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jueves, 3 de julio de 2014

Tinta azul

    Hace ya cinco meses de mi última anotación aquí. Es un tanto triste saberlo, más bien, darme cuenta del poco tiempo que le he dado a una de las actividades que, creí pensar, me era prescindible. Al parecer, la idea de anotar, transcribir y tener un registro de todo aquello que me circunde la llevo más presente en la mente, en una idea-objetivo, físicamente resumida en una agenda compacta con trazos certeros a manera de lista, en donde recreo lo que va pasando. Y qué es todo aquello que ha pasado, es decir, a dónde ha ido a parar toda esa estúpida prosa de la que en algunos ayeres me sentía, si no orgulloso, al menos, labrador. Momento de hacer una pausa, carraspear y levantarme de manera decidida de mi lugar de trabajo. 
    Entre el bullicio de la oficina a las cuatro de la tarde, me sorprendo caminando errático ante la imagen del anonadado desdén anterior, un shock que se entrega en renglones vírgenes y blancos: pulcros espectros de mi idolatrado e inexistente autismo y el mal manejo de mi vida. Espacios vacíos en el cuadernillo que golpean ante la comodidad rutinaria del godínez que me estoy haciendo. Ciertamente y lo puedo decir con toda la tranquilidad del mundo, el deslinde momentáneo de esta tarea autodisciplinaria por lo menos me ha dejado ahondar en otros puntos de vista, actividades y remembranzas: vaivenes del momento. Como actor principal de esta mala asignación de roles y guiones, torpemente me dirijo a reacción consciente rumbo a la salida del trabajo. Es el impulso el que me ha levantado, es el instinto el que me ha guiado paso a paso por el mismo pasillo de siempre, mientras vacilo entre el ruido seco de mis zapatos en el suelo y la búsqueda de otra desconocida búsqueda y que, al final, me cruza de nuevo con la presencia de sus ojos, firmes y profundos: el silencio.
    «¿Qué ha pasado en todo este tiempo?», me digo ahora  a manera de semejante fantoche en parafraseo y después como pregunta. No hay respuesta, no hay ganas de seguir. Volteo hacia el reloj despertador y recalco la hora en mis labios, yéndo de la fresca imagen vespertina en su mirada hasta la recolección de sucesos de los últimos meses: inyección de mala síntesis del tiempo: «sabés que no aprendí a vivir». Sigo bebiendo como idiota mientras esta tonta tinta azul me mancha los pulgares y pienso en ella, y luego en la otra ella para decirme, entre prestos y adagios, que el tiempo es mi único proxeneta conocido. «Sos una puta, una guarrilla, un jeta de santo, una cagada», yo soy.
    Son sus ojos los que ahora me tienen acá, escribiendo de nuevo en renglones insensatos, sediento de algo que vaya más allá de lo que previamente he bebido. Deseo de poder y es ese el punto, el golpe, el mierda que me florece y están por ahí todas ellas quienes pueden afirmarlo. No tengo objeción alguna.
    Te he estado espiando, chica. 




    

martes, 11 de febrero de 2014

Nota en la esquina de la agenda II

    «¿De quién es la culpa si no es de los lunes?». Una pregunta tonta que aparece de la nada, hoy, en un lunes más del año en curso y un dolor de cabeza que me despierta para hacerme pensar el porqué de dicho dolor. Podría haber sido el alcohol, pero ayer no hubo alcohol, podría haber sido el dormir de más pero ahora eso no me hace sentir culpable de nada, en lo absoluto, y si ese fuera el motivo, lo acepto y me siento culpable de un placer necesario. 
    ¿Placer necesario? Un tema que bien se puede ir abriendo ampliamente dependiendo de los gustos subjetivos de cada persona y que, en este momento, poco me interesa saber. Sin embargo, los días van pasando y el pensamiento de necesidad aparece y desaparece como un recuerdo o un capricho que controla el subconsciente, yendo y viniendo entre ocasiones rutinarias del miércoles cualquiera hasta el instante exacto en que estás teniendo un orgasmo: sorpresa y, ¡carajo!. Anyway, que para gustos se rompen géneros y para los géneros si que se rompen los gustos, y no pasa nada, sólo esa masa de gente con placeres rutinarios y semi repentinos en donde el pasar del tiempo juega el rol de sentirse vivo o, al menos, con cosas importantes qué hacer. 
    La culpa entonces queda a merced del mejor postor, del yo, del nosotros, del mundo entero que se está enculando a sí mismo, como la ley de la vida en donde el flujo existencial tiene que hacer precisamente eso: fluir para seguir adelante, mientras haya un culo más que encular y sentirse vivo, en una soledad interna espectral, producto de un modelo en común: padre solitario, un dios solitario para alejarlos a todos. 
    Los lunes no tienen la culpa de todas tus mamadas. 
    

martes, 28 de enero de 2014

Linda

    A inicios del año pasado, ella llegó y me preguntó si podía sentarse a mi lado en un día casual, del cual, poco se puede rescatar. Me miró a los ojos en aquel domingo nublado de vientos variables y, brevemente, mientras me miraba comer, me cuestionó sobre si extrañaba todo aquello, como si fuéramos de nuevo una parte del pasado, de un ayer que ella recordaba y yo jamás creí vivir. 
    Al principio cabíamos en una conversación de horas sobre temas irrelevantes que se ponen en la mesa: ases bajo la manga que, más bien, se tienen en la cabeza y se arrojan como la mezcla ascendente del contexto en cuestión, como artimañas del yo interno y lo que se deja expresar, a partir de esas ideas y el filtro que vienen siendo nuestras palabras. Siempre es agradable tener temas así con quien compartir pensamientos y para mi era lo interesante de la situación. 
    A la larga empezó a sonar infantil, por no decirlo de otra manera. Me tomaban por sorpresa esas palabras o acciones, lo cual parecía un tanto cute al principio y no supe qué decir. Le compartí mis posiciones al respecto en esos temas y comenzó a hablar de su pasado, como si yo pudiera hacer algo al respecto, algo que ni si quiera deseaba hacer. Un día me mandó a la verga y fue bonito, fue bonito sentirse aliviado de no tener que corresponder con tontas mentiras y volvió, se tranquilizó y no era para menos. Sin embargo, su extraña posición en la vida no se admitió a si quiera recibir invitaciones a salir ni unos besos y terminó por mandarme a la verga, de nuevo. Es la segunda piscis con problemas mentales con la que me cruzo, tengo que evitarlas y es todo lo que sé. Kaputt. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

Las calles (I)

    Por cada vereda que camino voy buscando tu rostro. Miro, pestañeo y volteo a todos lados, en un proceso que se va repitiendo y, es que, perdóname, te estoy buscando en las calles. No puedo evitarlo, hacerlo no me tendría más contento ni mucho menos. Trabajo arduamente tratando de absorber nuevamente la pequeña chispa de tu mirada, la cegadora, la que me mantiene fuera de este mundo tan mío, tan gris y ambiguo donde todo tiene total indiferencia. He quedado desempleado por recorrer siempre las calles con esmero, conté los pasos desde tu casa hasta la mía y no te encuentro, en las calles, no te veo sino hasta en las noches en que cierro la puerta de mi hogar.
   

jueves, 30 de agosto de 2012

Dildo en el ojete

    Hoy no voy a contar una historia, más bien, hoy voy a intentar robarte esa que me gusta tanto, la que escribiste sin darte cuenta y, como la mayoría de la gente, olvidaste darle la importancia que en verdad merecía y valía la pena seguir escribiendo.
    Me es difícil asimilar que fuiste tú la causante de todos esos embrollos que aún prevalecen en las esquinas de tu barrio, como todas esas sombras de los asesinatos que vagan por ahí. En fin, cada vez que camino y pienso en eso no puedo evitar dibujar una tétrica sonrisa que más bien es una mueca de sorpresa que se plantea y delata mi sofocante indignación.
    Tu cuerpo me parece a veces tan delicado, tan pequeño y frágil como para poder soportar una carga y acción como esa, una vida de delitos y excesos llenos de sabiduría citadina y ejemplar para todos nosotros, los hijos de las calles rotas. En fin, es un deleite todo eso que digo, es una sorpresa fulminante que nunca perderá su efecto en mi mente, sobre todo en mi libido, quien procura hacerme pasar erecciones tanto en el transporte público como en la oficina.
    Anoche pensaba en cómo robar esa historia, y no me refiero a adaptarla a una novela ni nada por el estilo, sino, hacerla mía, como una especie de vivencia reprimida de adolescencia o una de esas chaquetas mentales que adaptamos y contamos tanto que, al final, terminan siendo nuestro mejor recuerdo de vida. Digo esto después de haber comprobado que un montón de historias o, más bien, aventuras, son totalmente falsas hasta las pestañas, como el astuto cuento de Ramírez  en el que presumía de haber tenido sexo con tres de sus primas en una de esas tontas excursiones que organizaba la Yola, su prima mayor.
    Creo que no tengo problema en el caso de que eres mujer, digo, si quisiera adoptar tus vivencias en mi mente pues, lo haría, digo, tengo flexibilidad con respecto a eso y las broncas que todavía te cargas, pero del montón de vergas que chupaste sería como tener una enorme piedra en el zapato, sólo que en mi caso se parecería más a traer todo el tiempo un dildo en el ojete.
    
   

sábado, 12 de mayo de 2012

Anselmo, el lluvioso

Anselmo el lluvioso se limita a mirarte:
Siente que el fin de tus males
 llegará 
con 
un 
beso 
que él te dará;
Reclama tu atención 
con 
simples suspiros 
modestos
y anarajnados
que inciste
en crear;
Aumenta
el volúmen
de 
su
pecho
cuando pasas 
frente a
él;
Engendra imágenes
en 
su 
cabeza
en donde
te toca
te
moja
con
la punta de 
su
lengua;
Anselmo el lluvioso 
se
masturba 
con 
tu
foto
dos
veces al
día, 
una 
en la
ducha
y otra 
en 
los baños
de la 
oficina;
Insiste en observárte
entre
los estantes
que
procuras
ordenar
y las
plantas
artificiales
que tanto
polvo
has dejado
alojar;
Anselmo el lluvioso
fantasea 
con tu 
cuerpo 
de
mujer madura
y
entre
cada 
junta labral
acaricia 
su pene
pensando
en que
es tu
mano
de 
señora
de limpieza
la 
que,
al fin,
actua
como siempre
ha 
soñado.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Hoy me llamo "estanque"

    Llueve, no es ninguna novedad pero me gusta recalcarlo, como me gustaba hacerte recordar las paredes que marcabamos los jueves, esas que para cualquier otro individuo podrían ser simplemente el entorno del centro pero que, más bien, eran la prueba de la necesidad de escribir y contar unas cuantas palabras. 
    A veces no se por qué motivo me gusta mencionar tales o cuales vivencias, sé que la mayoría de esas te afectan y a mi también en cierto modo, pero es un defecto verdaderamente involuntario, como mis achaques de ansiedad generalizada o como el fuerte olor que dejó en la toalla de baño...
    No creo en la virgen, en las reuniones familiares ni en los señores morenos con dentadura excelsa, esos se hacen pasar por la juventud super en onda de hoy. Lo sé, soy antpático y no lo niego, hasta eso, lo afirmo con un movimiento de cabeza que te encamina a formarte una idea de lo aburrida que será tu estancia conmigo.

jueves, 21 de julio de 2011

11:40

El agua caía lentamente hasta tocarme.
La música era lenta, casi muda: suspiros.
Su mano yacía centímetros de la mía, colgando.
En
un
instante
ella
me abrazó.




y recuerdo el zoom, sólo porque llovía (México, D.F.)

sábado, 11 de junio de 2011

Casualmente

Casualmente me desvanezco, antes de que suene la alarma de las veinticuatro horas del suceso y el acceso. Ha habido un montón de ruidos graciosos en la prisma del dolor, y se generan toda clase de silencios que abochornan lo glamouroso, lo espasmódico del encuentro: la quemazón corporal. Todo esto mientras vacilas en el melancólico atardecer, tan típico de éste mes, tan fortuito como ayer. El cuerpo arde y la sonrisa se mantiene. Los críticos se vuelven inofensivos mientras yo me consumo, en la caída del albino, en la nostalgia que te inunda.