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sábado, 2 de julio de 2016

26

    He llegado hasta aquí y me es necesario repasar lo más importante que ha pasado. La mayor parte del tiempo me cuesta trabajo darme cuenta de que sigo en pie, ya que voy yendo apurando el paso y atravesando todo lo que va sucediendo sin engancharme demasiado en un solo concepto. Es entonces es momento adecuado para hacer una pausa, reparar en seco y parpadear algunas veces para refrescar mi mente e idealizar todo ese conjunto de acciones y situaciones que he ido atravesando en el año que se acaba de cumplir y lo que, en verdad, he cumplido bajo la lista de supuestos propósitos o metas a corto plazo.
    El hecho de haber nacido a finales de mitad de año me hace modificar el estándar del año en curso, siendo un doble punto de vista o tangente el que me permite separar las diferentes tareas que hay que cumplir, ya sea en el típico enero a diciembre o de cada 29 de junio. Sin embargo, revisando los puntos clave a cumplir, ambas caras de la moneda me hacen saber que lo importante se comparte y son pocas cosas las que diferencian estas dos contrapartes, puntos que, de igual manera, hacen un tanto significativo el motivo de separación.
    He llegado hasta aquí y me es imprescindible conocerme en este momento. Amanecer y dirigirme hacia el espejo del baño con la consciencia precisa de identificar lo que quiero me es elemental, y me refiero más a lo que viene después del acto mismo: salir y encaminarme al montón de actividades diarias que hay que cumplir, aunado a los imprevistos e impulsos que se presentan y salir triunfante, sin tener que sentirme derrotado en un día común de rutina.
    Basta con parar sin reparos, mirar un poco hacia un punto muerto del techo y perder la noción para dirigirme un poco hacia atrás y enterarme de que lo voy logrando. Me lo digo ahora, mientras recreo ese sin fin de hechos en los que me he emprendido y he salido exitoso y, a la par del resumen, entre los puntos pro y en contra, reconozco que el sacrificio de algunas cosas conlleva poder muchas otras más y quedo en silencio para no engancharme en ello.
    Es ya mitad de año y hay un sinfín de obstáculos que puedo ponerme si así lo deseo. Sé que puedo dejarlo todo y aferrarme sólo a lo necesario nuevamente



martes, 3 de junio de 2014

Gustavo Show

II


    Se ha puesto ebria y se ha quedado dormida en mi hombro. Es temprano, llevaremos, si a caso, dos horas en el bar. Los chicos de la mesa se limitan a dirigirme miradas gesticulando su duda ante el acontecimiento a lo que, con una sonrisa forzada y una figuración de sueño, respondo para despreocuparles de su actual estado. Se ha puesto ebria y tenemos que irnos. Nos vamos.
    Le despierto y le animo a irnos del lugar. Procedo a acomodarle la blusa y a despedirme ante las personas indicando su cansancio. Salimos del bar y tomamos un taxi. Nos vamos. Indico al chofer cómo llegar a su lugar. Él se da la libertad de proponerme un camino más corto. Lo acepto. Llegamos, pago y vomita bajando del vehículo. Le espero.
    Subimos a su lugar. Le recuesto. Opto por quitarle la ropa. Le cambio. Ahora tiene ropa ligera y puede dormir a gusto. Me pide que me quede con ella. Me quedo. Me recuesto a su lado y no sé qué estoy haciendo. No puedo dormir. No me deja hacerlo. No es la primera vez que hago esto con alguien. 

I

    Estamos ebrios y son las once de la noche. Nos han corrido del lugar. Es miércoles y estamos en el centro histórico. Hemos llegado a las puertas de una iglesia colonial. Fajamos. Le digo que le soy infiel. No sé si lo ha escuchado. Hablamos de las perversiones de tal o cual persona. Seguimos.
    No puedo dejar de pensar en orinar. Saco mi pene de mis pantalones y siento su mirada morbosa. Meo en la parada del Metrobus mientras este mismo se va estacionando y espera a que subamos. Su tarjeta paga el crédito de los dos. Abordamos mientras bailamos la dicha de la noche. Sé que acabaremos odiandonos un día. Esperamos a llegar, son tres estaciones.
    Hemos descendido al lado del parque de su colonia. Está bien peda. Su madre me advirtió de no embriagarle y lo he hecho. Trato de concentrarme y llegamos a su casa. Disimulo mi ebriedad con comentarios diversos. Prefiere tirarse en la cama. Me hago cargo de su estado. Le desvisto y le pongo el pijama. Habla pendejadas. Su madre no nos quita la mirada. Nos recostamos en nuestra cama inflable en la sala. No sé qué estoy haciendo. No puedo dormir. No me deja hacerlo. Es la última vez que hago esto contigo. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Adiós, Pacto Ficcional

    Hoy, el señor Jorge Regula (@sixarmsonleg) y yo, dimos por acordado el fin de este proyecto. Pacto Ficcional comenzó como una idea de trayecto donde ciertas ubicaciones de la ciudad se fuesen reflejando en textos tangibles e intangibles, en los Lugares y No-lugares, que ocuparan el trama de algo que teníamos la necesidad de contar. El proyecto empezó y maduró en un concepto definido, con ficciones sustentadas en visiones del entorno y no-ficciones que arrastramos banalmente por lo pequeña que sigue siendo Monterrey, mezclando y siendo así un juego de momentos que ya ocupan un lapso de nuestro tiempo. 
    Por ahora decidimos terminar, decir hasta aquí siempre es una decisión importante y esta no es la excepción. Queda un blog y decenas de textos en donde se ve claramente el júbilo de lo que tanto nos representó: un lazo de flashazos citadinos, una bitácora de lo que somos y nunca podremos ser. Y por ahora es lo mejor, tal vez sea un paso fundamental para nuevas ideas, nuevos proyectos, nuevas intenciones que seguir escribiendo, escribiendo, escribiendo. Kaput. 

   Estaremos publicando las últimas dos entradas que son la despedida. Ambos quedamos en el la página de Pacto Ficcional y en nuestros propios espacios:


    Gracias a todos los que se pasaban un ratito a leer. Seguimos estando.

Siempre en movimiento,
Arturo Contreras

lunes, 2 de diciembre de 2013

Gold Flakes

    Uno de estos días te darás cuenta de que no es muy bueno lo que estamos haciendo. Lo digo porque yo lo sé, porque lo entiendo desde el primer momento en que decidí hacerlo y porque me extraña que aún no te percates o, también, me asusta que sigas como si nada, como si fuera de lo más casual. Y tal vez lo sea, pero de los dos yo seré el que pierda.
    ¿Por qué debería molestarme salir nuevamente perdedor? Conozco el resultado que se vendrá si así fuese, seguirían un montón de situaciones en las que me he visto envuelto en anteriores ocasiones y, lo repito, no sería nada nuevo pero tampoco sería lo mejor. «Qué obsesión por cagarla», dirían otras personas, qué necesidad de hacerte sentir miserable ante cualquier acto. 
   Hay necesidad de desilusión, de fallar, de sentirme en el confort del fracaso inminente y seguir aquí, como el intento que se efectúa por el simple hecho de crearlo, sin amor, sin ganas, sin una mínima pizca de sentimiento. Así la recibo, entre brazos que se enlazan y un lipstick rojo que me engendra y me marca, entre bellos gestos y charlas superficiales que pueden durar horas sin un rumbo fijo, porque así estoy ahorita y lo estaré, y me gustaría que te dieras cuenta y, si ya lo hiciste, tendrías que dejar de nombrarme por apodos lindos y esas bobas cursilerías. 
    En fin, de todas formas, no puedo dejar de mirarte un sólo minuto. Contreras a fin de cuentas. Kaputt. 
    

lunes, 1 de abril de 2013

Ficción / No Ficción

    Ficción / No Ficción es un proyecto de escritura que tengo con el señor "Jorge Regula" @sixarmsoneleg  

    Pueden pasar a nuestro blog: pacto-ficcional.blogspot.mx 

    La página de facebook:  http://www.facebook.com/PactoFiccional?fref=ts
    Nuestra página de Twitter: http://twitter.com/pactoficcional

Saludos.

lunes, 18 de marzo de 2013

Je me fous du passe

    «¿Qué tengo que ver yo con mi vida?».
    Angustiadamente tengo que responderle al viento y al eco de mi voz que aún no sé hacia dónde voy. Todavía sigue siendo un verdadero misterio el hecho de que no pueda pronunciar más de dos palabras al tratar de decir algo sobre ello, me callo y me quedo viendo la arena que se traduce como el infinito puro que es y vive bajo nuestros pies para hacernos sentir la humillación que es vivir. Sería fácil decidir algo y hacerlo, no mirar atrás y asegurar que no me arrepentiré de nada nunca, ¿será? I don't think so, gilipollas. Por ahora siento una especie de orgullo e irritación el sentirme así, acabado en el suelo y además escupido por el tiempo que, aunque siempre lo ha hecho, se burla a carcajadas de mi: kaputt. Y no sé, todo siempre ha sido así, ¿por qué habría ahora de resentirlo tanto? "Fuckin' fagot, this life is the same, and you know it, you're the same guy who pretend to live whitout your real life". Desastre de todos los días: la rutina dramática que tanto odias y amas vivir. «Eres puro drama». ¿Lo soy? Lo soy, soy, soy lo que queda. Soy el drama, el producto de mi tonta ecuación mal planteada, and, I'dont know, peut-être que je devrais passer mon chemin sans avoir à se tourner autant de côtés que je fumais une cigarette. Wim Wenders en la playa.
    «¿Mi vida, con qué tengo yo que ver?».
    No con los ojos y tampoco con mamadas como el corazón o un sexto sentido, tengo que ver, ver, ver, ver y entender que lo que veo, lo que percibo bajo el sol y bajo el encanto crepuscular de los días, es lo que se va, lo vivído, lo que ya no necesito, lo que fui, el hoy de ayer: cenizas sin un fénix: el pelo largo que se fue y volvió a salir. I will enjoy this until the night comes, softly, being the human itself, like you, like her and her, elle vit sans mon, elle est ce qu'elle a toujours été: un simple desmadre de la vida: A capite ad calcem.
    «A capite ad calcem».
    Je regarde de la tête aux pieds et ne voient que l'habituel, un résidu blanc qui tourne souvent à regarder le ciel, un cow-boy qui ne peuvent pas monter à cheval, de race blanche qui ne vit pas dans la mer: un sujeto que ya no confiará en los animales heridos. Satisfacción de una vida de mierda. Ab exordio generis humani.


 
    

viernes, 1 de marzo de 2013

La sed mortal

Llevo ya una copa de más, 
aquí en La Sed Mortal, cuando llega Dodó. 
Y yo no me muevo de aquí, 
y aun así habré de llegar a la conclusión de que no hay 
un ser más culpable que yo, 
ni lo habrá, sobre la tierra. 
Y empiezo a pedir así: 
Por las cosas que siento y por aquellas que odio sentir, 
por mi mala cabeza 
porque mi calavera, ella no dejará de reír, 
por las lunas nuevas, 
por las cosas revueltas que dan vueltas dentro de mí, 
por seis años de penas 
y por cosas que ni tan siquiera me atrevo a decir. 
Perdón por mis pies siempre fríos, 
por la noche pasada, y por la otra, y por aquella también. 
Perdón por el Gran Sinsentido, 
por querer comprenderlo y, sobretodo, por no comprender ... 
Perdón. 

Y Dodó me observa, 
y yo le oigo rezar así: "Perdón por existir." 

Y amablemente invito a una copa a Dodó, 
y él me cuenta que incluso los perros se ponen tristes 
después de eyacular. 
Y acabamos agarrados en La Sed Mortal, 
y yo puedo jurar que no hay 
un ser más culpable que yo, 
ni lo habrá, sobre la tierra. 
Y por dos mil años de cristiandad; 
por tener la osadía de alimentarme y de respirar; 
por los superdotados, 
por el hombre tripudo y por la liberación sexual, 
por el circo italiano, 
por el viejo que agita una servilleta al hablar 
y me jura y me perjura que en ella 
ha resuelto el misterio de la Santísima Trinidad. 
Perdón por la gente moderna, 
porque corro el peligro de mirarla y perder la razón. 
¡Perdón, por el amor de Dios!, 
por la gran decadencia de una vida pidiendo perdón. 
Perdón, perdón por los cuatro elementos, 
por la tierra y el agua y el fuego y la polución. 
Perdón, perdón por todos mis lamentos, 
por Dodó y, en fin, hoy pido por esta canción. 
Perdón. 

Y os miro a los labios, 
y a todos oigo pedir perdón por existir.


viernes, 22 de febrero de 2013

Respuestas bajo la cama

    He caído seis veces de la cama esta noche. En la primera caída sólo pude pensar en como eso era recurrente en mis años de infancia y como papá me levantaba y me volvía acostar. En la segunda caída abrí los ojos para intentar ver algo más allá de los recuerdos y el porqué de una segunda caída después de diez años de que no pasaba. Durante la tercera caída sentí a mi perro quejarse y gruñir por el fuerte golpe que recibió, el reloj-alarma marcaba las cuatro veintiocho de la madrugada y mi celular había llegado ya al cien por ciento de la carga de batería, debía de ser una especie de broma el hecho de que fueran ya tres: bola de pendejos. A la cuarta caída entendí que eras tú, que eras tú la que estaba ocasionando esa noche de perros en mi habitación y no pude hacer nada, ¿qué poder tendría yo sobre ti para parar con todo eso? Ninguno. Cuando pensaba que con admitir (entre sueños) que eras tú la razón de mi mal sueño y podría descansar al fin, algo en mi estomago empezó a retorcerse, como algún alimento que me provocase intoxicación (otra vez) y eso me hizo querer aferrarme al sueño. Soñaba contigo, en las estaciones del metro que están al otro lado de la ciudad y una cita en la que habíamos quedado para "quedar en un común acuerdo": dejarnos de ver o seguir sentándonos en la mesa del café aquel para seguir hablando de nosotros y de lo que haríamos con nuestras vidas mientras leyéramos, cogiéramos y nos riéramos juntos, era como cualquier sueño más en el que habitas, casual, con un día nublado con cigarrillos y besos en el parque, pero llegaba al metro, bajaba del andén y te veía esperando al lado de un teléfono público, viendo los carros que estaban por debajo de nosotros mientras yo me acercaba y, al tenerte a dos metros de distancia, me sentía caer, en un abismo de los que siempre hay en esos sueños y la quinta caída de la cama era ya inminente, el golpe se sentía en la espalda. ¿Qué espero con todo esto, qué...? La sexta caída fue la respuesta. 

jueves, 7 de febrero de 2013

Enero y Abril


    Ya es casi media noche y apenas me armé de algo de valor para escribirte un poco. Quiero narrar todo lo que ha pasado acá desde que te fuiste y tratar de dejarlo todo claro con el único objetivo de que me creas un poquito más. Desde el día en que te fuiste no he podido salir a las calles y sentir ese calor veranero que siento cuando estamos juntos por tu casa, sin importar que noviembre reine y tener que soportar esas tremendas temperaturas tan dignas de tu noreste mexicano. Lo extraño mucho y extraño es sentir esta necesidad de querer buscar algo que sé que nunca encontraré aquí: la compañía a tu lado y su necesario calor humano bajo el pecho así como la piel chamuscada de tanto caminar por el centro.
    ¿Por qué si te esmeras tanto en escribir algo que crees necesario que lea no lo mandas como envío urgente o algo más efectivo? Alguna forma que haga la explicación de una manera más ordenada y no como esos gritos desesperados que resuenan por el teléfono y que parecen ser los últimos para poder morir de coraje y decepción. Quisiera creer y decir que me equivoco con cada uno de los malos pensamientos que tengo hacia ti, en verdad que trato pero ejemplos como: «y sentir ese calor veranero que siento cuando estamos juntos por tu casa» parecen formar una buena y rebuscada frase, seguida de: «tener que soportar esas tremendas temperaturas tan dignas de tu noreste mexicano», pero no, sólo dejan a flote al repugnante punto de vista de mi zona geográfica y los buenos deseos que construyes y destruyes cada que llego ansioso por querer estar más tranquilo.
    A estas alturas debes de estar terminando de desempacar en tu pieza. Seguramente te encuentras exhausto por haber llegado temprano a la ciudad y tener que ducharte para ir a presentarte en ese empleo que tanto detestarás y que tomas por también haber tomado esta especie de responsabilidad taciturna pero necesaria y que, de los dos, sólo tú ibas a poder hacerlo. He quedado un poco malhumorada con la última discusión que tuvimos pero también creo que estoy mucho mejor acá, alejada de lo que pueda pasar si fallas y terminas por desquitarte conmigo. No es que sea cobarde, pero creo que te estás yendo a la grande y eso ahora no es tan necesario.
    Claro que iba a ser yo el que tomara el trabajo pesado, el que pondría en riesgo su estabilidad emocional y financiera al tomar un empleo como ese, además de saber que lo lograría y tendría que pasar un tiempo acá, una vez más, para poder tener un poco de mejores bases y poder vivir mejor que el día-a-día al pedo que tanto apesta ya. Sabes refugiarte bien, en esa zona de confort que tanto idolatramos y perseguimos los dos, y que sólo tú sabes aprovechar, querida, pero ah, Tania, el trabajo lo tengo y a ti ya no te tengo nada segura.
    Por ahora me he encontrado un poco más tranquila desempeñando mi papel de buena ama de casa sin marido que atender, hijo que criar y trabajo que renegar, tengo que esperarte para emprender lo que ya sabes tengo en mente y estoy aquí nuevamente sola frente a mis libros y ese montón de tiempo de sobra que, a veces, tanto derrocho en estas fechas. Conocí a la vieja señora del departamento de arriba ayer en la entrada del edificio y resultó ser gran aficionada a los juegos de mesa y el té con galetillas de mantequilla empacados, ya sabes, algo que se me puede acomodar entre seis y siete de la tarde mientras te encuentras en camino a tu casa y mis lecturas vespertinas llegan a su fin. Es buena gente la vieja y no deja de darme gusto el hecho de que su hermano y la mujer que amaba hicieron algo parecido a lo nuestro y resultó un poco como ellos querían y un poco como el tiempo se los dio y digo, bueno, al fin de cuentas obtuvieron algo de recompensa y, ahora, justo ahora, me siento como esa protagonista de película americana que aprieta el pañuelo pañoso (de tanta transpiración) de su hombre y suspira, discretamente mirando hacia la esquina superior derecha de la pantalla en tecnicolor.
    Al menos me entero de que estabas mejor, tranquila como nunca y disfrutando mi ausencia como se aprovecha la lluvia en el verano, sin nada que pensar para mañana, Tania, que es lo que siempre quisiste. A veces te imagino escribiendo estas cartas llorando y después te visualizo con un gotero en la mano calculando el lugar exacto en donde derramar las falsas lágrimas que tanto me entristecerán al verlas. ¿La vieja del 56? Pensé que la odiabas, recuerdo que hasta le llegaste a robar los recibos de su buzón, casi asegurando que sería el fin de los tiempos si alguien llegara a cartearla, pero bueno, al menos me estoy más tranquilo al saber que puedo pensarte junto a ella mientras me encuentro de regreso a casa dentro del camión lleno de gente harta de vivir. Y bueno, Tania, al final de cuentas esta será una más de las cartas que redactas en tus cuadernos de cuadro chico y que escribes con diferentes tintas femeninas y que, como las anteriores, serán una muestra de ese amor que tanto recibo y que, poco a poco, puede llegar a matarme caminando del baño a mi habitación. ¿Habrás visto las películas de la nouvelle vague que te dejé?, lo dudo.
    «Il pleure dans mon cœur / Comme il pleut sur la ville», extraño no poder sentir ese calor que te acompaña en donde quiera que estás, me aterra tener que pasar un día más y otro sin ello, sin ti, sin esa parte de mí que me recuerda de que estoy viva y puedo ser un asco total o un alivio para cada uno de tus tropiezos. Pero acá estoy, con lo que en verdad merezco, con los bolígrafos llenos y tristes e inservibles, con las palabras menos llamativas de las enciclopedias, con ese pensar y querer adivinar que nos depara mañana.
    Tania, tú y tu amor por la verga de Verlaine en el fino culito de Rimbaud. Podrías haber venido, esperarme acá, en el departamento que tuve que alquilar para no ver a mi familia, hablar de lo que no hice en el trabajo y las ideas para los fines de semana y un poco de sexo tras la jornada, pero no, según tú merecías un poco de tu espacio para releer los libros de siempre y codearte con una vieja que ni siquiera sabe que su hermano era el más marica de todo el  barrio.

martes, 15 de enero de 2013

Al ver verás

    Entre las cientos de calles que se encuentran en esta pequeña, pero incomparable ciudad, los pasos que se ha tragado el suelo han sido siempre el motor indiscutible de querer encontrar ese algo que Germán sabía que existía y que, como Sabines opinaba de los amorosos, buscaba pero nunca había encontrado. Había caminado a pasos lentos y rápidos entre las edades de la pubertad y la, ahora, presente juventud en una búsqueda de lo romántico en los pequeños y valiosos detalles que encierra el tiempo, el polvo y la vida moderna y ajetreada de la nueva población regiomontana. Su última resistencia a la muerte lo había mantenido siempre al borde, siempre pensando que lo más normal contiene una doble utilidad a pesar de lo que dice toda lógica.

       Existe un lugar, como en varios sitios del planeta en donde las cosas se ven diferentes, un punto en la ciudad de la que menos se puede sospechar y un solo hombre estaba destinado a encontrar. El hombre aún no conoce la historia, más sin embargo, sabe que el mundo es demasiado basto como para sólo contener lo que todos vemos.

    Pasaban quince minutos después de la salida de su empleo cuando Germán optó por tomar la calle de Padre Mier para aprovechar el tiempo en una larga caminata. Su mente se alojaba en recrear momentos de prolijidad literaria en un mundo en el que la banalidad del entorno es la rutina y el confort, mientras, en sus pasos, se alojaba el destino de un encuentro misterioso ante una de las situaciones más excéntricas y misteriosas entre la humanidad y el secreto de la tierra. El invierno comenzaba ese mismo día y, como con la mayoría de frentes fríos que pisaba la ciudad, el viento helado del norte se adueñaba de las hojas con tanto desdén que Germán pensaba que todo se debía a que «Dios quiere ser el viento y así ya no podría sentir más frío». Así se iban sus tardes, así se iba su vida en aquella triste calle del centro de Monterrey.

    Entre los silencios que el hombre guardaba y la ola de discretos sonidos que ambientan y se disuelven por esa lúgubre zona, Germán encontró la frase que se marcaría como la llave, la clave encriptada entre versos y un poético berrinche meramente humano, un despliegue ante todo ese arranque de catarsis que había desarrollado a lo largo de la vida: «Quiero ver todo, todo hasta la muerte...ver que vivimos para ser felices». De pronto, un crujir se adueñó de todo el entorno que ocupaba a Germán, un sonido extraño que enmarañaba, de menos a más, el oído del hombre. Era la ventana, la abertura que estaba frente a él, mientras, lo demás, era lo inexistente, lo contrario al suceso que ahora se volvía el centro de todo.



Ven a verme, 
al ver verás 

yo por allí
tengo una sombrilla 
corrí por las ciudades 
me cansó la codicia 
solo tengo una vida 



    Había una serie de palabras entre todo aquel montón de chasquidos entre dedos que no se veían, llantos que se apoderaban del fondo sonoro y toda esa revoltura de colores opacos que salía y surgían del enfoque que Germán percibía.



Por mi ventana, 
de al ver verás 
brilla un rayo al amanecer 
las horas ya no pasan 
las heridas se han ido 
todo dura un instante 
todo dura un instante

para toda la vida



    El espacio de la escena pasaba en un pequeño lapso de tiempo en donde, en otras zonas, sucedían dos choques en menos de 3 km a la redonda y dos parejas tenían sexo como los meros animales que eran. Germán existía, allí, entre una ventana misteriosa que, sin más que agregar, era el símbolo de lo que, pocos, pueden detallar su fin.  Entre todo ese arrebato del alma y el despliegue ocular que se traspasaba hasta sus pupilas, Germán entró en un juego de ideas y palabras que se formaban bajo los impulsos fortuitos de un trance y su clímax:



“Sé que estoy vivo, 
que vuelo en reposo 
bebiendo la linfa, 
de la soledad 
mientras el mundo, 
todo se va hundiendo”



    Había comenzado un discurso entre la forma y el formulado. La ventana era el acto esperado mientras Germán succionaba espasmos y exhalaba con brusquedad animal.





Y al observar toda la locura 
la sociedad o lo que ya se fue 
entiendo que tu amor 
transpone todo refugio 
quema todo y sin armas



    La canción seguía, hablaba por sí sola. Sonaba y descubría sus secretos para un pequeño y mestizo hombre del mundo occidental. La voz resonaba hasta en la última célula de Germán. Un fluido era decir una mínima parte, un centenar sería apenas acercarse. Apenas pasaba el grotesco retorcer del llanto cuando Germán respondía:



“Quiero ver todo, 
todo hasta la muerte 
ver que vivimos 
para ser felices“



    El hecho de querer descubrir qué era lo que Germán quería era, por ahora, un buen indicio y la ventana, el ente o lo que fuese, estaba logrando que el hombre quisiera adentrarse sin importar nada más.



Ven a verme y al ver verás 
yo con mi cuerpo te cubriré 
no importa que abandones 
lo que ya no resulta



    Poco, poco se podía ver de Germán y tanto se podría especular. Se esmeraba en responder toda esa lluvia de mensajes y choques místicos cuando, de pronto, la ventana se volvía a adelantar con su canto:



todo dura un instante 
es mejor ser el viento 
todo dura un instante 
para toda la vida



    Esto es el centro del todo, Germán lo sabía y sabía que era su destino seguir en esa entrada de lo incierto, en ese desalojo atípico del ser y lo que éste sugiere:



“Una calle despejada, 
donde ya no queda nada, 
donde volverá solo la lluvia”



        Germán,  entre cada búsqueda, estaba siendo víctima de sus propios deseos al lograr encontrar una especie de efecto placebo a la necesidad de querer saber de algo más allá, una prueba de que la vida significa más que responsabilidades y rutinas de jornada. 



“La noche escapa 
sin saber porque”



    «Un insólito abismo que testea los cuerpos que tan solo habitan lo que fue». Existe un lugar, como en varios sitios del planeta en donde las cosas se ven diferentes, un punto en la ciudad de la que menos se puede sospechar y un solo hombre había descubierto.



“Y doy mil vueltas, 
por los hilos de un cordón 
mientras el mundo 
gira en el Edén” 





    El hombre nunca conocerá la historia, más sin embargo, sabe que el mundo es demasiado basto como para sólo contener lo que todos vemos y creemos entender.



“Toda mi vida, 
resbala en seis cuerdas 
sube y se tira, 
de nuevo hacia arriba” 



    Poco y mucho se puede decir de lo que significa Germán y de quién es este individuo. ¿Y La ventana?



Quiero que sepas 
que escondo en mi adentro 
cuerpos iguales



    Dentro del recorrido de los flujos multicolor, las caricias que el cuerpo brinda al entorno y las desgarradoras lágrimas que comete el atardecer ancestral del acto, la ventana parece ser la víctima que sustituye al victimario, el triste cantor del sueño imposible que ahora toma el trono y brilla como la sorpresa que pronto aniquilará.



“Te quito de todo, 
lo horrible de este mundo”



    La noche da comienzo bajo el negro infernal en un tono azul casi morado. La hija de la lágrima resbala en la escena del fin del acto. Germán anuncia sus últimas palabras:



“Siento que me llaman, 
sin sonido”



    Un crujir se adueñó de todo el entorno que ocupaba a Germán y a la luz, un sonido extraño que enmarañaba, de más a menos, el oído del viento. Era la ventana, la abertura que estaba frente al suceso, mientras, lo demás, era lo inexistente, lo contrario al suceso que ahora se volvía el centro de la nada.



no pensé en ningún lugar

no pensé en ningún lugar










Nota: Los fragmentos entre comillas y los que están centrados forman parte de ciertas canciones del disco "Tester de Violencia" de Luis Alberto Spinetta.


   

sábado, 22 de septiembre de 2012

Amo el número 13, qué mala pata

    De los días en los que me doy cuenta en que por más que sienta y crea que hago un poquito para darle sentido a mi vida, siempre nace un lapso de distimia: un momento justo para odiarme y odiar a todo el mundo hasta el fin del hastío. Así me conoció esa vez, en un momento de ansiedad en el que mis brazos reflejaban el soliloquio que siempre ha sido mi film, esa película asquerosa que alguna vez intentaste ver en un lunes de asueto y que aburrió a más de un par en menos de quince minutos.
    No tengo nada que mostrar ni nada nuevo que contarte, porque no quiero, porque en verdad no tengo nada que decirte, sólo que, te odio como a todas esas circunstancias que llegaron a hacerme creer lo contrario. Qué puedo hacer, así voy a ser hasta el día en que deje de verte cada vez que mire el espejo.