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miércoles, 11 de diciembre de 2013

20-19

    Son las diez de la noche y el lugar ya está casi totalmente deshabitado. ¿Será por el frío, será porque es martes? No lo sabemos y no lo queremos conocer; queremos sabernos, no conocernos: saber que es lo que hay más allá de las cuestiones en común y el extraño lazo que hemos creado. Lo hemos hecho, con diferentes puntos de vista maybe, pero con el mismo resultado y esto es el 20-19. 
    Nos adueñamos torpemente del lugar y de los dos espacios en cuestión, con decisión repentina, fundamentada en torpes ansias del deseo e instinto animal, al menos, de mi parte. Y ahí estamos, y ahí estoy: figurando no tenerte mientras te doblas bajo múltiples sensaciones, actuando y pensando en el pequeño límite que tienes preestablecido: rompiendo todas tus reglas, sus reglas, rompiéndome a mi mismo toda la madre. 
    Eso es el 20-19: una señal más del rastro que vamos dejando a través de la ciudad. 

martes, 6 de noviembre de 2012

Estoy casi seguro de que el comienzo de esta corrida fue el final de aquella tortura

    «Son las ocho con catorce minutos y mi voluntad sigue siendo tan pequeña como ayer»... «¿Cuántos minutos han abarcado las ocho con catorce en mi cabeza, cuánto más durará este eco?»...
«Sería extraordinario, si, verdaderamente extra-ordinario el hecho de que alguien ajeno a mi, o a ella, bajara desde el cielo y me indicara el camino que sigue después de las ocho catorce»...«Eso es un Deux ex Machina»... «No recuerdo su nombre, ella no es la de la imagen en mi cabeza»... «La palabra Puzzle reluce en mi frente cada que me veo al espejo en las mañanas»...
    «¿Dónde quedaron sus gemidos, serán esclavos del viento?, ¿del tiempo?, ¿de las ocho con catorce?»... «Se fue»...
    «No entiendo el sonido que deberían figurar sus labios, qué querrá decir?, ¿estará diciéndome que se encariñó ya?»... «Soy el fruto del miedo consecuente de mis actos impulsivos»...
    «Ocho con catorce»... «Sólo recuerdo otra cogida como esta, sólo una y fue con otra, con la de la imagen en mi mente»... «¿Quién soy?»... «Sus leves llantos resonaron en la habitación hasta lograr fundirse en las heridas que dejaron las uñas de la otra mujer en mi piel»... «Ella es otra»... «¿Quién soy?»... «Ocho con catorce»... «Al terminar se posó en mi pecho cariñosamente para, después, comenzar a detallarme su vida tras el vaivén de mis pulmones»... «¿Qué quiere de mi, qué hice para merecer esto?»... «Mi mente me está ganando, ya no veo a esta chica, la que se supone que está aquí, es aquella, la otra: cabello rizado, olor a fresa»... «¿Ocho y cuánto?»...
    «Ocho con catorce»... «Si, ella fue la que me sodomizó, la china»... «Había látigos en el buró, la luz era roja»... «Ocho con catorce»... «Su piel blanca captaba mi atención, sus pechos pequeños brillaban bajo los reflejos de mi lujuria, su vagina sonreía»... «Me dolió»... «Quiero más, más, por favor»... «Lo merezco»... «Ella planchó su cabello y después siguió hasta mi para quemarme delicadamente en los muslos»...  
    «Ahora me llamo Elisa y jamás te enamorarás de mi»... «Prepárate, son las ocho con catorce».

sábado, 12 de mayo de 2012

DSC01380.jpg

La primera vez que describí esa foto fue ante una audiencia de dos animales y un humano dormido. Sí, recuerdo que tu pequeña cachorra yacía dormida debajo de la mesa, mientras una cucaracha se paseaba por la intersección de las dos paredes y el techo de tu sala, y tú, tú estabas plenamente dormida sobre mi pecho. 
    Recuerdo que la osbervaba en aquel viejo móvil que tenía. La devoraba día y noche, mientras más tiempo pasara frente a esa pantalla de 240x320 era mucho mejor, y vaya que lo hacía. He de admitir que aquella fotografía despertaba en mi una desorbitante cantidad de fantasías, desde la más romántica y empalagosa hasta la más vil y brutal situación de deseo. Era tan subjetiva que se prestaba para casi cualquier destello de dulzura y perversidad. 
    Sí, la primera vez que la describí lo hice susurrándolo a tu oído. La audiencia eran los presentes y tu pequeña oreja era el destino, el receptor deseable y final de todo ese flujo de  encantadoras y grotescas palabras tan mías, tan abrumadoras hacia la paz del entorno.
    Era más o menos esta hora: los perros ladraban, todos parecían estar profundamente dormidos y tú eras el equilibrio entre frases armadas de tabaco, caricias en el cabello y la majestad de la noche.

La foto, obviamente, no será posteada.

sábado, 14 de abril de 2012

Erotismo IV

Voy por ti en búsqueda de lo deseado, de lo necesario y de lo prohibido, del conjunto de sabores y sensaciones que redescubro, cada vez que tu cuerpo desnudo brilla con la luz de la luna y la atracción de tus caderas se siembra hasta en la más profunda de mis células.

Erotismo III

Habitemos el silencio y abramos nuestras bocas con la fina intención de saborear la sazón añeja que dejan los días en nuestras pieles, lo salado del rastro lagrimal en el rostro y el dulce ácido  que fluye entre las piernas. ¡Salud!

Erotismo II

Hagamos del erotismo la religión por defecto, nuestro trueque nocturno que se extiende hasta el calor del día y el despojo del materialismo insensato e irrelevante. Formemos el espacio libidinoso como burbuja oxigenada para la creación del encuentro carnal, despójate de tus prendas, olvidemos las penas y déjame sentirte en el calor más añorado, el infierno pasional.

Erotismo I

Tal vez ya sepas a la perfección de la urgencia y dependencia animal que me brota cuando estás a mi lado, cuando el olor de tu piel me intoxica por dentro en el cumplimiento de atracción sexual justa y necesaria.