Abre la puerta. Tal vez me encuentres, tal vez ya no. Tal vez esta sea la carta que no quieres leer. Mejor no. Escribo esta nota para que sigas instrucciones y llegues al final del drama que empiezas a pensar. Abre el sobre, abre los ojos y, por último, abre el espacio. No. Ésto no será lo último. Espera un poco más. Quiero que hoy me encuentres entre el agua de la llave, entre el aire que suspiras y el eco de tu voz. Hazlo, llénate de mi. Hoy no puedo estar frente a ti. Abreme, soy Jorge. Abreme y cierra este acongojo, descubreme despacio. Respira y exhala lentamente. Sentirás el silencio de mi mirada mientras el puño de mis desgracias se desvanece entre el viento, viento que se esfuma en cuanto sigues estas instrucciones para robarte un minuto de tu tiempo. Perdón.
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miércoles, 27 de junio de 2012
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Focus
No es necesario ver un calendario y revisar la hora para saber que uno es más viejo de lo que cree. Te lo digo yo, que recibo elogios de una juventud aún ocupante y comentarios llenos de la, muy nombrada, envidia de la buena. Sólo es necesario un paseo, yendo desde la sala de la casa de mis padres hasta el interior de mi recámara para analizar los años y visualizar los acontecimientos más significativos, los más memorables, y, por qué no, los que me tuvieron como protagonista voluntaria e involuntariamente.
La sensación de sentirte bajo el mismo techo es puramente hogareña, estar debajo de una planicie que te ha visto cientos de veces en las ocupaciones rutinarias y en las inverosímiles es el método más viable para medir el grado de vejez que se guarda en los zapatos, siendo necesario sólo un parpadeo, seguido de un fugaz movimiento de ojos hacia algún sitio específico del hogar para encontrarte con una razón de pensamiento, que llegue a enfocarnos sobre algún suceso base de aquél objeto o cosa.
Mentiría si dijera que cada vez que entro a mi recámara pienso sobre la historia de cada objeto que ocupa mi cuarto, pero lo cierto es que a veces —no tan recurrentes pero si varias— pienso sobre la procedencia y el motivo por el cual compré u obtuve algo, y ya muy contadas ocasiones, analizo qué cosa se encontraba antes que llegara en la que ahora me ocupo. Recuerdo y sonrío, lo veo y trato de gozarlo una vez más, en un instante que llega y se guarda, para cuando necesite refrescarlo una vez más.
Sólo para acordarme que alguna vez escribí esto.
sábado, 13 de agosto de 2011
Amanece nublado
La longevidad del acuerdo momentáneo se paraliza para abrir camino al siguiente corte, un suceso que no cabe en la aceptación del baile anterior. Un vaho se aparece del aliento que empaña la vista, ahora apenas perceptible. El fluir del viscoso nacimiento se vuelve artimaña para mi sentido primordial, en cuanto en la izquierda que te marco se ondula y levanta el tono del vaivén, procreando el sagrado toqueteo del amanecer. Entre neblinas pardas surge mi pecho, vengo del sonido grave, del incierto lapso en progreso. Lo que pienso fluye entre el despertar del tiempo, el cual regresa friccionando el espacio: vibración por carcajadas, tambores en mi espalda y campanas que se escabullen entre cuevas y cavernas casi habitables en lo torrencial del encuentro. El sueño es el dueño de mi cuerpo, delito que inicié a sobremanera en el simple trazo de caminos sobre el rostro. Sucesos demenciales perduran, como el erróneo hipnotismo que violó mi incolora piel, más allá de la mente, más cerca del credo sagrado que me hicieron adorar y cantar. Más sin embargo, empiezo a olvidar, en la lírica que se vuelve voluble y en lapsos de sonoro sentir.
jueves, 11 de agosto de 2011
Nacer líquido
Con el transcurso del viento se siente el tiempo. Se palpa suavemente con el rostro y con extrema delicadeza entre las palmas de mis manos, en los dedos y en los nudillos que parecen resbalar en el envejecimiento tardío de las células aparentes. El sueño de la mandarina de florida es el camino que principio para éste sentimiento tan tristemente sutil: mi herramienta, mi frío descalabro que se despeja entre secuenciadores y ciclos que se repiten y superponen al entorno. El destello comienza mientras el agudo ondular se apodera del seco golpe del segundero, el cual se rinde de excitación atemporal tan pocas veces experimentado. Sencillos pestañeos quiebran mi vista incompleta, que se hunde en lo viscoso del salivar repentino, tan penetrantemente inevitable. Pierdo frecuencia de mis modales rebuscadamente occidentales, lentamente. En cuanto la prosa se disuelve por entre la elástica noche que se crea de fondo, las lágrimas de sangre se escapan de la realidad, chocando en los dulces labios del nacimiento líquido.
martes, 5 de julio de 2011
¿Tienes tiempo?
Hoy bajo la tenue luz que alcanzaba a llegar hacia nuestros suelos, observe una pequeña sombra y comencé a analizarla y como siempre, adivinar qué forma tenía. Será una araña de esas que salen del panteón o podría ser el brazo de un árbol que quisiera alcanzarme, pero simplemente, fallo. No sé si la figura se esfumó, lo más seguro es que escapó, de esas formas que yo le quise inventar y ella no debería tomar, hasta que por un momento hiciera imaginar que simplemente, no existía. Dime si tu tiempo no es exacto, el mío está un poco atrasado pero pienso compensarlo cuando se ocupe contigo y me adelantaré a tus más concretas planeaciones para realizarlas y tenerte un poco más. Diviértete mientras puedas e invádete de mí, que el tiempo me rastrea y planea hacerme morir.
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