sábado, 16 de junio de 2012

Garabato #13 (Guanajuato)

    Quise voltear a ver el mundo y te vi. Era de suponer que encontraría algo hermoso entre todo ese destrozo que se llama vida, sí. Te vi: Cegada entre amapolas y deseosa de caricias con aromas y un poco más, un latido más que te enviase la respuesta que buscabas entre risas y olas, entre tanto cuchicheo capital.
    Quise saludarte aquella tarde y tú a mí. Había pasado algo entre los sonetos que yo vomitaba y pastillas que tragabas, un momento de reserva que se anteponía a mis manifiestos en las nuevas revistas y a las sillas en las que llorabas, un saludo que era la unión de dos iguales sinfonías.
    Quise alcanzarte y me fui. Viaje hasta la vieja ciudad colonial para encontrarme con la chica de la mirada penetrante, la que salía a capturar momentos con la más ambiciosa intención. Viajé, fumé, llegué, fumé, esperé y esperé en la ansiedad y la tensión. El momento más extenso era también el más intenso: todo con la urgente necesidad de amarte.  
    Quise tranquilizarme y el tiempo era un infinito abismo de ansiedad. Llegabas tarde y la cajetilla no tardaba en llegar hasta el final, pero el final no figuraba aún, era el comienzo, el seguimiento del comienzo que apenas empezaba a figurar. 
    Quise y lo hice: pensé que no llegaría, que se largaría toda intención con un mensaje de texto, sin un solo beso, sin una jodida oportunidad de mostrarte todo lo que en mí cabía. La ansiedad ha sido siempre prefabricada, consolidada y ejecutada para mi malestar y ésta claramente podría ser la más delicada: el producto del silencio. 
    Quise voltear a ver el mundo y te vi. Era de suponer que encontraría algo hermoso entre todo ese destrozo que se llama vida, sí. Te vi: Llena de maletas y de un gran retraso, en tu boca una paleta y en mi pensamiento un tímido abrazo, era lo que pasaba pero no sólo eso. Pasaba que llegabas, que me saludabas y me encontrabas fuera de lugar, fuera de foco. Intentabas disculparte mientras yo te perdonaba y callaba, a la vez, con un solo beso.   

miércoles, 13 de junio de 2012

Garabato #11 (Suspiros para los días de la vida)

    Aparentemente pasa poca cosa: días de cumplimiento rutinario, huracanes primerizos y charlatanería política de toda la vida. 
    En mi día a día existe una esperanza, una visualización fantasiosa llena de deseo, en donde nos hablamos de frente y hemos alcanzado la más añorada de las recompensas.
    Aparentemente el mundo da vuelta una y otra vez, siendo él mismo, girando y girando para revolver la otredad de la naturaleza humana y su relevancia posmoderna.
    Aparentemente sigo siendo el mismo, con las mismas actitudes y aptitudes, con las mismas canciones y las nuevas aficiones que, al fin de cuentas, pueden ser redundantes; pero algo más sucede, un acontecimiento imperceptible por la indiferencia diaria, un aumento desmedido que se expande peligrosamente. 
    Hay algo en ti que aún no puedo explicar, una reacción o instrucción que parece estrictamente proclamada para ser, yo, el firme receptor y poseedor de dicha incertidumbre.
    Aparentemente el día se disuelve sin haber cumplido su objetivo en mi alcance, pero mi alcance se ha sobrepasado y apresurado a contradecir las palabras antes citadas. No todo es lo que aparenta y lo digo por la reacción, esa reacción que se crea en mi ser hacia el tuyo, la cual colectivamente se denomina amor y que, sorpresivamente, se desborda cuando tú me abordas. 
    Tu amor me obliga a quebrantar todos esos ciclos que respiro, sustituyéndolos por un enorme aire formado por suspiros que nacieron por mi causa.

martes, 12 de junio de 2012

sábado, 9 de junio de 2012

Absurdo

Es cierto que parpadeo tres veces cuando no sé qué decir, en cuanto que, mi mente, enumera listas de frases que se aproximan a mi lengua dispuestas a salir en reacción del momento. Más, sin embargo, mis palabras se hunden entre mi lubricada lengua y se ahogan en lagunas de saliva previamente preparadas. Silencio.

sábado, 2 de junio de 2012

Garabato #10 (Sabernos estando)

    Háblame de tus sueños, de lo que acontece en tu mente cada que te acuerdas del cielo. Dime qué sientes cuando bebes un poco de agua, cuando el silencio es llano, cuando cierras los ojos. He estado sentado y pensativo desde que me desperté, ensamblando esbozos en donde tu mirada encaja y penetra con un feeling de posesión necesario, un requerimiento más que urgente en el que bailamos los dos.
    Cuéntame qué vez en el reflejo de la noche, qué es lo que sucede en tus pensamientos de ducha diaria, qué es lo que deseas más en este momento. Quiero saberlo, quiero saberlo todo, saber de ti, saber explicar y saber razonar tu existencia de principio a fin. Quiero que el momento dure y que no dudes en alargarlo aun más.