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lunes, 24 de marzo de 2014

Nota en la esquina de la agenda IV

    Me apresuro a formar palabras mientras todavía son las 11:10. «Tac-tac-tac-tac-tac-space bar-tac-tac-tac-space bar-tac-tac-enter». Triunfalmente, gano el reto que me plantee en milésimas de segundo, mientras el café que recién preparé espera por el primer sorbo y el sonido de las teclas resuena como una carrera larga de galopes hacia el golpe triunfal. Finalmente, observo el reloj y aún es el mismo minuto: sonrisa de idiota después de una victoria insignificante: simulacro de felicidad. Por el momento es lo más alegre del día, un efímero instante que se escapa así mismo su creación, en un lapso de tiempo en el que voy cavilando y remunerando ideas de derrota en los que empiezo la semana. Es lunes y se me hizo tarde para el trabajo o, más bien, es lunes lluvioso y Monterrey es un desmadre cada que llueve o, más bien, es lunes y la lluvia duró lo que dura mi hora de trayecto al trabajo pero a esa hora todavía estaba a cinco minutos de mi casa en camión o, más bien, me regresé a la chingada porque no vale verga este pedo. Exhalo ese aire impuro de sentirse pendejo mientras me doy cuenta que el café con leche ya no me gusta y que, éste en especial, me quedó muy insípido: ay, mi vido. Vuelvo a observar el reloj y reitero mi preocupación de qué mentira será la siguiente. Amo mentir, o bueno, no es algo que ame y me apasione a modo de volverme adicto a ello, pero, en cierto modo, el hecho de mentir siempre me ha ocupado como un ejercicio literario de creación, una propuesta de ver qué tanto puedo formar y llegar a sorprender o, al menos, formular para que suene creíble o pasable, mientras me salgo con la mía después de que la suerte siempre suele ser una completa  puta conmigo, y ahí voy de nuevo, a mentir y cagarme la vida. He decidido sin la necesidad de analizarlo, que este blog ya sólo tendrá palabras predispuestas en donde medio relate las idioteces que llenan mis días y, por otro lado, abriré uno nuevo para escribir ficción y otras historias. So, dejando de lado ese anuncio breve y sin importancia, vuelvo al infortunio del café desabrido y las teclas del computador que cada vez suenan más despacio, al tiempo en que decido empezar a escribir algo para el otro blog y proponerme abrirlo esta misma semana. Kaput. 

P.D. Nymphomaniac es una mierda.

martes, 15 de enero de 2013

Luis decía: "no seas fanática"

    Falta una hora para hacer lo que estoy esperando hacer y entonces aquí me tienes, escribiendo sin saber, del todo, qué será lo que comience a describir, narrar o pensar y cómo es que pienso terminarlo. Parecería que con esto puedo introducir el libro que lleva mi nombre, un prólogo bastante tétrico lleno de palabras y tan vació de razones; ideas y enfoques mal planteados, egocentrismos y dolores de cabeza que vienen con el amanecer y se van con uno más de mis muertos. Apenas comencé el primer libro del año y por ahora la escritura está en una especie de trance existencial y el polvo que dejan los días. 
    Los días parecen estarse yendo en un espiral sin razón, revueltos de sentimientos y acontecimientos que realmente no necesito, mientras flotan, suceden y se escapan como la brisa del rostro en la mañana, y aquí sigo, flotando entre un montón de gente que se enorgullece de sus logros y contactos y mi típica mirada de respuesta que ya tanto conoce mi madre: un tic heredado de mala fe.
    Podría dejar de esperar lo que estoy esperando e irme a caminar con este frío tan parisino al centro de mi antipática ciudad, buscando un refugio que nunca he encontrado y sintiendo el vacío que verdaderamente persigo y obtengo en cada paso que doy. Soy esto y lo sé, y nadie y todos lo saben. Soy un pantalón usado durante dos meses en cada día, una pelusa en el ombligo de un hombre gordo, un barrito en un labio de una chica morena y zarrapastrosa.
    Pero espero, a fin de cuentas me espero y volteo a ver la biblioteca en la que me encuentro y la casi nula ocupación de gente que contiene. Quién se preocupa verdaderamente por leer las palabras de los demás en estos días, y peor aún cuando escribes pura pendejada de un momento y peor tantito si todo lo que escribes es sobre una mujer que nunca existió. Lo único bueno de todo esto es que nadie nos obliga a leernos ni a nosotros mismos y la idea de ser escritor ahora sólo la cultivan los que menos saben escribir. Mosca volando cerca de mi cubículo y cero mensajes en el condenado celular: mi martes.
    La ruta perdedora es la filosofía del wanna be y el perro que me espera es la ideología del no sé qué. Ahora poco sé lo que me espera mañana y ahorita también no veo que me sigas, veo tu volubilidad resaltando a los cuatro vientos, conteniendo los fanatismos que tanto derrochas y tu idea de felicidad prematura. Eso es lo de hoy y, seguramente mañana, mañana me encontraré repitiéndome una vez más que voy a seguir con todo esto y, seguramente sí, lo seguiré haciendo, porque me he estado formando para esto, porque me aguarda un perro en mi casa que me espera para poder dormir.

lunes, 22 de octubre de 2012

Teclear mucho no hará que se me salga una frase bonita (ni mucho menos)

    Teclear hasta el final logrará alguna frase bonita, alguna que te llene, que te haga sentir ese raro sentimiento que nombran amor (jaula de los locos/esquema marginal). Escribiré al menos un pedazo de ese sentimiento que tanto te urge leer en alguien más que no sea tu torpe novio o el viejo poeta aquel con el que nunca podrás coger. Lo haré. Sí. Haré que mañana quieras suicidarte por tercera vez en el mes, que corras hasta mí y no seas capaz de decírmelo de frente, como la primera vez, como la segunda vez, como ahora volverá a pasar. Esperaré a que la noche empiece a impregnarse en el ambiente, lentamente, y, después, encenderé el cigarrillo que dejaste en mi buró. Será de noche, seré fantoche y herviré mis ojos con tal de hacerte sentir lo patética que todos te dicen ser. Lo mereces, lo merecemos y es un mal necesario. Esto es amor, tu extraña percepción del cariño puro y angelical: marcas en el cuerpo y sabores ásperos en la lengua.
   
Detesto tu forma de escribir. Siempre pareces estar escribiendo lo mismo pero con palabras más tontas, como lo hace tu persona favorita, como lo hacen las niñas que nunca se van a acostar contigo. Sé que no es la mejor manera de decírtelo pero creo que no nos veremos más, no después de tus faltas de ortografía tan notorias en nuestros proyectos, de ninguna manera. Perdón, siempre pensé que serías una mejor persona y sólo he descubierto que eres más idiota que yo. A veces pensaba en lo que pasaba a tu alrededor, tus canciones cursis y tus aventuras locas pero después sólo me fuiste enseñando las más tristes maneras de vivir y esas ya las conocía. No quiero que pienses que te busqué por conveniencia ni por alguna idolatría babosa sino que, somos muy parecidos, tanta desdicha no cabe ya, no después de las pendejadas que has hecho y las que están próximas a suceder.
   
Teclear mucho no hará que se me salga una frase bonita ni mucho menos, en esencia, te irás adentrando a lo que te espera si es que quieres vivir conmigo. Temo que esto pueda asustarte, que en verdad sea un shock para tu percepción de mí y como lo volví a arruinar todo otra vez, pero si no te lo digo ahora nunca estaré en paz conmigo mismo. Lo puedo visualizar todo justo ahora: peleas babosas seguidas de arrepentimientos sosos y besitos acaramelados con el mismísimo azúcar repugnante que usan las brujas
no para comer niños sino para coger con cabrones—,  y, finalmente, sexo duro para la reconciliación. Terminaré pegándote y me odiarás, empezaré lamiéndote y te gustará, más sin embargo, sólo puedo intuir que el carajo nos aclama, que tu madre querrá que me parta un rayo y que todo esto que tenemos ahora, mañana, será el polvo que hay que sacar después de tener una de esas fiestas en las que no sabes ni quién llegó. Las advertencias no son más que valientes verdades de reconocimiento de que nada bueno vendrá, la decepción de mi persona es algo que aprendí a pensar desde niño y sólo quiero dejar de lado el romanticismo que usé contigo sólo para probar tus pezones rozados. Lo sé, soy de lo peor y, por eso mismo, quiero que sigas viviendo cegada ante la putrefacción que nos rodea.
    Para nadie, para mí, para octubre el femenino.

martes, 4 de septiembre de 2012

Kaput!


     Había decidido llegar, hacer las cosas de la mejor manera posible: tomar dos tazas de café, arreglar algunos equipos mientras me interrumpían brevemente para hacer alguna cosa más. Parecía buena idea, hasta podría decirse que eran las ganas de hacer algo lo que corría por mis venas este día, pero no, estoy encerrado y ya me quiero ir.
   
Por los últimos años he tenido un enfrentamiento duro frente a los empleos que he tenido, un temor innecesario que nació hace tiempo y que aún oscila entre mis días. A pesar de eso he decidido trabajar, ser uno más de la oficina, uno en verdad más del montón, uno que se esconde tras un monitor de 15 pulgadas y que come en la oficina, ese soy yo, en el más aceptable de los casos, y hoy, como en aquellos días, me siento incomodo.
   
Tal vez sea sólo el día, uno aburrido, el primero de una gran lista. Sí, es lo más probable y lo mejor para creer justo ahora, entre estos veinticinco minutos que faltan para salir y estas palabras que no me convencen de nada, mi escritura anda tan mal como las pc’s que me toca reparar acá, “sos una bestia”.
   
Creo que sólo dejaré que el tiempo pase, que haga conmigo lo que quiera, que me siga aburriendo hasta dejarme en el hastío, de igual manera, sé que me largaré en unos cuantos minutos. Kaput.