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martes, 27 de septiembre de 2011

También la vi (II)


      –No usaba las medias negras ni el bolso entre los senos…  es una estupidez –dijo con voz grave y después terminó su café a sorbo largo–. Pero a lo que voy es que, después de tantos años se presentó ante mis ojos y recordé todo eso que habíamos hecho y el montón de chicas parecidas con las que salimos. Hasta recuerdo que había jurado que si llegaba al matrimonio, tenía que ser con una chica que cumpliera los estándares de la lista… y Carla ni siquiera se acerca un poquito.      

miércoles, 31 de agosto de 2011

También la vi


      –Necesito describírtela, Julio, era tan perfecta, en su modo, era tan hermosa y sensual, era como si la chica perfecta que creamos en listas de papel en la secundaria hubiese, al fin, decidido formarse de carne y hueso y ponerse enfrente de mí, como esperando que fuese por ella –me explicaba Sergio con un rostro tan vivaz que daba la impresión de haber rejuvenecido unos quince años–. A la mañana siguiente del sueño, busqué entre carpetas de bocetos y de más mierda y encontré varias listas, ésta es la mejor.
       Me tendió un papel arrugado por sobre la mesa, no lo tomé a reacción sino más bien, me paralicé contemplando el arrugado documento, sintiendo una especie de brisa extraña de verano playero. Después la tomé. Estaba escrita con tinta roja y con la excelsa caligrafía de Sergio: Castaña, piel pálida, ojos miel, alta, cuerpo de diosa griega, vestida a combinación de colores negro-rojo-blanco, botines negros, un bolso negro que atraviesa su tronco recalcando la frondosidad de sus senos y unas medias negras en las que sus nalgas yacen simplemente, perfectas. Parecía una lista hecha por verdaderos pubertos urgidos de sexo pero en realidad iba más allá de eso y lo recordaba, recordaba como en la búsqueda de esos estándares Sergio y yo habíamos buscado a esa chica y fallado siempre en el intento, al final jamás serían como la chica que vivía en nuestras ingenuas mentes.

(fragmento)