Mostrando entradas con la etiqueta Notas en la esquina de la agenda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Notas en la esquina de la agenda. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de junio de 2015

Riot Van

    Despertar sin querer despertar es lo que me ocupa en estos días. Días distintos a la semana anterior e igual se inconclusos que los de siempre. He alcanzado a escuchar un mensaje en el celular, el flujo de algunos carros pasando por la calle y ese peculiar sonido matutino de un ambiente suburbano, todo mientras me percato que nuevamente me he despertado tarde y que, en realidad, no hay nada importante que me haga abandonar las sabanas y su refugio.
    Después de dar vueltas y no entender nada, me levanto con la única intención de abrir la ventana y observar el exterior, ese mundo extraño y tétrico del que no termino por acostumbrarme. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Nota en la esquina de la agenda IV

    Me apresuro a formar palabras mientras todavía son las 11:10. «Tac-tac-tac-tac-tac-space bar-tac-tac-tac-space bar-tac-tac-enter». Triunfalmente, gano el reto que me plantee en milésimas de segundo, mientras el café que recién preparé espera por el primer sorbo y el sonido de las teclas resuena como una carrera larga de galopes hacia el golpe triunfal. Finalmente, observo el reloj y aún es el mismo minuto: sonrisa de idiota después de una victoria insignificante: simulacro de felicidad. Por el momento es lo más alegre del día, un efímero instante que se escapa así mismo su creación, en un lapso de tiempo en el que voy cavilando y remunerando ideas de derrota en los que empiezo la semana. Es lunes y se me hizo tarde para el trabajo o, más bien, es lunes lluvioso y Monterrey es un desmadre cada que llueve o, más bien, es lunes y la lluvia duró lo que dura mi hora de trayecto al trabajo pero a esa hora todavía estaba a cinco minutos de mi casa en camión o, más bien, me regresé a la chingada porque no vale verga este pedo. Exhalo ese aire impuro de sentirse pendejo mientras me doy cuenta que el café con leche ya no me gusta y que, éste en especial, me quedó muy insípido: ay, mi vido. Vuelvo a observar el reloj y reitero mi preocupación de qué mentira será la siguiente. Amo mentir, o bueno, no es algo que ame y me apasione a modo de volverme adicto a ello, pero, en cierto modo, el hecho de mentir siempre me ha ocupado como un ejercicio literario de creación, una propuesta de ver qué tanto puedo formar y llegar a sorprender o, al menos, formular para que suene creíble o pasable, mientras me salgo con la mía después de que la suerte siempre suele ser una completa  puta conmigo, y ahí voy de nuevo, a mentir y cagarme la vida. He decidido sin la necesidad de analizarlo, que este blog ya sólo tendrá palabras predispuestas en donde medio relate las idioteces que llenan mis días y, por otro lado, abriré uno nuevo para escribir ficción y otras historias. So, dejando de lado ese anuncio breve y sin importancia, vuelvo al infortunio del café desabrido y las teclas del computador que cada vez suenan más despacio, al tiempo en que decido empezar a escribir algo para el otro blog y proponerme abrirlo esta misma semana. Kaput. 

P.D. Nymphomaniac es una mierda.

lunes, 17 de marzo de 2014

Nota en la esquina de la agenda III

    «La última palabra de la anterior oración puede ser el mal inicio de una nueva pendejada». Así se va terminando un nuevo lunes más, sin culpa alguna, uno de los que ahora denominan como «feriados» para hacerlos parecer más simpáticos, más llevaderos para el ocio del pueblo quejumbroso del primer día del deber. En este momento, tengo mínimas intenciones de estar aquí, de explayarme, nulas ganas de querer relatar un pequeño momento de esa atemporalidad banal en la que me siento ocupar y ya, que si de razones para continuar haciendo tal o cual cosa siempre soy muy precario. 
    Volteo a ver mis pies y observo unos calcetines maltratados y desteñidos, todo mientras el ruido de la computadora portátil se aferra a romper el silencio que me abarca y todo parece estar Okay, por ahora, al tiempo en que mi perro exhala de manera repentina y, bajo los parpados, siento como siempre esa pesadez de tener que pensar en lo que voy a hacer contigo y con todo esto que arrastramos tras nosotros ahora mismo. Siempre hay demasiadas cosas en qué pensar, siempre hay demasiados problemas generados por uno mismo y nada de eso debería  afectar, pues si por algo existen es por el simple hecho de querer auto joderme, de chingarme y retarme en una vida de pruebas y tareas de las que me gusta salir madreado. «Uy».
    Podría decir adiós por ahora, como siempre, en un cumplimiento certero de las secuencias y consecuencias que he aprendido a forjar hasta ahora, en un baile clásico en donde me doy cuenta de que no somos los personajes de 'Last Tango in Paris' y que, en el otro punto que sigo arrastrando, tampoco me trato de Ethan Hawke en la trilogía de los 'Befores' y, por pendejo, tengo que cargar con tanta cagada digna de un bonito mierda como yo. 
    Y ya lo dije: «la última palabra de la anterior oración puede ser el mal inicio de una nueva pendejada» . La última palabra del parrafo anterior siempre suele serlo. 

martes, 11 de febrero de 2014

Nota en la esquina de la agenda II

    «¿De quién es la culpa si no es de los lunes?». Una pregunta tonta que aparece de la nada, hoy, en un lunes más del año en curso y un dolor de cabeza que me despierta para hacerme pensar el porqué de dicho dolor. Podría haber sido el alcohol, pero ayer no hubo alcohol, podría haber sido el dormir de más pero ahora eso no me hace sentir culpable de nada, en lo absoluto, y si ese fuera el motivo, lo acepto y me siento culpable de un placer necesario. 
    ¿Placer necesario? Un tema que bien se puede ir abriendo ampliamente dependiendo de los gustos subjetivos de cada persona y que, en este momento, poco me interesa saber. Sin embargo, los días van pasando y el pensamiento de necesidad aparece y desaparece como un recuerdo o un capricho que controla el subconsciente, yendo y viniendo entre ocasiones rutinarias del miércoles cualquiera hasta el instante exacto en que estás teniendo un orgasmo: sorpresa y, ¡carajo!. Anyway, que para gustos se rompen géneros y para los géneros si que se rompen los gustos, y no pasa nada, sólo esa masa de gente con placeres rutinarios y semi repentinos en donde el pasar del tiempo juega el rol de sentirse vivo o, al menos, con cosas importantes qué hacer. 
    La culpa entonces queda a merced del mejor postor, del yo, del nosotros, del mundo entero que se está enculando a sí mismo, como la ley de la vida en donde el flujo existencial tiene que hacer precisamente eso: fluir para seguir adelante, mientras haya un culo más que encular y sentirse vivo, en una soledad interna espectral, producto de un modelo en común: padre solitario, un dios solitario para alejarlos a todos. 
    Los lunes no tienen la culpa de todas tus mamadas. 
    

jueves, 9 de enero de 2014

Nota en la esquina de la agenda I

    "Facilitarme la vida dejándome de mamadas".
    Poco puedo recordar qué era, en verdad, lo que estaba pensando al momento de escribir esta nota. "Facilitarme la vida dejándome de mamadas", "facilitarme", ¿comprendes? ¿Cómo va eso? Seguramente se trataba de un momento espontáneo de escaso optimismo y efímero bienestar social, obviamente, ¿con quienes?—. Aclaración: hacer una nota sobre esta nota. 
    "La vida es sencilla", según dicen, ¿y para quién, o, más bien, para qué? Para qué querer una vida sencilla y más tranquila de lo que ya es, seguramente tengo un mal punto de vista pero, ¿quién no lo tiene?: preguntas que se desparraman del ser como agua desesperada de brotar en la fuente, metáfora del esperma y la ansiedad masculina. Crisis, crisis, crisis.
    12:00, mediodía marcado en el reloj. Tengo que trabajar y dejarme de mamadas, de mamadas, de amadas conversaciones vacías de valor laboral, ¿qué-carajo-estás-diciendo? Despertarme tarde no me está haciendo mucho bien. 
    Salgo por la puerta de la lavandería a encender el boiler con una notable probabilidad de morir quemado.