jueves, 15 de diciembre de 2011

Llamadas de diciembre

Recibí su llamada cuando el noticiero de Fernández estaba por comenzar, aproximadamente, y, rápidamente percibí un tono de alarma entre las balbuceantes palabras y los lapsos de silencio de su voz, cada vez más cortos. 
   Me daba mucha lastima cada vez que recibía sus llamadas, siempre trataban de lo mismo: Los problemas de salud de la tía Esther, cada vez más graves, y lo mal que iba nuestro equipo de futbol. Todo eso era la comunicación que el lograba —conmigo al menos.
   Cuando hubo terminado de decirme que estaba más aterrado que la última vez, comprendí entonces que tal vez era cierto, no sé cómo llegué a esa conclución, dado que Heriberto siempre fue el más pirado de la familia. Esa última vez que llamó (muy curiosamente a estas mismas horas), me había dicho que había visto de nuevo a la niña que se aparece en las escaleras de la vieja casa de su madre. Obviamente no le creí, como todas las anteriores veces que me había llamado.
  Heriberto jamás me volvió a llamar.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Güip

Cuando me limita todo suelo guardar la soledad y el eterno esperar que es lo único que, a veces, creo hacer bien...

Así empiezan mis lunes

—Chale que mal.

Hoy me llamo "estanque"

    Llueve, no es ninguna novedad pero me gusta recalcarlo, como me gustaba hacerte recordar las paredes que marcabamos los jueves, esas que para cualquier otro individuo podrían ser simplemente el entorno del centro pero que, más bien, eran la prueba de la necesidad de escribir y contar unas cuantas palabras. 
    A veces no se por qué motivo me gusta mencionar tales o cuales vivencias, sé que la mayoría de esas te afectan y a mi también —en cierto modo—, pero es un defecto verdaderamente involuntario, como mis achaques de ansiedad generalizada o como el fuerte olor que dejó en la toalla de baño...
    No creo en la virgen, en las reuniones familiares ni en los señores morenos con dentadura excelsa, esos se hacen pasar por la juventud super en onda de hoy. Lo sé, soy antpático y no lo niego, hasta eso, lo afirmo con un movimiento de cabeza que te encamina a formarte una idea de lo aburrida que será tu estancia conmigo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Cyrus

—Debo dejar de requrrir a ti.
—¿Por qué?
—Me presionas mucho, me tranquilizas pero me estás haciendo mucho daño, Cyrus.
—Tú no puedes vivir sin mi.  
—Lo sé, pero me voy a morir por tu culpa. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Jesus fucking Christ!

Hace tiempo que no me daba un tiempo para escuchar al viejo Lou.
Es extraño como un simple lapso de tiempo puede tomar el nombre de año(s), cómo el rostro parece verse un tanto diferente —en mi caso, más bien es el peinado
— y como las mismas secuencias funcionan de nuevo. 

   Hoy abrí los ojos y diciembre estaba en mi puerta diciéndome buenos días, con su regordeta figura y esa sonrisa implacable de siempre. No hay nada que explicar, no hay nada que extrañar, son sólo los días que como vienen se van y uno siempre sale perdiendo la carrera.
  
   Lou parece ser un buen acompañante desde que lo conocí y aquí estamos, como en los viejos buenos tiempos: tomando cerveza entre bocanadas y canciones que dicen más que la experiencia misma.