domingo, 11 de septiembre de 2011

jueves, 8 de septiembre de 2011

Círculo de manías

-¿Quién eres?
-Soy toda la porquería que se encuentra entre las palabras que puedes observar aquí.
-<< Círculo de manías >> (Silencio).

martes, 6 de septiembre de 2011

Entre espirales de la madrugada

Son las --:-- de la madrugada, eso percibe Anthony tras inspeccionar desde el balcón. "Si ella hubiese visto ese VW juraría que no es mío, lástima que no haya luz mercurial", pensó el esbelto hombre ingles al momento en que dos gatos hacían ruido en los botes de basura del callejón.  La energía eléctrica no ha vuelto en el lugar citado; son ya varias horas desde que la luz decidió descansar, irse por un tiempo de la manzana que circunda el departamento donde ahora nos encontramos visualizando sin ser observados. Él no nos percibe y tampoco se lo vamos hacer notar, tan sólo seremos espectadores de un pequeño lapso de tiempo, un muy recortado momento del que nadie jamás se enterará.

    Anthony o "Tony the ant" (como lo conocen sus amigos más cercanos) se mueve a pasos largos por su pequeño lugar en busca de cigarrillos, mientras se acomoda el elástico de sus calzoncillos, una rutina que no considera rutina, sino, una especie de ritualidad meramente occidental. Sabe que esa será la única noche que habrá visto a esa chica, su rostro preocupado lo dibuja en el viento y sus manos no hacen más que reafirmar esa posibilidad. Uno tras otro vienen pensamientos, pero la respuesta solamente dice que no hay nada verdaderamente trascendental en ella, algo que diga lo contrario. Más sin embargo, trata de recordar esta noche, para lo cual alcanza sus cigarrillos que al fin aparecen, tirados en el suelo turbio del departamento neoyorkino. 

    La chica duerme sin hacer ruido alguno, apenas si la hemos percibido desde que nos escabullimos en este remoto lugar. Su cara se forma bajo las sombras que se aferran a su delicado rostro, un encanto taciturno del que Anthony se degusta entre bocanadas y sonidos citadinos, encanto del que nosotros nos adueñamos un poquito, casi como él y un poco más que la noche. Reparamos en este incomprensible duelo en el que llegamos a parar, sin saber ahora, como salir de las finísimas siluetas de mujer que se apoderan de estos ciento ochenta grados de vista humana, un enfoque que efectuamos desde la pacifica aura de sus pechos hasta el suceso de sus tiernos pies. Una vista que complace a Anthony más que el sexo mismo que han tenido, antes de que ella pidiera clemencia y espacio para dormir. 

    La sonrisa del rostro alargado de nuestro amigo lo dice todo, pero no es fácil interpretar, ¿cómo asimilar esos labios retraídos hacia la izquierda sin abandonar su real significado? El significado real. "No quiero saber tu nombre", piensa mientas mira fijamente a la susodicha y se pasa el dedo indice por el mentón, olvidando totalmente la falta de electricidad que ocupa el lugar.

    Observa, detenidamente la analiza y reflexiona sobre ella, un momento perspicaz sólo para esa mujer que ahora ocupa la cama, la neoyorkina más accesible desde que él piso este terreno tan aclamado por el mundo. No para de pensar, gesticula sin cesar, como si la mezcla del sereno y la nicotina incrementaran las ideas de tristeza que han hecho irremediable el regreso a Inglaterra. Imágenes borrosas de sus tropiezos en América, una y otra vez las puertas cerradas que jamás lo abandonarán a dónde quiera que vaya. No se da cuenta que su mano lleva posada en su cabeza un minuto y el cigarrillo está cada vez más cerca de quemar sus dedos. Está inmóvil y perdido en ese revoltijo de memorias e imágenes divinas que obtiene de la escena que tiene enfrente.
  
    El viento entra y sale de la recámara como amplio dueño que es de este espacio. Coches a lo lejos y los gatos persisten en cuanto el cigarrillo llega a su fin en el cabello de aquel hombre, perdido entre espirales de la madrugada.




500 mg

Soy la dosis que necesitabas.
La única tableta que puede controlar tu organismo
de pies a cabeza sin ser recomendada.
Soy la píldora que no ves en el mostrador.
La única pastilla que puede curarte esos malos amores,
tus profundos dolores.

Me sentirás al instante,
mejorarás tan constante que todo ese dolor
que te invade se esfumará.
Y me retendrás:
en tu sangre me tendrás,
en tus fluidos me ocuparé y sentirás
cómo me engendro en toda tu piel.

Soy la dosis letal.
Soy tu droga ilegal.
Soy quinientos miligramos
que tu existencia mejorará.

No soy la funcional píldora del día después,
soy la de anteayer y mañana otra vez.
Soy mejor que el prozac y los narcóticos de fin de mes.

Forjador de sonrisas delirantes y miradas perdidas.
Soy mejor que los alucinantes y la marihuana sin medida.
Tu viaje ácido de éxtasis esotérico.
Soy la pérdida del pudor sin dejarte esquizofrénico.

La simple tableta que estabas esperando.
Soy yo la dosis que te mantendrá soñando.

jueves, 1 de septiembre de 2011

En la terraza

Y ahí estoy una vez más en la terraza, inhalando aire, nicotina y luego aire otra vez, pensando en ti como en todos los días, con mi playera verde que sólo uso cuando no salgo de casa y con el cabello triste, casi liso. Dejo que el viento me acaricie y recalque tus caricias que aún se sienten en la piel, como trayectos cortos que saben a chocolate con leche y se contrastan con el sabor del cigarrillo, que aún vive en mi paladar. 

Y ahí estoy una vez más en la esperanza, exhalando suspiros, bocanadas y luego los giros que se vienen después de los gritos de desespero que brotan desde mi estomago. Con mi playera verde que siempre uso al revés y el cabello inmóvil y triste, casi liso. Dejo que el viento baile y me recuerde tu risa, que aún persiste en la pista, la cual reproduzco una y otra vez, con esa degustación a jueves que se mezcla con el sabor de tus besos, que aún vive en mi necesidad.

(jueves)

En mi jardín

Hoy no hubo escuela ni trayectos con lectura persuasiva, mucho menos música adhesiva que se reproduce en el instante de levantarse de la cama. Hoy hubo descanso hasta las diez de la mañana y paseos en el parque de mis sueños, donde tengo un jardín lleno de tus risas y sonrisas veraniegas. Estoy ahí cuando necesitan ser regadas y recordadas. Ellas me susurran al oído pidiendo ser amadas y tratadas igual o mejor, que cuando fueron plantadas. Me quedé a soñar.

(jueves)