ésta manera, no seré un aceitado, garcas de mierda!