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viernes, 31 de julio de 2015

Senza fine

    Se hace tarde.
    He dejado el vaso medio vacío. Lo observo y lo repaso. Me pregunto por qué no lo he terminado de beber. No recuerdo. No es satisfacción ni hastío. Tampoco sé el porqué de  la interrupción. Parpadeo y carraspeo. Han pasado un par de minutos y la tensión se vive entre la mirada y la percepción. La incógnita. El desgaste ocular y el recelo del despojo hacia el objeto. Las doce y media y el estómago medio vacío. La parábola de la vida de la cual carezco de explicación me persuade a un intento. Se hace tarde. La saliva me recuerda el sabor. La luz me priva de una imagen clara. No he de beber. Alguien toca la puerta. Parpadeo y desespero. La angustia de alargar la mano hacia el vaso se presenta. Sentido común. Autómata de dos a once. Se hace un poco más tarde. Canícula regiomontana en el fondo suburbano. Siguen tocando fuera de casa. Caigo en el hartazgo. Sed de derrota. Hazme despertar con el miedo de perderte. Mejor no. Nunca es demasiado tarde. Dos tragos y a correr.  

sábado, 31 de enero de 2015

Raymond Carver

    Hace alrededor de un año que leí What we talk about when we talk about love de Raymond Carver. Lo he recordado esta justa noche, al terminar de ver la reciente obra Birdman de Iñárritu en donde se interpretan teatralmente varios de los relatos cortos que incluyen el libro , mientras pienso en la chica que me hizo leer a Carver y de la cual ya no supe nada y recuerdo a otra más con quien salía por aquellos días. Es un tanto chistoso como esa ola de embrollos comienzan a ligarse base a un film que, aunque bueno, me parece infravalorado, con un libro que fue de mis favoritos del año pasado y dos de las chicas de las que, obviamente, asocio a reacción al “relato sucio” que se antepone a mis ojos en cada texto de ese pequeño ejemplar.
    «Parece una tontería», titularía Carver en uno de esos relatos, ver la recreación de un cuento en una obra de teatro de Broadway que, a su vez, es reflejada en un film con toques existencialistas y el montón de situaciones en las que, Susana y yo nos encontrábamos pasando: fuera bajo la tenue luz de algún bar de la ciudad o desnudos uno junto al otro, mi manera de leer las breves y secas palabras del texto para hacerla captar mi atención durante varias noches.
    Hablábamos del amor entre dientes, eso es un hecho. Es el indicador que regreso a mi mente al tiempo en que termino esta película ahora, inmiscuyendo un poco dentro de la retroalimentación sutil y llena de indignación que me trae el pensarlo, y digo indignación por ser precisamente el amor, lo que me hizo alejarla algunos meses después del dulce juego de escondernos irónicamente  por algunos lugares concurridos de la ciudad.  
  «¿De qué hablamos cuando hablamos del amor? », solía decirle cuando cerraba el libro, rompiendo el silencio resultante de lo que leía y sellaba, tratando de atraer esas contradicciones de amor que nos empeñábamos a citar al termino de las lecturas en las cuales siempre salíamos perdiendo. Era un escape, una cortina de humo que ensayábamos al compás del ruido urbano de la noche, mientras figuraba que éramos nosotros por no decir sólo yo los que nos difuminábamos lentamente.
    No puedo ocultar lo gracioso que me resulta esto y, sin embargo, no hay ninguna sonrisa dibujada en mi rostro que permanezca más de lo debido al mencionarlo. Evitar no es algo que lleve en el día a día en mi cabeza. Son las referencias lo que va pasando, los relatos de la vida cotidiana y los personajes extraños en los que me suelo reflejar a lo largo del trayecto. Son las escenas en las que ella soltaba una carcajada o guardábamos silencio para asimilar, después, que terminaríamos todo como uno de esos tontos relatos cortos: con un final en donde no hay final y no importa mucho lo que ha sucedido hasta entonces. 

martes, 30 de septiembre de 2014

Fauces II

    Hoy, sin embargo, ha hecho calor desde temprano. Me he quedado acostado en la cama más de lo necesario y mi falta de responsabilidad o palabra no deja de subrayarse con cada sutil acontecimiento que tomo a revisar. «Es lunes, chingado», chillo y carraspeo para seguir adelante. El traslado de casa-al-trabajo-del-trabajo-a-casa a sido llevadero, nada digno de recalcar en finas palabras que se noten vacías por un nulo significado. 
    La noche llega y por ahora las fauces han quedado fuera del tema, como uno más de los días que cualquier idiota suele olvidar. 


domingo, 28 de septiembre de 2014

Fauces

    Ha llegado el otoño esta semana y me acabo de dar cuenta. Entre las lluvias insistentes que nos orillan a pasar de largo, he dejado de lado también el recuerdo del año que ha pasado hasta el día de hoy. Qué tanto pudo haber cambiado, si entre el silencio que guardo y la triste imagen de aquel domingo, aún dirijo la vista hacia al cielo con el mismo ángulo de siempre: entrebuscando la perdida y queriendo saber qué pasó sin tener que empezar a dar el largo rodeo una vez más. Ha llegado el otoño y sólo recuerdo un dibujo anticipado del sábado anterior en donde, un árbol viejo y seco, se despide de sus pocas hojas y yo soy el reflejo de aquel vacío, todo a la par mientras miraba con recelo la hora en curso y, nuestro árbol en cuestión, cargaba la penitencia de la metáfora del adiós, una metáfora básica y horrible. Cómo notar un cambio de estación cuando se trata de mantener la cabeza ocupada, dejando apenas pequeños descansos para una torpe fotografía, una canción al azar, para un instante de soledad prescrita en la que tomo el mando de un rito descarado y ya agendado, un hecho en el que no olvido y simplemente lo dejo de lado entre ese montón de situaciones que importan y se van yendo también al meritito carajo. 
    Hoy, como en uno de esos antiguos domingos, despierto entre el desasosiego de saber que es tarde, con el creciente pensamiento donde la ocasión de haber bebido casi amerita perder el día entero en nada es ya casi un hecho. Pasa el tiempo como paso los coches que se quedan detrás de mi en ese trayecto matutino del regreso a casa, la idea de anoche era una pausa corta y en el ahora, en el instante mismo en que aún recuerdo ese nombre, me hace querer llegar sólo para dormir. Noto el fresco de la mañana, el verdadero fresco que otorga una mañana gris y silenciosa del otoño y me dejo exprimir uno a uno los ecos, todos esos ecos de desdicha inmune que aparecen tras la rápida velocidad durante el camino, en una lluvia de imágenes apenas distintivas una de la otra, con esos rebotes de algo dicho: un nombre, un recuerdo, un algo que queda y que se recalca cada que el frío se deja sentir. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Octubre sigue su camino



La estación de los amores - Franco Battiato

La estación de los amores,viene y va, 
y los deseos no envejecen, a pesar de la edad. 
Si pienso en cómo he malgastado yo mi tiempo, 
que no volverá, no regresará, más. 
La estación de los amores, viene y va, 
y llegará sin avisar, ya verás, te sorprenderá. 
Tuvimos tantas ocasiones, perdiéndolas.
No las llores más, no las llores hoy, más.
Le queda un nuevo entusiasmo, por latir, al corazón. 
y otra posibilidad de conocerse. 
Los horizontes perdidos no regresan jamás. 
La estación de los amores, 
volverá con el temor y las apuestas, 
y esta vez cuanto durará. 
Si pienso en cómo he malgastado yo mi tiempo, 
que no volverá, no regresará, más. 
Tuvimos tantas ocasiones, perdiéndolas.
No las llores más, no las llores hoy, más.
La estación de los amores, viene y va, 
y los deseos no envejecen, a pesar de la edad. 
Si pienso cómo he malgastado yo mi tiempo, 
que no volverá, no regresará, más.

martes, 3 de septiembre de 2013

Parfois, j'écris sur vous

    Me gusta leerte como a nadie más en éstos últimos tiempos. Todavía puedo afirmar que sigues siendo un misterio para mi y, precisamente por eso, puedo seguir fiándome de lo que haces sin esperar nada a cambio, sabiendo que entre juegos y chuscas conversaciones no hacemos nada que pueda dañar o corromper algo que tanto nos habría costado construir. 
    Para bien o mal, ninguno de los dos estamos dispuestos a acarrearnos algo tan tonto como eso, no después de lo que nos ha tocado vivir en el último año, lo cual, como un patético punto de vista, nos inmiscuye en un extremo pesimista de la vida en donde terminamos por acoplarnos tan bien, razón suficiente para que nos alegremos tanto de, al menos, no estar tan aislados del mundo como ambos creímos.
    Escribir sobre ti no tendría importancia si supiera que visitas seguido este blog. Como sé que no lo haces puedo darme el pequeño lujo de hacerlo, un poco al menos: antes de que pienses que todo esto va más allá de lo que parece. Podría decir que es injusto el hecho de que esté abierto a un público general, que poco tiene que ver con nosotros, y no a tu merced, más sin embargo casi puedo afirmar que te negarías a leerlo y preferirías dejarlo para después: un signo característico de tu persona.
    De igual manera no creo relevantes para ti estas palabras, así que no importan, sólo me sirve escribirlas para mantenerme un poco ocupado.  

domingo, 1 de septiembre de 2013

    ¿Hasta dónde iremos a llegar con este juego de pseudo novios? 
    Hay algo que pasa mientras se va todo eso que sé nunca podré describir de manera tangible. Una especie de relación afectuosa en donde me preocupo por ti y estás ahí cuando voy de nuevo rumbo al vacío, como un soporte virtual en donde puedo refugiarme de tanta cruda realidad y las consecuencias que nacen con cada decisión tomada: pruebas de la inmadurez y el casi nulo interés de mirar hacia adelante. 
    Me es grato saber que al menos puedo confiarte toda esta tanda de incoherencias y vergonzosas vivencias y estados emocionales, un alivio que nace de entre el encierro personal ante una sociedad que me es indiferente y una verdad que ahora se visualiza muy nublada, una promesa mentirosa de decir relajadamente que nos toparemos y no decir más al respecto. La sensación que trae consigo dicho pacto infantil regocija al equilibrio anímico de cada jornada, pasando a ser una terapia ante la falta de consciencia de lo que abarca la vida en pareja y, así mismo, efectuando un ejercicio social que brinda experiencia y afecto frente a un deficiente contacto social. 
     Es la primera vez que escribo de ti, tal vez mañana escriba de nuevo. 

    

sábado, 31 de agosto de 2013

Oh boy

    El día de ayer fui a ver dos films de la 12va semana de cine alemán que se exhibe como parte del FIC de Monterrey, lo cual me parece mal, ya que por parte del FIC este ciclo se absorbe y muchas personas ni siquiera sabían que se encontraba proyectando actualmente un ciclo del cine alemán; anyway, un punto de vista.
    El primero que vi es un film llamado "Silvi", el cual trata sobre una mujer cuarentona que es dejada por su marido después de años de matrimonio. Me llamó la atención la sinopsis que leí en la revista de la Cineteca Nacional pero me decepcionó al verla. Lo que aprendí de este film es que, al parecer, afirmando mis estúpidos estereotipos del alemán promedio, a la gran mayoría de los hombres alemanes les gusta practicar el masoquismo. Silvi quería amor y se topaba con puros hombres deseosos del feeling nasty: tan-tan. 
    El segundo film es la opera prima de Jan Ole Gerster, se trata de "Oh boy, 24 horas en Berlín". Este film junto con "Hanna Arendt" de Margarethe von Trotta (el cuál es excepcional), fueron las dos principales propuestas por las que decidí darle prioridad al ciclo de cine alemán ante el FICMty. 
    En "Oh boy" se habla de Niko Fisher, un joven de 27 años que transita por Berlín sin saber qué es lo que hace a ciencia cierta. De familia acomodada, estudios truncos hacía dos años, Niko vive sin demasiados problemas, aunque podría decirse que el verdadero problema es él mismo. La secuencia del film, como su nombre nos lo dice, transcurre en 24 horas en la vida de Niko, empezando con un amanecer en donde deja a su novia y así empieza un camino en donde conseguir una taza de café le es casi imposible: una tragicomedia con fuerte influencia de la Nouvelle Vague francesa que nos va presentando la vida sin rumbo de un tipo cualquiera; una especie de outsider berlinés que va encontrando diferentes personalidades en vecinos, viejos amigos y personas random con quienes trata de encontrar una respuesta a las preguntas que lo tienen varado. 


Niko Fisher y Frederick en el bar.

    La fotografía en blanco y negro de un Berlín moderno y el soundtrack con toques de jazz, nos sumerge en la melancolía que Niko Fisher presenta: un tabaquismo elevado, poco dinero en el bolsillo, una soledad introvertida de un muchacho que ha dejado de estudiar derecho para reflexionar, dándose dos años de ésto y, al parecer, pocas respuestas al significado de la vida. Durante sus 24 horas de trayecto, cada situación que se va presentando es todavía peor a la anterior, yendo del humor irónico hasta acciones absurdas que pueden presentarse en el día a día.


Niko Fisher (Tom Schilling)

    Entonces, en lo particular, "Oh boy" se me presenta con una clara identificación de mi persona en los ridículos zapatos de Niko Fisher, como una especie de autobiografía fílmica de 90 minutos en donde mi 2013 se ven reseñado en las 24 horas del berlinés, quien como Leopold Bloom, va deambulando por una desafortunada odisea de circunstancias sumamente espontáneas. 
    ¿Qué es lo que sigue? No lo sé, aún sigo yendo de un lugar a otro sin la menor idea de entender qué es lo que quiero. ¿Cuál es el verdadero sabor de la vida?, o, ¿acaso es la búsqueda de la misma el secreto que hay que mantener en constante flujo para situarse en el equilibrio del tiempo? ¿Qué debería de hacer después de lo que ya ha pasado? Al final, el film termina al cumplirse el día entre las historias de Fisher, sin mucho que pensar o poder decir acerca del camino que nuestro protagonista tomará; justamente como mi vida, que aunque no dure 24 horas sigue yéndose como si cada día fuese igual a las mismas 24 horas anteriores, con una monotonía irrelevante entre tanta gente que habita alrededor. 








jueves, 11 de julio de 2013

Intrusa




   *¿Qué estamos haciendo aquí?*; *Nada, andamos*; *¿En dónde?, no hay nada; *Sólo quería venir a caminar por estas calles, las extrañaba*; *Pues, sólo veo fábricas, bodegas, un chingo de tierra y el pinche cerro que está tan cerca de nosotros*; *Ya sé, pero me gusta, me gustaba venir a trabajar a esta parte de la ciudad*; *Es extraño estar aquí, lo imaginaba un tanto diferente cuando me lo describías*; *A veces simplemente quiero venir hasta acá, escuchar los ruidos culeros de las máquinas, ver el sol reflejándose en la vías del tren mientras me voy yendo, no sé, es un tanto nostálgico porque eran momentos en los que estábamos tan mal, era mi entorno cuando pensaba en qué íbamos a hacer con todos los pedos que teníamos*; *La nostalgia del trabajador y sus amores*.

    *¿Te fastidia hablar conmigo?*; *No, no lo sé*; *Dime la verdad*; *¿Es necesario?*; *Sí, quiero saberlo*; *No sé para qué me preguntas, tú eres la que se aparece todo el tiempo cuando duermo*; ¿Sólo cuando duermo?*; *No me mires así, no tienes ningún problema para intuir tú misma todo eso*; *Sí, pero quiero escucharlo de ti* ; *Dejémoslo así, al fin de cuentas terminaría por aburrirte* ; *A lo mejor, pero por algo estoy aquí*; *Para seguirme torturando, claro está*. *¿Y yo qué, apoco crees que estoy bien pinche tranquila?*; *Me gusta creer que sí, que andas poca madre por la vida sin acordarte de mi nombre*; *Pinche ridículo*; *Pinche necesidad de sufrir para vivir*. *Pinche doblemente ridículo*; *Desmadritos de todos los días*.
  
    *¿Por qué estamos ahora en mi casa?*; *No lo sé, caprichos de la mente*; *Me gustaría que dejaras de pendejear tanto*; *¿A qué te refieres?*; *Tú sabes, no seas payaso. Algún día tienes que recapacitar y crecer aunque sea un poquito*; *Estoy de acuerdo en eso  y estoy trabajando en ello, créeme. Estoy tratando de entender eso que llaman como “trabajo bajo presión”*; *Ya era hora. Y, ¿cómo lo estás haciendo? Dime*; *Pues por ejemplo, primeramente tengo que comenzar de dejar de tener estas pláticas imaginarias contigo*; *¿Y yo qué voy a hacer mientras tanto, eh?*; *Intenta meterte en otras mentes de vez en cuando, no me haría nada mal*.

martes, 2 de julio de 2013

La mar

Cómo lograr olvidarte 
si mis reniegos aún no son los suficientes,
¿cómo?, si en cada uno se resume ese sabor a sal 
que predomina y me superpone:
absorbente precio a merced 
del adiestrado moribundo.

En la meta de tus caricias he encomendado 
un frío silencio (secuencia):
traslado del alma que se enmancipa sin retorno,
todo a paso firme, como la succión del viento
hacia nuestros contados suspiros.

Me presiona la noche
al recuerdo de tu aliento,
dulce declive de entregarme más:
un cobarde sin remedio (and goes):
viajero terco sin consuelo.

En tu oscuridad ofrezco 
finalmente mi manda,
planicie engañosa a la palabra
y en tu inmensidad engendro 
un alivio ciego y marginal.