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martes, 17 de junio de 2014

Ruleta rusa

    Ha pasado un tiempo ya y todo parece haberse ido tan rápido. El cambio de los rumbos es siempre una ventana abierta a lo impensable, a lo no tangente y ese es siempre el placer de dicho acto, en un juego oscilante de trazos efímeros que se van creando y destruyendo para abrir nuevos horizontes, nuevos puzzles para el reto de la autodestrucción desmesurada. He aquí la base de toda ese serie de contrariedades en las que me engendro y que ya comienzas a percibir.
    Verte es siempre un tropiezo, lo digo ahora mientras crees en en mis aptitudes más haya de las actitudes que te he dejado percibir, siendo la contemplación de un estable panorama la superficie del iceberg: lo superficial que tanto te acomoda y la amigable manera de dejarme ver como un ser cálido y sereno para tus tolerables ojos castaños. Todo puede ser así, y lo ha sido a pesar de los aprietos. Y, sin embargo, el cañón ha estado siempre apuntando a mi sien con un circo ambulante que presume del hombre de la ruleta rusa y su valiente estupidez, apostando más allá de un sólo encuentro, siempre en medio del tumulto en el que te encuentras como creyente y espectadora, como la mujer más noble en el peor de los lugares posibles, una visión pobre y chusca de Gelsomina y Zampanò.
    Ha sido tan rápido y las largas horas de trabajo no las logro recordar mientras de nuevo estoy en tu pieza. Cae la noche y poco puedo mencionar sobre los cientos y cientos de palabras que se acumulan en mi garganta y que no logro ahogar pese al tabaco, el alcohol y las pocas agallas que me cargo cuando te tengo de frente y entro en derrumbe. ¿Qué es eso que deja percibir tu cuerpo mientras fluyo en silencio? La paz del rayo bajo su aniquiladora interpretación del holocausto, el flagelo del significado que me azota hasta la más irrelevante de mis ideas: temblor que pasa y nada más.
    Como perro en celo, triste después de eyacular, me levanto por la mañana. Aprecio tu cuerpo y el rastro del abandono, de tus días que no fueron míos y lo mío que nunca llegarás a tener. Observo el nicho de la voluptuosidad del no-control y figuro una mueca, una que recalque la superioridad de mi insolencia y la ineptitud del tiempo que sigue empujándome a la quebrantable razón que me forjo en dos segundos a pesar de la decisión y regreso al tropiezo. Tropiezo que doy mil veces y me vuelvo a inscribir: secuencias: vivir.
    Por ahora tengo los pies un poco jodidos de tanto tropezar, la cabeza un tanto más formada a las ocurrencias y actos ajenos y que llevas muy en opulencia pero, quién sabe. Seguro mañana no querremos saber nada y seguro pasado mañana estaremos de nuevo fingiendo no saber nada al respecto, más que un choque brusco que impacte de nuevo, un tropiezo que vuelve a suceder a pesar de las bonitas chingaderas que nos vamos creyendo lentamente. 

 
 
   

miércoles, 28 de mayo de 2014

Noticias del mes de mayo

    Es el día número ciento cuarenta y seis del año, mi último miércoles de descanso y un día fatal. Día veintiocho del presente mes y, según mi cuerpo ya desacostumbrado al calor de la región, uno de los más calurosos de éste dos mil catorce. Tomé este título de una fotografía que aparece en un libro de Julito: "Último Round: Tomo uno", en el cual recoge textos aleatorios de diversos temas, un pintoresco manjar de los pensamientos que cruzaban por la cabeza de mi Julito por aquel tiempo. Este título lo califico así por la falta de entradas en este mes, siendo las grabaciones de Soundcloud sólo un experimento para luchar contra mi manía a escucharme en voz en off con fotografías de fondo que son de mi autoría. 
    A decir verdad, qué tanto puedo calificar como «noticia» en mi. Creo pensar que cada vez es menos la gente que puede interesarse en este espacio u otra actividad que me circunde, cada día que pasa me siento más alejado del pequeño circulo de amigos que me rodeaba y bueno, que noticias como tales no pueden calificarse. Sin embargo, la fotografía la tomé hace algunos años y me gusta, la recordé en éstos últimos días y decidí escribir algo aquí para no dejar sólo las jodidas grabaciones y hoy es el último día del mes en que tengo oportunidad de hacerlo. 
    Nunca tengo mucho que contar, más bien, ya no tengo mucho en que repasar las horas y me extraña, ya que no suelo si quiera salir de la rutina laboral y el regreso a casa. Hay pocos lugares que me gusta visitar en esta ciudad y muchos, por no decir la mayoría que me agradan, guardan algún significado que nunca podré revocar. Otros, que aunque siempre he preferido visitar sin compañía, he decidido dejarlos, aguardarlos para un momento en el que repentinamente llegue y no haya nada qué pensar o recordar antes de visitarlos, los dejo ahí: situándolos entre una negra imagen de incertidumbre y sorpresa que se limita a estas palabras. 
    Hoy por ejemplo, desperté con un recuerdo de múltiples escenas en sueños mezclados de la noche anterior y, después, tras encontrar los pasajes de una de las tantas sinfonías de Schubert que suelo escuchar, me doy cuenta de que tengo una jaqueca tremenda que no puedo ni pararme de la cama. Hacía tanto tiempo que no tenía una de esas, ya me había olvidado de mis jaquecas y si, precisamente tenía que presentarse en mí día libre: fuckwit. Aún así, tras un dolor de cabeza insoportable y un calor matutino que hace a mi escroto sudar, me dirijo a hacer uno de esos trámites de «adulto responsable» y me vuelvo a casa tras haberme encontrado a dos conocidos en el trayecto, qué cagada, aunque al menos no fueron chicas de ayer.
    La mayor parte del día me la pasé dormido con el calzón sudado de la entrepierna y con la frente tan caliente que me daban ganas de arrancarme la cabeza: manía de cuando estas terribles jaquecas me tumbaban por horas y no hacía más que maldecir al puto sol y la falta de días fríos en esta región. Una chorrada. Tampoco tenía ganas de verle y le cancelé. No he tenido ganas de verle en todo el mes y se ha dado cuenta. Mientras esto sucede, porque siempre suele ser así, alguna otra chica me dice que ha soñado conmigo y quiere volver a verme. Me sorprendo, tras haber hablado vagamente de ella con un amigo el sábado pasado: un episodio más para el terrible dancing del karma de este año. 
    Se acaba mayo y todavía sigo leyendo los mismos dos libros, sigo escribiendo una carta que no creo mandar nunca y sigo creyendo que podré ir al DF en julio y ahora sólo me la paso descargando todas esas películas que me falta ver, mientras se me ocurre qué hacer conmigo y mi pálido trasero. 


lunes, 24 de marzo de 2014

(autismo y tijeras)

    Abrí un nuevo blog. Dejaré este para cavilaciones y pensamientos de vómito verbal y el otro será para ficciones y otras historias. Por su atención gracias.

    El otro blog de Arturo Contreras: http://autismoytijeras.blogspot.mx/


(autismo y tijeras)

martes, 18 de febrero de 2014

¿Quiénes somos?

    ¿Quiénes somos nosotros dos? ¿Qué somos tú y yo? ¿Sabemos dónde estamos? ¿Sabremos a dónde vamos? ¿Nos olvidamos? ¿Nos recordamos? ¿No olvidamos? ¿No recordamos? ¿Nos amamos? ¿Amamos? ¿Nos amábamos? ¿Nos amaremos? ¿Amábamos? ¿Amaremos? ¿Quiénes somos? ¡Quisiera saber! ¿Quisiera? ¿Si era? ¿Quién era? ¿Tú? ¿Yo? ¿Era? ¿Eras? ¿Por qué? ¿Qué? ¿Contigo? ¿Conmigo? ¿Quieres? ¿Quiero? ¿Qué quieres? ¿Qué quiero? ¿Lo sabemos? ¿Lo sabes? ¿Lo sé? ¿A dónde? ¿Acá? ¿Allá? ¿Tú, acá? ¿Yo, allá? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Cuento? ¿Cuentas conmigo? ¿Cuento contigo? ¿Cuentas contigo? ¿Cuento conmigo? ¿Un cuento? ¿Un sueño? ¿Una novela? ¿Mucho optimismo? ¿No lo tuvimos ya alguna vez? ¿Funcionó? ¿Por qué? ¿Funcionaría? ¿Volverás a reemplazarte? ¿Volverás a reemplazarme? ¿Por qué lo hiciste? ¿Te gustó? ¿Valió la pena? ¿Vale la pena? ¿Valgo la pena? ¿Vales la pena? ¿Vale la espera? ¿Esperas? ¿Me esperas? ¿Te esperas? ¿Qué esperas? ¿Qué espero? ¿Yo espero? ¿Me espero? ¿Te espero? ¿Pero, pierdo? ¿Pierdes? ¿Quiénes somos tú y yo? ¿Me amas? ¿Te amo? ¿Amor? ¿De nuevo? ¿Ha pasado tanto? ¿Cuánto? ¿Le cuento? ¿Vuelvo a empezar? ¿Volvemos a empezar? ¿Y el punto final?


martes, 11 de febrero de 2014

Nota en la esquina de la agenda II

    «¿De quién es la culpa si no es de los lunes?». Una pregunta tonta que aparece de la nada, hoy, en un lunes más del año en curso y un dolor de cabeza que me despierta para hacerme pensar el porqué de dicho dolor. Podría haber sido el alcohol, pero ayer no hubo alcohol, podría haber sido el dormir de más pero ahora eso no me hace sentir culpable de nada, en lo absoluto, y si ese fuera el motivo, lo acepto y me siento culpable de un placer necesario. 
    ¿Placer necesario? Un tema que bien se puede ir abriendo ampliamente dependiendo de los gustos subjetivos de cada persona y que, en este momento, poco me interesa saber. Sin embargo, los días van pasando y el pensamiento de necesidad aparece y desaparece como un recuerdo o un capricho que controla el subconsciente, yendo y viniendo entre ocasiones rutinarias del miércoles cualquiera hasta el instante exacto en que estás teniendo un orgasmo: sorpresa y, ¡carajo!. Anyway, que para gustos se rompen géneros y para los géneros si que se rompen los gustos, y no pasa nada, sólo esa masa de gente con placeres rutinarios y semi repentinos en donde el pasar del tiempo juega el rol de sentirse vivo o, al menos, con cosas importantes qué hacer. 
    La culpa entonces queda a merced del mejor postor, del yo, del nosotros, del mundo entero que se está enculando a sí mismo, como la ley de la vida en donde el flujo existencial tiene que hacer precisamente eso: fluir para seguir adelante, mientras haya un culo más que encular y sentirse vivo, en una soledad interna espectral, producto de un modelo en común: padre solitario, un dios solitario para alejarlos a todos. 
    Los lunes no tienen la culpa de todas tus mamadas. 
    

martes, 7 de enero de 2014

Irregular

    Acabo de terminar el café que preparé y me tomé mayormente helado. Tengo a medio metro de distancia el ron y el agua mineral y Eduardo Rovira pone el ambiente con esos tangos tristes del 66: un ambiente frío y callado en donde el calentador poco puede desempeñar para contrarrestarlo. 
    Tengo las manos congeladas por la falta de movimiento y la presente onda fría que cayó en la ciudad y, aún así, creo extrañar el frío de tu piel torturándome con sencillas caricias que van más allá del típico «te quiero». Y es que no es necesario querer para extrañarlo, como tampoco creo sensato de tu parte tener que estar mencionándolo tan a menudo. Más bien, creo correcto el hecho de sentir necesidad sobre un frío diferente, uno que me invite a nivelarlo, a disminuirlo entre comentarios banales y uno que otro beso rasposo (producto de la resequedad y la mala humectación de nuestros labios). 
    Eduardo comienza a tocar "Al invitado" y ya he alcanzado el ron. Comienzo a exhalar largas bocanadas mezcladas de humo y vapor, y el recelo de tu esencia se presenta ante mi como un camino errático de desconcierto y vulnerabilidad existencial, algo así como el impacto de carros chocones justo en el momento del corte de corriente eléctrica y el hipo, ese que aparece a reacción después de una coca-cola bien helada. ¿Y dónde estás? Lo sé, ocupada: procurando terminar los pendientes y tratando de sacar el último proyecto. «Respuestas debajo de la mesa», llegué a citar alguna vez. 
    Van siete días del año y seguimos siendo los mismos, al menos en este preciso momento. Mañana será diferente: serás diferente y me gusta esa idea. Sin embargo, hoy puedo impedirlo, detenerlo por una noche en donde seamos el mismo reflejo del comienzo revoltoso en en que nos fuimos a adentrar. Recrear una escena en dónde volvamos a equivocarnos y reírnos de la misma manera: beber un sorbo de la misma copa, mirarnos a los ojos sin decir una palabra y acomodarnos el cabello mutuamente mientras detrás, atrás de todo nuestro triste y sencillo acto se encuentre el escape de dos personas que se desconocen amablemente hasta que se cumpla el pacto de partir.
    Hasta entonces, puedo decir que te extraño, por ahora. Tal vez mañana me digne a negarlo todo, al menos no de querer verte. 



viernes, 27 de diciembre de 2013

La fiesta

    «Creo que soy el último en la fiesta, ¿dónde está la gente y la diversión?». 
    Intento pensar en el lugar en que se encontraba Nacho Vegas al inspirarse en esa canción, seguramente no se trataría de una reunión de Noche Buena, pero el hecho de idealizarlo me remite a la noche y madrugada de hoy, en una larga escena sin cortes de un film inspirado en esa melodía y mi persona como el actor principal. Seríamos el tiempo y yo y la escenificación del deterioro de los pensamientos a través de los días, de las horas, de los pinches minutos en los que creo existir y luego vuelvo como siempre al mismo «punto»
    ¿Se puede volver a un sitio que nunca se ha dejado? En los primeros meses del año pensé que se trataría de algo muy pesado, un año para olvidar y del cual, me quejaría en el futuro por las dificultades que éste traería. Sin duda, el comienzo del año empezó de la patada, desde la primera semana si mal no recuerdo. Un inicio agotador tras un diciembre anterior que había quedado como el último gran intento de algo fuerte, algo que, más bien, quería creer que se trataba de algo fuerte y terminó yéndose al carajo muy fácilmente. 
    Entre el dilema de terminar etapas y la incertidumbre de cómo comenzar otras, me vi interrumpido con algunos planes familiares con el accidente que tuvo mi padre: un caballo lo pateó en la pierna izquierda quebrándole tibia y peroné. Dos intervenciones quirúrgicas y una larga recuperación de nueve meses culminaron con su regreso al trabajo y un baile en Noche Buena junto a mi madre, justamente la noche de ayer: un «milagro» que presencié con una de las alegrías y perseverancias más significativas de mis últimos años.  Es extraño recrear todas esas imágenes en donde el dolor insoportable de sus gritos fueron un sonido habitual en la casa. Acostumbrarse, no saber qué decir y sin embargo seguir ahí, junto a él, porque la facultad se había terminado con un final muy discreto y pinche y no tenía una idea que que era lo siguiente. 
    ¿Y qué era lo siguiente? Trabajar había sido el punto claro del enfoque y no trabajar era la cómoda incapacidad de no hacer nada. Después de tres meses de graduarme encontré trabajo y ahí sigo; nada mal leyéndose de esta manera y un nada-que-ver con la percepción que tuve durante esos largos días, tan vacíos de acciones y tan llenos de cientos de pensamientos que fluían y fluían y terminaban tumbándome con dolor de cabeza. Eran momentos de inestabilidad en los que esta misma duda me situaba en un conformismo exquisito del Carpe diem de dientes para afuera: un estoy-en-proceso-de-situarme-y-por-ahora-no-me-estés-chingando. Así pasé tres meses en casa, la mayor parte del tiempo con mi papá y la otra parte entre fiestas random en donde prefería quedarme a dormir. 
    Sigo pensando que soy el último en la fiesta, como Nacho en esa reunión en donde le canta al amor, al desamor y a esa serie de vivencias que nos mantienen en el foco de nuestras jodidas vidas. Lo pienso porque generalmente me pasa, si: casi siempre termino entre las últimas personas en un lugar que no conozco, con personas que no conozco y con una incertidumbre neutra de aceptar si hay sexo grupal o madrazos y golpes al por mayor: ruleta rusa de los que no cargamos armas de fuego. En fin, que si menciono esto es porque el año estuvo repleto de situaciones como esta, en donde los encuentros fortuitos eran la cena de la noche: entre alcohol en la barriga y los pulmones cargados de humo e impaciencia, me alimentaba de los pedazos de desperdicio que las noches suelen entregar. 
   Todavía sigo aceptando mi notable inmadurez, puesto que aún logro darme cuenta de errores pendejos que sin duda pude haber evitado de una fácil manera, sin embargo, al momento de notar este tipo de cuestiones me concentro en el ágil punto de vista en el que me encuentro al notar dichas cosas. Sigo siendo un mocoso, sigo siendo un puñado de errores y malas decisiones envueltas en un costal de huesos, y no es para menos, aunque la apertura de puntos de vista desde mi enfoque se ha expandido un poco y eso me mantiene más despierto. 
    El 2013 sin duda no puede contarse como un mal año en mi como lo creí antes, fácil podría decir que ha sido uno de los mejores sino es que el mejor, y es que en eso de mejores nunca me siento totalmente seguro, como ninguno de los discos de mi biblioteca tiene más/menos de cuatro estrellas de cinco posibles que hay para calificar. 
    «Creo que soy el último en la fiesta, una a la que nadie me invitó».
    

    

sábado, 31 de agosto de 2013

Oh boy

    El día de ayer fui a ver dos films de la 12va semana de cine alemán que se exhibe como parte del FIC de Monterrey, lo cual me parece mal, ya que por parte del FIC este ciclo se absorbe y muchas personas ni siquiera sabían que se encontraba proyectando actualmente un ciclo del cine alemán; anyway, un punto de vista.
    El primero que vi es un film llamado "Silvi", el cual trata sobre una mujer cuarentona que es dejada por su marido después de años de matrimonio. Me llamó la atención la sinopsis que leí en la revista de la Cineteca Nacional pero me decepcionó al verla. Lo que aprendí de este film es que, al parecer, afirmando mis estúpidos estereotipos del alemán promedio, a la gran mayoría de los hombres alemanes les gusta practicar el masoquismo. Silvi quería amor y se topaba con puros hombres deseosos del feeling nasty: tan-tan. 
    El segundo film es la opera prima de Jan Ole Gerster, se trata de "Oh boy, 24 horas en Berlín". Este film junto con "Hanna Arendt" de Margarethe von Trotta (el cuál es excepcional), fueron las dos principales propuestas por las que decidí darle prioridad al ciclo de cine alemán ante el FICMty. 
    En "Oh boy" se habla de Niko Fisher, un joven de 27 años que transita por Berlín sin saber qué es lo que hace a ciencia cierta. De familia acomodada, estudios truncos hacía dos años, Niko vive sin demasiados problemas, aunque podría decirse que el verdadero problema es él mismo. La secuencia del film, como su nombre nos lo dice, transcurre en 24 horas en la vida de Niko, empezando con un amanecer en donde deja a su novia y así empieza un camino en donde conseguir una taza de café le es casi imposible: una tragicomedia con fuerte influencia de la Nouvelle Vague francesa que nos va presentando la vida sin rumbo de un tipo cualquiera; una especie de outsider berlinés que va encontrando diferentes personalidades en vecinos, viejos amigos y personas random con quienes trata de encontrar una respuesta a las preguntas que lo tienen varado. 


Niko Fisher y Frederick en el bar.

    La fotografía en blanco y negro de un Berlín moderno y el soundtrack con toques de jazz, nos sumerge en la melancolía que Niko Fisher presenta: un tabaquismo elevado, poco dinero en el bolsillo, una soledad introvertida de un muchacho que ha dejado de estudiar derecho para reflexionar, dándose dos años de ésto y, al parecer, pocas respuestas al significado de la vida. Durante sus 24 horas de trayecto, cada situación que se va presentando es todavía peor a la anterior, yendo del humor irónico hasta acciones absurdas que pueden presentarse en el día a día.


Niko Fisher (Tom Schilling)

    Entonces, en lo particular, "Oh boy" se me presenta con una clara identificación de mi persona en los ridículos zapatos de Niko Fisher, como una especie de autobiografía fílmica de 90 minutos en donde mi 2013 se ven reseñado en las 24 horas del berlinés, quien como Leopold Bloom, va deambulando por una desafortunada odisea de circunstancias sumamente espontáneas. 
    ¿Qué es lo que sigue? No lo sé, aún sigo yendo de un lugar a otro sin la menor idea de entender qué es lo que quiero. ¿Cuál es el verdadero sabor de la vida?, o, ¿acaso es la búsqueda de la misma el secreto que hay que mantener en constante flujo para situarse en el equilibrio del tiempo? ¿Qué debería de hacer después de lo que ya ha pasado? Al final, el film termina al cumplirse el día entre las historias de Fisher, sin mucho que pensar o poder decir acerca del camino que nuestro protagonista tomará; justamente como mi vida, que aunque no dure 24 horas sigue yéndose como si cada día fuese igual a las mismas 24 horas anteriores, con una monotonía irrelevante entre tanta gente que habita alrededor. 








miércoles, 3 de abril de 2013

De noche

Cierro mi puerta con llave
para abrirme paso a la noche. 
¡ZAZ! Detrás de mis pies, 
y el verde del semáforo 
alumbrándome el pecho:
aullido ahogado del necio importunista: 
gozo celestial del odio como amor a la vida.

De noche salgo a inhalar 
el residuo de la gente humilde, 
de la gente rica y
el resumen de los pasos
que equivocadamente dan,
preparándome para su desdicha incomprendida,
para compartirla un poco:
acto ajeno del hombre:
desperdicio de otra errante alma.

Bebo de la lágrima colectiva
del soñador promedio,
horrorizándome, pudriéndome
hasta el final lejano que 
llega y se bifurca,
entre la mía, 
entre las suyas,
entre los cientos de
torpezas que
volveré a realizar. 

Sale el sol:
he cumplido mi tarea,
hora de regresar a la rutina
diaria de vivir,
vivir para bailar 
de noche. 

jueves, 31 de enero de 2013

Distimia en F mayor

    Procedí a encender el quinto cigarrillo después de haberlo soltado todo. Exploté como nunca antes; anoche se cumplió una semana y parece que aquella escena, turbia y seca a la vez, la acabara de vivir hace unos pocos segundos, hace tres pestañeos justamente en los que decidí escribir esto. Parece que no lo es, lo dudo en el momento de recordar aquel humo azul tembloroso, ansioso por el golpe que nunca llegó y el siguiente acto que se presentaba como un triste velo cegador, producto del instinto humano que aparece y se va difuminando y que, ahora, yace dentro de mis pulmones como una más de las cargas que me da el transcurrir diario, pero parece tan cercano sí, tan doloroso aún: parece, no desaparece pero perece tan rápido como el siglo de las luces y, con esto, ya lo digo todo.
    He perdido el sentido de la orientación natural humana, he perdido el sentido del tiempo, el apetito a la carne y el color humano, he extraviado esa seguridad razonable (piantado) de creerme portador del sentido común (ido): vagabundo del absurdo y su absurda consecuencia: delírium trémens.
    Los sinsabores del verdadero desespero (distimia y así).

lunes, 3 de diciembre de 2012

Mi habitación es ese pedazo de mundo que he labrado con todo el sudor de mis ideas

    El reloj despertador tiene siete días parpadeando. La habitación parece ser el mismo pedazo de pocilga en el que nací pero con escupitajos más negros en la pared. Son las marcas del tiempo que ha dejado el polvo y la poca dignidad humana que presento en mi dulce hogar. Las mañanas siguen siendo los mismos recortes de esos asquerosos films independientes que ves una vez en tu vida, llenos de escenas largas en las que el protagonista despierta con tres pelos más en la barbilla y unas tremendas ganas de mear esa orina oscura que se provoca por las pastillas.
    Si en este preciso momento te detuvieras a observar, tranquilamente, te darías cuenta de que esto que ha quedado sigue teniendo un poco del toque que tuvo en aquellos años en los que yo me esmeraba y, en los que, la vida, comenzaba a asomarse como lo que era, pero aún tenía esa especie de capucha irreal que tanto me había esmerado en crear y dibujar. 
    Mis ojos habían obtenido la vista que tanto me había costado diseñar para mi mismo. Una especie de escena teatral se había formado en mi entorno casi sin darme cuenta, era genial y era el único proyecto de vida que puedo nombrar meramente como tal, porque eso era y porque todo lo que ha venido después de ha quedado muy por debajo. A la hora de decir esto no me estoy refiriendo a que la felicidad había sido lograda por un mocoso de ocho años y mantenida hasta hace poco tiempo, sino, que todo aquello que se había cruzado en mi mente y valía la pena mantenerlo, había sido ejecutado y anexado a ese montón de recuerdos que, con el pasar de los días, se puede nombrar como vida. 
    Todo parecía correr de la mejor forma: cada día se moldeaba un pedazo de lo que hoy en día repercute como mi ser. Había mantenido una vida digna, llena de ideas, ideas sobre personas, ideas que se volvían hechos, actos y vivencias: las ideas eran el fruto y la base de mi infancia y pubertad. Las cosas pasaban y eran bienvenidas, las buenas, las malas y las stuff. La mayoría del tiempo parecía que estuviese flotando al lado de los más impensables seres, platicando con escritores que aún poco conocía y asegurando que, por ahora, no podía pedir más que no fuese lo mismo.
    Es siempre importante recalcar que esta habitación parece ser el más corriente cuarto mexicano que aloja a un idiota cualquiera pero antes, hace poco aún, no necesitaba de un sólo adorno o fotografía que reflejara la persona que lo habitaba. Un cuarto de cuatro por cuatro con dos puertas y un techo jodidamente blanco parecía ser la celda de un loco, un puberto jodido y loco que comenzaba a escribir jodidamente mal y que guardaba dibujos, historietas y falsos versos veraniegos, jodidamente malos, debajo de la cama. Ahora parece ser un poco más acogedor, con un poco de color, libros y palabras en las paredes porque, carajo, ya no tengo donde guardar tanto papel.
     Podría dejarme de estupideces y seguir viendo el reloj parpadear, pensar en su nombre, sus nombres y tratar de decirme por enésima vez que las olvide, pero no puedo, sencillamente no puedo, porque están aquí, en un vello de mi brazo o en una arruga de mi cara, en algún remoto lugar de mi cuerpo existe ese recuerdo y, mi mente, sólo guarda la fotografía de sus caras. 
    Así como el reloj despertador tiene siete días parpadeando, las esquinas de la recámara alojan una especie de polvo: partículas que se van desprendiendo de mi cuerpo al ser desechadas y quedan ahí como un rastro de lo ambiguo que es el ser humano y lo remoto de la evolución. Creo que aquello que sólo se ve al acercarse un poco más es lo que verdaderamente importa, al ser, minuciosamente hablando, los verdaderos rastros científicos de la persona, ya sabes: algún cabello suelto en el suelo, rastros de saliva en la almohada, marcas de semen en los calzones y, en mi caso, la marca de grasa que hay en la pared en aquellos lugares en los que he pegado la cama. Si siguieras estos rastros, estos verdaderos rastros de mi en este lugar podrías llegar a tener lo que más quieres, lo que más odias o, de jodido, un bonito recuerdo de lo que, por ahora, se puede decir de mi vida y mi descuidada higiene. 
    La intención de estas palabras no es la descripción detallada de mi habitación ni mucho menos, como ya habrás notado, sino, contar, tristemente, lo vacío que parece estar y lo interesante que se puede a llegar a tornar hablar sobre lo que habita, ha pasado y guarda un espacio como este, en donde los llantos aún resuenan y las risas poco han estallado, un lugar más parecido a un templo de ideas que a una sala de cine y claro, algunas escenas de sexo memorables guarda también, pero eso debería de estarlo borrando justo ahora, mejor no.
    

sábado, 22 de septiembre de 2012

Textos infames y fotos barridas

    Muchas de las palabras que has escrito y he querido leer se han quedado en medio de mi lengua tratando de ser dichas; ¿Anglicismos? no sé, explícame; No, no son palabras extranjeras ni tampoco estoy diciendo que sean en español pero difíciles de pronunciar; ¿Entonces?; Pues simplemente causan un shock en mi, desde el lugar preciso o impreciso en el que los colocaste hasta el momento en que las leo y no las puedo pronunciar; Ya, empiezo a entenderte pero no del todo, a mí me pasa, más bien, cuando analizo alguna de tus fotografías; ¿Sí?; Sí, hay ocasiones que desde el momento en el que veo alguna de ellas y trato de preguntarme qué es lo que quieres transmitir con ello, qué es lo que sentiste tú ante eso; Lo sé, pero es como si no nos entendiéramos, ¿no?; No, no lo creo así, creo que, en parte, ese sentir es de las cosas que más me inquietan de ti, de buena forma, es de las cosas que me atrapa y me hace querer descubrirte más y más; ¿Y qué pasará cuando los dos nos descubramos por completo?; Seremos viejos amantes, puros. 

    En todo el tiempo que llevo de conocerte nunca habías usado botas; Es cierto; Ahora no te las quitas ni para coger; Bien que te excita; Sí, pero parece escena de película porno; ¿Sabes qué parece porno en verdad? Todos esos rituales que platica el morro éste que te conté la vez pasada; ¿El de la chaqueta con la puerta abierta y sus múltiples fantasías con su prima?; Sí, es como una idea para infomerciales tratando de vender ideas tontas para lograr erecciones de más de tres minutos; ¿Será virgen?; En estos días sólo mi tío cuarentón es la única virgen de México.

    ¿Alguna vez me enseñaras a escupir?; ¿Escupir? pensé que odiabas eso; Sí, pero me gustaría hacerlo alguna vez; Pues no soy experto pero basta con un refresco de toronja y tu saliva se llenará de un viscoso vaivén; ¿Qué, es cierto?; Claro, por eso me caga; Yo nunca la he probado o creo que si, con alcohol; Pero sola, ¿y para qué quieres escupir?; No sé, quiero saber que se siente aventar esa sustancia horrible al suelo; No es la gran cosa, mejor cómprate una pistola de agua y moja a las personas desde la ventanilla del camión; ¿Y eso como para qué?; A mi me ayuda a controlar mi ansiedad; Fuckwitt.

martes, 18 de septiembre de 2012

Mientras miro las luces caer


    Sería de gran ayuda que fueran nuestras cabezas las que rodaran menos de vez en cuando ¿no?; Claro que sí; Sí, lo sé, pero la verdad me pregunto si ese “lo sé” tiene algún significado cuando aún me pregunto quién demonios soy cada que me veo en el espejo; Te comprendo, siento lo mismo cada que mis pies tienden a tropezar y me voy de bruces, es como la hipótesis que tenemos todos a cerca de si en verdad estamos aquí y ahora; Yo no tengo esa hipótesis; ¿No?; No, pero tengo la mente tan llena de requerimientos que quieren ser necesidades, ¿Cómo la playera que dijiste ayer?; Exacto; Te quedaría bien, sobre todo por esa extraña abertura de cuello que no suele ser tan occidental; Toque exótico; Carisma de mestizo. 
    ¿Hablas en serio cuando dices que ya no me quieres?; No, más bien creo que me faltas, me faltan tus ojos y me faltan tus besos como no tienes idea, tus tetas, tus caderas, tus nalgas en mis manos, a eso me refiero; Haces que me sonroje; Deberías, como cuando aquel bruto te habló bonito y te sonrojaste sin importarte que fueras conmigo a aquel bar; Perdóname, la verdad fue muy estúpido; Él es un estúpido, tú sólo llevabas un bonito vestido; Es tu favorito; Y el de él también; Perdóname en verdad; No puedo, eres sólo el reflejo de mi novia en mi mente, eres un flujo químico pero muy especial.
    Sabes que siempre veo esa película cuando me siento así, ¿verdad?; Sí y también sé que te sigues masturbando en la ducha, ¿Y cómo sabes eso?; Estoy en tu mente, genio; Pero no se vale, además te gusta; Nunca dije que no; ¿Sabes que me gusta a mi?; ¿Qué?; Me gusta y me encanta que, cuando pretendo no pensar en ti por algún enojo, te pienso más, es como si me sedujeras mientras yo trato de hacerme el indiferente; No tratas, lo logras muy bien; Defectos hereditarios, cielo.
    He intentado mil y una veces entrar en el estado en el que duermes y te sales de tu cuerpo; Eso a mi me da pavor; Pero, ¿no te es interesante?; No, me aterraría verme ahí, es como cuando choqué con un poste de luz en la bicicleta y después sólo vi un par de mis dientes en el suelo; Pero sólo eran dientes; Mejor aun, y… ¿qué te llama la atención de todo eso?; Pues no sé, toda mi infancia pretendí ser alguien más en un país diferente, sería lo más cercano a eso; Déjate de mamadas y vente a vivir conmigo.
   

sábado, 9 de junio de 2012

Absurdo

Es cierto que parpadeo tres veces cuando no sé qué decir, en cuanto que, mi mente, enumera listas de frases que se aproximan a mi lengua dispuestas a salir en reacción del momento. Más, sin embargo, mis palabras se hunden entre mi lubricada lengua y se ahogan en lagunas de saliva previamente preparadas. Silencio.