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lunes, 1 de septiembre de 2014

Carta a C

    Te pude seguir diciendo que te quería pero no era lo correcto. Aún no logro recordar cuál fue el hecho disparador de tal mentira y ahora sólo puedo pensar que me odias más de un poco. He pasado algunas noches pensando en ti, en que tal vez habría sido lindo salir contigo y saber que, después de todo, el quererte no significaría más que querer conocerte y sentirme bien al respecto. Sin embargo, ahora estoy aquí, de nuevo, entre el silencio que intento disimular y el vacío de escritos que se ocupan entre tardes y noches en que no sé qué hacer después de la triste rutina. 
    No he pensado buscarte, después de mi estúpida huida lo peor sería regresar a disculparme y tratar de fingir que no la he cagado. Lo he hecho y creo que no puedo revertirlo ni tengo intención de hacerlo a pesar de saber el tipo de chica que eres y lo tanto que me atraes, no hay manera de que pueda decir que lo siento sin saber a ciencia cierta si en verdad estoy arrepentido. Aun así, pienso en ti y en nuestras rutinas disparejas que no se acomodan y en el malentendido de querer tenerte más allá de las falsas suposiciones, en esas noches en las que me quedabas tú para saberte existiendo y en mi pobre manía de tus veintiocho años.  
    Hablar de ti parecería subjetivo, efímero y casi inexistente, pues en el resumen de lo dicho mis intenciones se remontan años atrás, desde el momento de haberte conocido y la mala decisión de no haber preferido conocerte más y gastar mi tiempo en algo que ahora ya ni existe. Y como siempre, puras malas decisiones en mi repertorio, puras mamadas. 
    Alguien quíteme el mes de agosto de encima. 

lunes, 17 de marzo de 2014

Nota en la esquina de la agenda III

    «La última palabra de la anterior oración puede ser el mal inicio de una nueva pendejada». Así se va terminando un nuevo lunes más, sin culpa alguna, uno de los que ahora denominan como «feriados» para hacerlos parecer más simpáticos, más llevaderos para el ocio del pueblo quejumbroso del primer día del deber. En este momento, tengo mínimas intenciones de estar aquí, de explayarme, nulas ganas de querer relatar un pequeño momento de esa atemporalidad banal en la que me siento ocupar y ya, que si de razones para continuar haciendo tal o cual cosa siempre soy muy precario. 
    Volteo a ver mis pies y observo unos calcetines maltratados y desteñidos, todo mientras el ruido de la computadora portátil se aferra a romper el silencio que me abarca y todo parece estar Okay, por ahora, al tiempo en que mi perro exhala de manera repentina y, bajo los parpados, siento como siempre esa pesadez de tener que pensar en lo que voy a hacer contigo y con todo esto que arrastramos tras nosotros ahora mismo. Siempre hay demasiadas cosas en qué pensar, siempre hay demasiados problemas generados por uno mismo y nada de eso debería  afectar, pues si por algo existen es por el simple hecho de querer auto joderme, de chingarme y retarme en una vida de pruebas y tareas de las que me gusta salir madreado. «Uy».
    Podría decir adiós por ahora, como siempre, en un cumplimiento certero de las secuencias y consecuencias que he aprendido a forjar hasta ahora, en un baile clásico en donde me doy cuenta de que no somos los personajes de 'Last Tango in Paris' y que, en el otro punto que sigo arrastrando, tampoco me trato de Ethan Hawke en la trilogía de los 'Befores' y, por pendejo, tengo que cargar con tanta cagada digna de un bonito mierda como yo. 
    Y ya lo dije: «la última palabra de la anterior oración puede ser el mal inicio de una nueva pendejada» . La última palabra del parrafo anterior siempre suele serlo. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Pude y puedo pero la verdad es que no pasará


    Pude haber dicho me voy. Pude y puedo más, sin embargo, puedo casi asegurar que hubiese sido la peor decisión de mi vida, digo, de mi año, digo, de mi noviembre, digo, de mi hoy. Sé, que todo esto puede parecer una exageración si sabes un poquito de mi persona pero, dentro de lo que cabe, puedes plantearlo con cualquier caso, al fin de cuentas, todos somos parte de la misma pista de baile aunque algunos bailemos peor que otros. 
    Estar juntos parece, a veces, tan inalcanzable, un propósito utópico que me hace querer rendirme, tomar el revolver de mi padre y salir por la puerta triunfante del humano coherente. Sí, lo he pensado muchas veces y no, no te preocupes así, sé que también lo has pensado alguna vez, y eso, solamente revela lo tanto que nos parecemos el uno al otro. Quisiera poder aclarar esto último en un pasaje de frases o versos que se acomoden al poema que más nos logre describir, al menos este hoy y ayer, días del proceso inminente de vida que decidimos llevar. 
    Puedo sentarme e inhalar el aire que se impregna en la habitación como si fuese el perfume que deja tu presencia en mi cuarto cuando estás, pestañear ambos ojos de una manera muy lenta como en esas películas rusas que no has podido ver junto a mi, tomar un sorbo de agua y, al fin, abrir el cuaderno donde los pasajes más severos, salvajes, dolorosos y  necesarios, se van escribiendo con la tinta del amor que recae en mis torpes y delgados dedos de pianista sin piano.
    Pude haber dicho que me iba sin saber porque lo hacía, como en los viejos tiempos en los que el salir por la puerta era decir que todo estaría bien mientras más mal se pusiera. Sentirme parte de la ridícula opulencia humana del destierro y la decadencia mientras comenzaba fumar cigarrillos rubios parecía ser una buena rutina del escape hasta que me di cuenta que nunca había logrado salir de ningún lugar. Hubiese querido llegar a saber un poquito de lo que ahora mantengo más en mente pero a la vez creo que sería el suicidio de lo que ahora pienso ser. Soy la escena de una ducha acalorada de un hombrecillo tímido en un baño turco, soy el insensible que tal vez siempre recurra al mismo torpe truco. 
    Hay ciertos arranques de los que mi existencia no puede prescindir, conoces ya todos y cada uno de ellos pero, por ahora, me limito a decir que simplemente la cagué.

   

miércoles, 15 de agosto de 2012

Carta a la reina de la luz

Buen día:

    El motivo de esta carta es simple: me he quedado sin luz. Sé que, a primera impresión, esto puede parecer producto de un momento de locura y tal vez yo pueda estar nominado para ser el rey de los pirados, mi querida reina, pero como lo he citado, me he quedado son luz que ilumine mi hogar.
    Como cualquier plebeyo, he crecido trabajando con el oficio que mi padre me enseñó como única herencia— desde niño, ganándome la vida sin saber qué es la vida, una vida que nos va ganando a nosotros desde el momento en que vemos el primer rayo de luz. Nadie nos dijo que estar sin luz es una tragedia, sin embargo, sabemos que el vivir iluminados significa ser felices. 
    Mi disgusto comienza al momento de saber que estoy completamente a oscuras, desde el día en que esa Gertrudis me abandonó por ese capataz del norte, ¿qué se supone que tengo que hacer yo? Le juré amor eterno y el amor sigue aquí, pero ese amor ya no deslumbra mi entorno y a duras penas sé como sobrevivir. He pedido a mi vecino que escriba esta carta por mi porque no puedo escribir, porque me he quedado sin nada que poder ver. 
    No sé qué hacer y tampoco sé si usted algún día llegue a leer este pedazo de papel y digo, no es culpa de mi mujer, pero tampoco es mía, le repito, soy un pobre hombre que sólo vivía para trabajar y para honrar a mi bella mujer, pero ahora no, ahora ni si quiera puedo trabajar y esa mujer se ha largado al norte con ese hombre rubio. No se puede vivir así, no es justo, sólo quiero mi trabajo de antes, mi vida de antes, tratar de tener una vida tranquila como los demás.
    Ya para terminar, le suplico que me ayude, rezo cada día para que la luz ilumine mi vida, que me devuelva mis días. No pido justicia, no le deseo el mal a Gertrudis ni al capataz del norte, sólo pido un destello que me ayude a ver más allá de lo que cabe en mi cabeza.

miércoles, 16 de mayo de 2012

¿Dónde deje mi moleskine?

Por qué destrozarse la cabeza en la terrible búsqueda y resolución sobre lo bien o mal que están las cosas, cuando en el sacrilegio que creemos profanar o el bien que queremos obtener, sin más, no llega. La libertad es la búsqueda de la misma, vivir así. Es el llanto que arrojámos al agua que bebemos y el silencio que guardamos a la hora de charlar. Hoy no esperes el desayuno en tu cama mientras el reloj marca las 3 pm, y la gracia más preciada sigue siendo aquel hecho de verse a uno mismo frente al espejo, sal de la caverna y exhala bocanadas de humo mientras inhalas smog: Engendra tu secuencia.

domingo, 29 de abril de 2012

Garabato #32 (Simple desorden de abril)

Hoy no tuve ganas de mentírle a mi cuerpo. No tuve ni la más remota intención de despertar con el olor de tu cuello ni con las caricias que, de una u otra manera, siempre terminan por hacerme despertar de la mejor forma. He pensado por muchas noches que ese rosar de piel que creo sentir, no es más que la sabana blanca en la que me refugio por las noches, unido a la vieja sensación que dejó tu cuerpo al frotar al mío y la imaginación insistente de joven adolescente, que aún persiste en mis torpes 21 años.

    Respiro la noche mientras el día se ha fugado lentamente, entre horas nubladas y calores húmedos —producto de la humedad climática y la borrachera de anoche. Suspiro entre pensamientos que, naturalmente, son más propensos para la ducha. Tomo agua para pasar el remordimiento y la sensación de necesidad —y necedad—, que me tienen hasta altas horas de la noche con un bolígrafo en la mano derecha y un terrible ahogo, entre mi mano izquierda y mi lánguida garganta. 

    Tengo ganas de largarme de aquí, de llegar hasta aquel intimidante lugar, lugar donde siento un especie de colectivo confort independiente al hogar: un místico lago de coincidencias y consecuencias, en donde el olor de la sangre me permite continuar, en el júbilo que aún anhelo sentir.

    Todavía no me siento a gusto. No puedo sentirme en casa, no después de todo lo que tenemos juntos y lo que tengo cuando estoy solo, no puedo retomar mi control y no tengo intención de hacerlo. No todavía. Tal vez tarde mucho más de lo que creo y creo también, que será lo mejor.

    Un simple desorden cualquiera...

lunes, 26 de marzo de 2012

Las consecuencias de no tener cigarrillos cuando más se requieren


Sigo recordando aquel pensamiento que dejé colgado, en uno de los cientos de tendederos en los que tus prendas jamás se posaron, y los cuales, yo me precipité a poner. Sí, aquel pensamiento de adolescente impotente ante el mundo, mi mundo, que se desorbitaba cada vez más base a las irregularidades que se suspendían por una boba niña rubia, quién adoraba más sus deseos de morir a los 27 y las decenas de vergas que chuparía después de la mía.
    Que tonto júbilo se despertaba en mí ser: Era hermoso como un simple muchacho puede llegar a pensar cosas que, en menos de un año, sabrá que son totalmente inexistentes, al menos específicamente hablando, del pleno entendimiento y amorío recíproco que él pensaba tener por esa niña de pezones rosados. Es tan digno de contar entre las experiencias más estúpidas que una persona puede tener, más allá de las locuras que me han llegado a cometer la ansiedad, las drogas y el desespero que recae en las noches de verano.
    Es gracioso, soso y tan típico de telenovela que hasta parece que la hubiese inventado, en una de esas noches en las que, entre las consecuencias de no tener cigarrillos cuando más se requieren, se enumera  crear historias de mi infancia, adolescencia y vejez prematura, como de las intolerantes aventuras en las que te imagino con tu hermano y el incesto que, nunca pude comprobar, cometían cada vez que llegaba tu preámbulo de menstruación.